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Carolina creció en una escuela rural de Titiribí, rodeada de montañas que parecían encerrar el mundo. Pero un día, un libro llegó a sus manos enviado por la fundación Secretos para Contar, y de inmediato entendió que la geografía no era un límite: las historias podían atravesar cualquier camino, incluso aquellos que parecían imposibles de recorrer.

Desde niña, soñó con ser maestra. Como en su casa los libros eran pocos, se convirtió en una buscadora de historias. Con la ayuda de una organización comunitaria, empezó a recolectar ejemplares y a compartirlos con otros niños. Fue así como construyó su propia biblioteca comunitaria sin paredes, una que se movía con ella, en su mochila, de vereda en vereda.

Aquel encuentro con la lectura marcó su destino. Estudió Psicología Social y, al terminar la universidad, Secretos para Contar le abrió las puertas para que siguiera haciendo lo que ya hacía desde niña: llevar libros donde parecían no llegar nunca.

Desde entonces, como «secretera» ha recorrido Antioquia cuatro veces, cruzando ríos, trochas y carreteras interminables para dejar en cada escuela rural un pedazo de mundo en forma de papel. Ha visto cómo los ojos de niños y niñas se agrandan cuando descubren que existen lugares como Rusia, China e Israel a través del libro de los viajes del Viejo Jacobo. Ha escuchado la risa de quienes encuentran en los libros no solo historias, sino espejos donde verse reflejados.

«No se trata de una labor fácil, tener la casa al hombro todo el tiempo y vivir de viaje permanentemente plantea sus retos, para uno y para la familia, pero, para mí no hay mayor regalo que ver a un niño abrir un libro y darse cuenta de que el mundo es más grande de lo que imaginaba».

La literatura es más que entretenimiento. Es una herramienta para imaginar posibilidades, para ampliar los sueños, para desafiar los límites. Es un mapa que guía a los niños y niñas hacia futuros que antes no se atrevían a considerar.

Carolina lo ha visto en cada lugar al que llega. En una vereda del Urabá antioqueño, un niño le confesó que nunca había visto el mar, pero que lo conocía gracias a un cuento. En Remedios, una maestra le contó que su escuela no tenía ventanas, pero sí una biblioteca, y que por ella entraba toda la luz que necesitaban. En Vigía del Fuerte, un anciano indígena le explicó que los libros, al igual que los ríos, tienen memoria y llevan historias de un lugar a otro.

A Carolina le piden libros de plantas medicinales porque las usan todos los días, cuentos de animales del monte porque los ven en el camino a la escuela, historias de viajes porque quieren saber qué hay más allá de la montaña.

El recorrido no ha sido fácil. La distancia, el clima, la incertidumbre de no saber qué pasará en cada viaje son desafíos constantes. Pero Carolina sigue, once años después, porque sabe que en cada rincón donde deja un libro, deja también una posibilidad. Secretos para contar no solo entrega libros. Entrega sueños. Y en cada página, una puerta se abre.

¿Qué libro te ha abierto una puerta a un mundo que antes no imaginabas?

La Fundación Secretos para contar lleva 20 años recorriendo Antioquia. Es una fundación que crea experiencias educativas y culturales desde la alegría, el respeto y el conocimiento para generar bienestar a las personas que habitan la ruralidad. Han llegado a 4200 instituciones educativas entregando 9 millones de libros durante este lapso a más de 195 mil familias.

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