¿Cómo cuidar la democracia?
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«En la era de la fractura y el aislamiento, muchos encontraron en la participación identidad, amistad y significado». Jon Grinspan, en The age of acrimony.

«Eres una señora chismosa», le dije a mi mamá, en una de las expresiones que más lamento haber tenido con ella —y con cualquiera— en los últimos años. La cosa sucedió más o menos de la siguiente manera. Estábamos en plena vacunación del COVID-19.

Comfama había desplegado todas sus capacidades y esfuerzos, con la Gobernación de Antioquia, las EPS, el Gobierno nacional y los empresarios. Abrimos varios centros de vacunación y montamos un inmenso operativo logístico. Pero un día, en algún rincón de las impredecibles redes sociales, surgió una noticia falsa según la cual, en Comfama, en una de nuestras sedes, las enfermeras se estaban robando las vacunas. Y, como dice una amiga caleña: «Los chismes que se riegan no son los ciertos, son los buenos». Por ‘bueno’ entiéndase llamativo… Mucha gente comenzó a compartir esa noticia, falsa e injusta, con los profesionales de la salud que se pusieron al frente de la pandemia. Mi mamá me lo mandó una tarde en la que estaba cansado, mucho. Le respondí horrible.

Que cómo se le ocurría, que dejara de regar chismes, que ella nos conocía, que había cientos de enfermeras y otros profesionales trabajando como locos y arriesgando su vida para que ella ayudara con esa causa de dañarles la reputación y afectar su dignidad… ¡Qué no le dije! Recuerdo ese momento y lo lamento. Tener razón no exime de cuidar el vínculo. Cuidar el vínculo no impide el apego a la verdad.

Me tocó pedir disculpas por mis formas, por esa reacción. Ningún cansancio es atenuante; se quedó muy seria conmigo varias semanas y al final me perdonó. La mamá es la mamá… ¡afortunadamente! Sin embargo, todavía me pregunto cómo debería haber respondido.

Tiene que ser posible defender la verdad y nuestras convicciones y, al mismo tiempo, cuidar las relaciones con los demás. Ese es uno de los temas de esta edición de la Revista Comfama. ¿Cómo hacemos para participar en política sin convertir la competencia en una batalla? Cerca de las elecciones presidenciales, una institución social, educativa y cultural como una caja de compensación no podía esquivar un momento tan crucial para nuestra sociedad y nuestra democracia. Por supuesto, el dilema que teníamos al sentarnos a planear esta publicación era cómo, en qué tono y con qué posturas debíamos aportar a la conversación y el debate, manteniéndonos, como siempre, neutrales en lo partidista.

Elegimos, por ello, confeccionar una revista sobre cultura democrática, un tema en el que hemos insistido por años pensando en las próximas décadas de las instituciones colombianas, aspirando a desencadenar, en aulas, mesas del comedor y salas de reuniones, conversaciones más allá de la coyuntura electoral. Aspiramos a promover diálogos que ayuden a consolidar en Antioquia una cultura cada vez más sólida, con más pensamiento crítico, sano debate y, sobre todo, en medio del más profundo respeto, sin violencia de ninguna naturaleza.

La democracia necesita, aunque hoy muchos no lo practiquen, de unos modales, de una especie de código de ética y de comportamiento. Si las formas se pierden, el debate se deteriora, la fiesta democrática deja de serlo y se vuelve un campo de batalla. Si los líderes gritan e insultan, ¿a qué podrían llegar sus seguidores? En el largo plazo, todos perdemos. El ‘mercado de las ideas’ necesita de unas formas, de autocontrol emocional y de un ejercicio cotidiano de la civilidad. Todo aquello que no tuve para discutir con mi mamá en plena cuarentena. Necesitamos aprender buenos modales democráticos.

¿Se imaginan volver a la idea de que las elecciones son una fiesta, una oportunidad de encontrarnos y trabajar como voluntarios con quienes comparten nuestras ideas y aspiraciones? Pensemos en motivar el debate —sin cancelación— en hogares y oficinas, en grupos de amigos y familias. Soñemos con un proceso electoral donde, por supuesto, habrá ganadores y perdedores, pero no necesariamente vencedores y vencidos. Miremos bien las propuestas, valoremos a los políticos que cumplen sus promesas, a las personas que construyen cívicamente desde su empresa, su colegio, su club de lectura o su barrio, como lo cuentan las historias de esta edición.

Es urgente que nos sentemos a conversar sobre cómo lidiar con los ingenieros del caos, con las noticias falsas, con los ataques en redes y con la destrucción reputacional de quien piensa diferente a nosotros. Podemos preferir un candidato o candidata sin que el otro tenga que ser acusado de asesino o de ladrón. El imperio de la ley implica que los individuos no podemos pretender hacer justicia por mano propia ni en la calle ni en las redes.

Pero lo más importante es que no rompamos, de cuenta de la política, los vínculos entre nosotros. Una amistad, una familia, una buena relación laboral son más importantes que cualquier discusión electoral. Es cierto que en Colombia y el mundo, las personas se están refugiando en sus esquinas ideológicas. Según la octava ola de la Encuesta Mundial de Valores, los colombianos tenemos problemas para conversar, relacionarnos y trabajar con personas que no comparten nuestra religión, postura ideológica o mirada del mundo. ¿Pero tiene que ser así? ¿Qué efectos puede tener esto en el mediano y largo plazo para una sociedad como la nuestra, con los antecedentes de violencia que tanto hemos querido sanar? En Comfama hemos aprendido con los años que cuidar del vínculo y las formas es, también, una forma de humildad y que, como decía el ingeniero Juan Felipe Gaviria: «Un problema puede tener varias soluciones».

Para eso tomamos el riesgo de escribir esta revista. Buscamos dar ideas, motivar dinámicas de conversación que fortalezcan nuestra capacidad para tejer sociedad y para afrontar la discusión democrática y —en general todas las discusiones— con entusiasmo y buenas razones, pero sin ira ni violencia. La tarea de coser los desgarres de nuestro tejido social no termina en mayo ni junio.

Tomará años, quizás décadas, pero en Comfama proponemos comenzar en medio de esta difícil coyuntura. Invitamos a las familias afiliadas, a empresarios y demás líderes institucionales a reflexionar y a refrenar nuestros instintos polarizantes. Tomen esta revista y llamen a sus cercanos, convoquen un encuentro en el barrio, en la empresa, en la casa. Con modales democráticos, respeto por las formas, aceptación de la diversidad del pensamiento y el cultivo de los valores humanistas, podremos salvar, y quizás fortalecer, nuestra querida democracia. Yo, por mi parte, procedo a llamar a mi mamá, tengo un asuntico pendiente con ella...

Tener razón no exime de cuidar el vínculo.

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La Revista Comfama es un medio de comunicación educativo, de circulación gratuita, que tiene como objetivo generar conversaciones sanas y constructivas que transmitan valores positivos a través del poder del ejemplo y las historias.