Albert Lladó, escritor español, y Mateo Jaramillo Amaya, psicólogo y docente de Eafit, conversaron con la filósofa Paloma Marín Escobar sobre las tensiones entre trabajo, sentido, identidad y tiempo.
¿Qué estamos entendiendo por trabajo, es aquello a lo que dedicamos un esfuerzo, o lo que la sociedad ha legitimado como trabajo y nos ha dicho que es; una suerte de remuneración, consecuencia de orden económico o de estatus social?
Mateo:
La palabra trabajo suele estar asociada al empleo y la remuneración, lo que deja por fuera muchas actividades que también implican esfuerzo y transformación. La crianza, por ejemplo, es un trabajo exigente, aunque no sea remunerado. Incluso Freud hablaba del «trabajo del sueño» como un proceso de elaboración. Por eso, el trabajo puede entenderse de manera más amplia como la acción de transformar o elaborar algo, ya sea material o inmaterial. Trabajar la tierra, crear una obra o elaborar pensamientos son expresiones de ese proceso en el que una acción produce una transformación.
Albert:
El trabajo mantiene una relación paradójica con la libertad y el sentido: puede ser alienante, agotador y carente de propósito, pero también puede dar significado a la vida. Esta ambivalencia se refleja en cómo construimos nuestra identidad alrededor de lo que hacemos y en la falsa idea de que la vocación o el talento dejan de ser trabajo cuando no son remunerados. La jubilación o el despido evidencian esa ruptura entre identidad y empleo.
Si nos dedicamos a lo que amamos, ¿realmente dejamos de trabajar o también puede existir allí una forma de alienación o de esclavitud?¿qué ocurre con esa zona gris en la que el trabajo, la vida y aquello que amamos se mezclan?
Mateo:
No necesariamente convertir una pasión en trabajo conduce a la alienación. Esta aparece más bien por ciertas condiciones externas que pueden afectar la experiencia laboral. El trabajo también puede ser una fuente profunda de sentido y plenitud, especialmente cuando genera «resonancia»: un encuentro significativo con el mundo que nos transforma y nos involucra. Trabajar implica relacionarse de manera intensa con un material que deja de ser paisaje y se convierte en interlocutor. Por eso, dedicarse a lo que se ama no tendría por qué ser alienante si se conserva ese vínculo vivo. La pregunta estaría en identificar qué condiciones hacen que el trabajo pierda esa resonancia.
Albert
La relación entre vida y trabajo está atravesada por tres preguntas: deseo, sentido y tiempo. El capitalismo pasó de una ausencia de deseo, propia del trabajo industrial, a su hiperestimulación, que puede producir autoexplotación. Al mismo tiempo, persiste el problema del sentido: la especialización puede hacer que las personas pierdan la visión de totalidad de lo que hacen. Por eso, el trabajo puede convertirse en una forma de opresión cuando reduce a alguien a una función o identidad única. Frente a esto, la propuesta es construir una identidad plural, capaz de integrar diferentes dimensiones de la vida sin permitir que la profesión la canibalice. Una vida plena requiere preservar esa diversidad y evitar que el trabajo defina por completo quiénes somos.
¿Qué pensamos sobre la forma en que organizamos nuestra vida alrededor del tiempo? A veces creemos que el tiempo de trabajo está en una orilla y el tiempo de vida en otra, como si fueran espacios separados. ¿Qué implica, entonces, pensar el tiempo de trabajo como tiempo de vida?
Mateo:
David Graeber plantea que, en el capitalismo tardío, algunos de los trabajos más inútiles son paradójicamente los mejor remunerados, mientras labores socialmente esenciales reciben menor reconocimiento económico. También destaca que la alienación puede surgir cuando se exige que el deseo esté siempre disponible. En el trabajo creativo, por ejemplo, la energía y la inspiración no pueden activarse a voluntad. Cuando las condiciones externas obligan a producir en tiempos ajenos al propio ritmo, aquello que antes generaba sentido y placer puede convertirse en una experiencia alienante.
Albert:
La reflexión propone superar la idea de que el tiempo de trabajo y el tiempo de vida son opuestos. Retoma la concepción griega de tres temporalidades: el cronos, lineal, medible y asociado al trabajo asalariado; el aión, circular, relacionado con el ritual, el juego, la repetición y el deseo; y el kairós, un tiempo fugaz y oportuno que aparece cuando existen las condiciones para crear, pensar o experimentar. El problema actual es que organizamos la vida principalmente desde el cronos, dejando de valorar otras formas de vivir el tiempo. Por eso, más que preguntar cuándo trabajamos y cuándo vivimos, propone preguntarnos qué tipo de tiempo estamos habitando en cada momento.
¿Cómo pones límites entre el trabajo y tu tiempo libre?
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