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David Zuluaga Martínez, filósofo y creador del podcast Urbi et Orbi nos compartió sus miradas sobre el placer y el ocio desde la filosofía; si se oponen a la productividad y cómo se aprenden.

¿Qué es el placer?, ¿en qué se diferencia del ocio?, ¿son lo mismo?

El ocio y el placer no son lo mismo. Podemos tener placer sin estar en ocio, y también estar en ocio sin sentir placer. El ocio es hacer algo que vale por sí mismo, no solo por lo que nos da. El placer es una sensación que experimentamos al hacer al - go. Por ejemplo, he leído libros valiosos en mi tiempo de ocio, pero no siempre fue placentera su lectura.

¿El placer es un derecho o un privilegio?

Podemos hablar del ocio como un derecho o un privilegio, pero no del placer. El placer es algo interno, que sentimos o no, y no se le puede exigir a nadie. Por ejemplo, si alguien no puede sentir placer por un problema de salud, es lamentable, pero no es culpa de nadie. En cambio, el ocio sí depende de tener tiempo libre, y eso se puede reclamar como un derecho; mientras pocos tengamos la oportunidad de disfrutarlo, seguirá siendo un privilegio.

¿Qué papel juega la culpa en nuestra relación con el placer?, ¿es posible un placer sin culpa en nuestra cultura?

Es importante diferenciar entre sentir culpa en general y las razones específicas por las que creemos que deberíamos sentirnos culpables o no. En su idea general, la culpa me parece a la vez inofensiva e inevitable: pretender erradicarla equivaldría a silenciar por completo nuestro sentido moral, nuestro compás ético. Si uno cree que hay cosas que están mal, hay un lugar legítimo en nuestro pensamiento para la autorecriminación. Otra cosa muy distinta es respecto de qué conductas debe uno sentir culpa: eso depende de cuál visión moral se adopte.

¿Crees que el placer y el ocio son sólo una pausa frente a la productividad, o podrían ser su motor oculto?

El placer no va en contra del trabajo. El ocio sí es distinto, porque no se hace para lograr algo, sino por el gusto de hacerlo. A veces del ocio salen cosas valiosas, como una pintura, pero su valor está en la experiencia, no en el resultado. El ocio es una pausa del trabajo. Y aunque puede ayudarnos a ser más productivos después —porque mejora el ánimo y la energía—, deja de ser ocio si lo hacemos solo con esa intención.

¿El ocio se puede aprender?, ¿cómo se aprendería?

¡Claro que se aprende! para Aristóteles, la educa - ción ética de una persona consiste casi por completo en aprender el arte del placer, es decir, aprender a sentir placer con las conductas virtuosas y dolor con las viciosas. La crianza primero y la forja del carácter propio después son escuelas del placer, como lo son también del ocio. Sócrates decía que la filosofía consiste en aprender a morir; yo añadiría la muy contemporánea glosa de que también nos enseña a saborear la jubilación.

¿Cómo incluyes el placer y el ocio en tu cotidianidad?

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