Angie
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Al terminar el colegio, Angie Gutiérrez Sánchez creyó que el siguiente paso sería la universidad. No pudo ser. Las dificultades económicas la obligaron a buscar empleo para aportar en casa y empezar a abrirse camino por otra vía. Pero cada búsqueda la enfrentaba al mismo muro: las vacantes pedían experiencia y ella todavía no sabía cómo nombrar lo que podía ofrecer.

Angie quería estudiar Ingeniería Ambiental y trabajar algún día por el cuidado del planeta. Como continuar de inmediato en la universidad no era posible, decidió concentrarse en encontrar empleo y reunir las condiciones para volver más adelante.

Era su primer paso fuera del colegio y también la entrada a un mundo que desconocía. Trabajar no representaba solamente recibir un salario: era la posibilidad de asumir nuevas responsabilidades, aportar en su casa y evitar que sus planes de estudio quedaran suspendidos indefinidamente.

La búsqueda empezó a frustrarla. Necesitaba aportar ingresos a su hogar, pero para trabajar le exigían experiencia y, para obtenerla, primero debía recibir una oportunidad.

«Lo más difícil ha sido encontrar vacantes dirigidas a personas sin experiencia o que reconozcan otros aprendizajes, incluso los informales», cuenta.

Angie enviaba hojas de vida y asistía a entrevistas, pero antes de cada una pensaba más en lo que le faltaba que en lo que podía ofrecer. Una pregunta la dejó sin saber qué responder:

—¿Con qué palabra te definirías?

No era que no tuviera capacidades. Todavía no sabía reconocerlas, ordenarlas ni convertirlas en una respuesta frente a un posible empleador. Había terminado el colegio, aprendido por su cuenta y sostenido responsabilidades cotidianas, pero no entendía cómo relacionar esas experiencias con una vacante.

Fue su hermana quien le habló del Servicio de Empleo Comfama. Angie se inscribió y asistió a la primera mentoría con nervios. Incluso conectarse le producía ansiedad. Aun así, se quedó.

Durante seis meses llevó sus dudas, ensayó respuestas, revisó la manera en que hablaba de sí misma y continuó enviando hojas de vida, revisando ofertas y enfrentando entrevistas.

Empezó a anticipar preguntas difíciles, preparar lo que quería decir y construir un listado de habilidades según cada empleo. También aprendió que la experiencia no comienza únicamente con un contrato: se forma al estudiar, resolver problemas, aprender por cuenta propia y asumir responsabilidades.

Todavía no ha conseguido el primer empleo que busca, pero ya no llega a las entrevistas pensando solamente en lo que le falta. Ahora identifica capacidades que antes pasaba por alto y sabe cómo relacionarlas con las necesidades de cada cargo.

¿Cómo compartes aquello que sabes hacer?

79.986 personas recibieron formaciones de empleo en Comfama durante 2025.

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