La pérdida de un ser querido significa reorganizar la vida. Aparecen gastos,decisiones y responsabilidades que antes eran compartidas. La experiencia de una amiga llevó a María Antonia Álvarez a entender que un seguro de vida puede ofrecer margen para reorganizarse cuando una pérdida cambia la vida.
Como amiga, María Antonia fue testigo de cómo una decisión tomada años atrás ayudó a Diana en uno de los momentos más difíciles de su vida. Cuando Sebastián solicitó un crédito en Comfama, decidió incluir un Seguro de Vida que le fue ofrecido durante el proceso. Ese seguro estaba pensado para proteger a la persona beneficiaria en caso de fallecimiento. Cuando él murió, Diana recibió ese respaldo.
Antes de recibirlo, Diana compartía con Sebastián buena parte de los gastos del hogar. También tenía preocupaciones que parecían pequeñas frente a la pérdida, pero que ocupa - ban un lugar importante en su proceso.
Para Diana era importante arreglar la tumba, llevarle flores y convertir ese lugar en un espacio digno para recordarlo. Sin embargo, sabía que ahora debía reorganizar sus gastos y que esas necesidades podían quedar en segundo plano.
La activación del seguro le dio margen para asumir gastos que antes compartían, acceder a terapia psicológica y conservar algunos de los rituales que la ayudaban a atravesar la ausencia, como cuidar la tumba de Sebastián y llevarle flores. Entonces María Antonia entendió algo que nunca había pensado de esa manera: un seguro no se trata solamente de dinero. También puede ofrecer respaldo cuando la vida se desordena. «Yo digo que el duelo es tan difícil de entender porque parece que a uno se le para el tiempo. Sin embargo, la vida te obliga a seguir», reflexiona.
Ver lo que vivió Diana la llevó a hacerse una pregunta que no se había hecho: ¿qué pasaría con las personas que ama si ella faltara? Lo entendió una tarde que la acompañó a com - prar algunos elementos para arreglar la tumba de Sebastián. Habían descartado unas lámpa - ras porque se salían del presupuesto. Minutos después llegó la consignación del Seguro de Vida y Diana con lágrimas en los ojos le dijo: «entonces sí podemos comprarlas». En ese instante Maria Antonia pensó en sus padres, en su esposo y en su sobrina.
Pensó en las cuentas que seguirían llegando, en los gastos inesperados que aparecen después de una muerte y en la importancia de que sus seres queridos tuvieran algún margen para sentir antes de tener que resolverlo todo. «Quiero que, si algún día me pasa algo, ellos tengan un respaldo para reorganizarse emocional y económicamente. Que puedan hacerse cargo de un gasto, pagar una terapia o simplemente darse el tiempo para vivir el duelo sin que la vida los obligue a seguir corriendo porque las cuentas no paran».
Por eso decidió adquirir su propio seguro de vida. No por miedo a la muerte, sino por la posibilidad de dejar una protección prevista para quienes ama.
Pensar en quienes se quedan
¿Qué quisieras dejar previsto para quienes amas?
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