Los conflictos familiares no siempre empiezan con grandes discusiones. A veces aparecen en una palabra que incomoda, en una conversación que no se terminó o en algo que se fue guardando y que, con el tiempo, puede crecer y generar distancia. ¿Cómo manejarlos sin que se termine afectando el vínculo?
El conflicto hace parte de las relaciones humanas y es una parte inevitable de la vida cotidiana. Donde hay contacto con otros está siempre abierta la posibilidad de que se presente, sea entre amigos, compañeros de estudio o de trabajo, vecinos o familiares. Ni siquiera las familias más unidas están exentas de conflictos, que pueden comenzar desde algo tan pequeño como una palabra que incomoda o una conversación mal entendida, o tan profundo como expectativas que no se cumplen o diferencias ideológicas.
Solemos pensar que el conflicto es un problema que debe ser evitado, cuando en realidad puede ser de utilidad para la relación, al señalar que hay algún aspecto que necesita ser comunicado.
La presencia del conflicto no es en sí misma un problema. Podemos verlo como una oportunidad de comprender al otro y buscar un puente que nos ayude a acercarnos en medio de las diferencias. Pero cuando en lugar de buscar soluciones evitamos el tema, pueden acumularse las tensiones y acercarnos a un punto de ruptura.
No todo conflicto es una ruptura
Un conflicto puede ser un desacuerdo, una tensión puntual dentro de la relación, mientras que la ruptura implica un quiebre del vínculo entre las partes.
No toda discusión lleva a una ruptura, pero muchas rupturas vienen de conflictos que no se pudieron elaborar. Por eso es importante tomar acciones para evitar que la situación escale y termine afectando la relación.
¿Qué puede originar los problemas?
Muchas veces, los conflictos no empiezan solo por lo que pasó, sino por la forma en que se comunica.
Pueden aparecer cuando lo que se dice no es claro o se expresa a medias, cuando la conversación se vuelve agresiva o cargada de reproches, o cuando se evita hablar para no incomodar. En algunos casos, incluso, el silencio se usa como una forma de castigo.
También influyen dinámicas que se repiten en el tiempo, como involucrar a un tercero en un conflicto entre dos personas, asumir roles rígidos dentro de la familia o no tener límites claros frente a lo que cada uno espera y necesita.
¿Cómo resolver los conflictos en familia?
Para Jhonny Echavarría, Responsable de salud mental en Comfama, una de las claves más importantes para la resolución de conflictos es la comunicación abierta y clara. Aunque puede parecer evidente, no siempre es fácil y suele requerir práctica.
A partir de su experiencia, estas son algunas recomendaciones que pueden ayudar a tener mejores conversaciones en familia:
La actitud es importante. Tener una disposición abierta, en la que no se busca “ganar” la discusión, permite que la conversación avance.
Desarmarse para conversar. Bajar las barreras y dejar a un lado el miedo a la culpa o a los comentarios del otro abre espacio para un diálogo más honesto.
Tener reglas claras. Antes de empezar, puede ser útil acordar qué esperan de la conversación y qué comportamientos son aceptables. Hacer pausas para recobrar la calma también es válido.
Identificar el conflicto. Cada persona puede expresar su punto de vista. Una forma de hacerlo es hablar desde lo que siente, en lugar de señalar al otro.
Construir acuerdos. Evitar imponer una sola visión y buscar soluciones en las que todas las partes participen.
Implementar lo acordado. Los acuerdos requieren tiempo y constancia. Es normal que al inicio cueste, pero sostener el compromiso es parte del proceso.
Resolver un conflicto no siempre significa que todo vuelva a ser como antes. En muchos casos, implica aprender a relacionarse de una manera distinta, con más claridad y comprensión. A veces, reparar un vínculo no es resolverlo todo, sino abrir la posibilidad de empezar distinto.
La presencia del conflicto no es en sí misma un problema.
Podemos verlo como una oportunidad de comprender al otro y buscar un puente que nos ayude a acercarnos en medio de las diferencias.
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