Un juez de paz en el recreo
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Tomás tiene 9 años y en el recreo intenta escuchar dos versiones, bajar el tono y evitar que una pelea empeore. Como juez de paz, ha aprendido que convivir no es estar siempre de acuerdo, sino saber qué hacer cuando aparece el conflicto.

Dos compañeros discutían en el recreo mientras los demás seguían jugando alrededor. Uno hablaba mal del papá del otro. El segundo, que lo conocía, le advirtió que le iba a contar lo que estaba diciendo. La discusión subió de tono en segundos: de las palabras pasaron al empujón y luego vino el golpe, un puño que cortó el ambiente del juego. Tomás se acercó e intentó parar la pelea. Les pidió que se calmaran, pero no logró detenerlo todo. Después del golpe, ambos estudiantes terminaron en coordinación y el caso siguió con la participación de sus padres. Tomás estuvo ahí como testigo.

A veces una pelea en el recreo no empieza en el recreo: puede venir impulsada por la casa, las pantallas y las formas en que los adultos tramitan, o no, sus diferencias.

Tomás Zapata Escobar tiene nueve años, aunque aclara que ya casi cumple diez, y fue elegido por su salón. No era la primera vez que lo intentaba: cuando tenía ocho años se lanzó, pero no ganó. Esta vez volvió a hacerlo con un objetivo claro: mejorar la convivencia, porque en su salón los conflictos aparecen con frecuencia por palabras impulsivas o reacciones sin control.

Ganó las elecciones con 15 votos y celebró sin burlarse de su contrincante: le dio la mano y reconoció su esfuerzo. Ese gesto, pequeño en apariencia, también dice algo sobre cómo entiende su papel: no se trata solo de ganar, sino de saber qué hacer con el resultado.

Creó una caja de palabras amables donde los estudiantes escriben mensajes de gratitud y reconocimiento. También propuso un semáforo de las emociones para expresar cómo se sienten y juegos de mesa para fortalecer el trabajo en equipo.

No todo ha sido fácil. La caja de palabras amables fue dañada y tuvo que retirarse. Tomás se la llevó a la casa, la reparó con ayuda de su mamá y la devolvió al salón con una condición: que entre todos la cuidaran. Primero sintió frustración; luego, alegría al ver que la caja volvía a funcionar.

Tomás no siempre logra resolver los conflictos, pero sí intenta que no crezcan más. En ese intento aparecen gestos simples: acercarse, escuchar, pedir que bajen el tono, tratar de que la pelea no siga.

A veces la discusión se enfría; otras ve - ces hace falta que entren los adultos. Pero incluso en esas escenas, entre palabras, silencios y reacciones, se va aprendiendo algo sobre la convivencia y sobre la democracia: no se trata de evitar el conflicto, sino de atravesarlo sin romperlo todo.

¿Qué necesita una comunidad para

tramitar sus conflictos sin gritar, excluir o golpear?

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juez de pazconvivencia escolarresolución de conflictos democracia infantileducación

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