Imagen Una carta al futuro
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Desde su experiencia como educadora y comunicadora social, Carolina Campuzano escribe una carta sobre el cansancio, la resistencia y el valor del pensamiento crítico frente a la IA. Esta perspectiva hace parte de las conversaciones en el marco del Festival de Filosofía Envigado 2026 sobre el trabajo.

Querido futuro

Acabo de colgar el teléfono, mejor dicho, acabo de terminar una conversación, de esas que despiertan preguntas y no dejan certezas, que te dejan incómodo y que te movilizan a seguir la búsqueda y, aunque sucedió con un amigo, es también la que aspiro que suceda con mis estudiantes, ¿será que cuando leas esto seguiré siendo profe? O más bien, ¿será que ese oficio seguirá teniendo lugar? Querido futuro Acabo de colgar el teléfono, mejor dicho, acabo de terminar una conversación, de esas que despiertan preguntas y no dejan certezas, que te dejan incómodo y que te movilizan a seguir la búsqueda y, aunque sucedió con un amigo, es también la que aspiro que suceda con mis estudiantes, ¿será que cuando leas esto seguiré siendo profe? O más bien, ¿será que ese oficio seguirá teniendo lugar?

Hay habilidades que seguro reemplazarán las máquinas, como lo han hecho siempre. Cada invento ha optimizado labores, a pesar de que, paradójicamente, no nos ha deja - do más tiempo libre pues el volumen de las tareas aumenta y nosotros, como humanos, debemos ir más rápido, ni siquiera por el deseo genuino de llegar más lejos, sino por el miedo de quedarnos atrás. ¡Qué cansancio!

Cuando me leas, pensarás en lo mucho que se ha resignifica - do el trabajo a lo largo de los años, ¿será que ya habremos logrado desarraigarlo de nuestra identidad?, ¿que no tenga tanto peso? En aquella conversación, me cuestionaba cómo, frente a la pregunta “¿quiénes somos?”, la respuesta suele estar precedida por nuestra labor, por aquello que hacemos. Y cuesta imaginar que sea distinto, porque gran parte de lo que somos se define a partir de aquello en lo que más tiempo invertimos. Y, desde este presente efímero que te escribo, te aseguro que lo que más nos ocupa es el trabajo. Incluso en nuestros pensamientos antes de ir a dormir.

Entonces, cómo no hablar ahora de identidad. ¿Quién eres tú hoy? Creo que una de las razones por la cual el trabajo ha llegado este lugar tan importante en nuestra vida es porque nos formamos, en parte, a partir del contacto con aquello que nos genera resistencia. Lograr vencerla, es decir, sentir que transformamos algo del mundo a través de nuestra acción y que, en esa relación, también nos transformamos a nosotros mismos. Cuando esa dinámica se pierde, se hace urgente preguntarnos qué somos cuando no estamos haciendo algo o cómo nos formamos sin siquiera enfrentarnos al proceso de tomar una decisión por nosotros mismos porque la podemos delegar, porque podemos simplificar el proceso. Recuérdame cuando te des cuenta de que lo más valioso no es el resultado, que lo importante para Ulises no fue llegar a Ítaca.

Pero no me malinterpretes, esto no es una oda al trabajo, hacerla sería también quizás obviar realidades duras: que la mayoría de la gente no tiene un empleo que elige, sino uno que le toca; o que existen intereses claros para que el trabajo sea visto como el principal eje alrededor del cual gira la vida, facilitando así nuestra autoexplotación, como advertía Byung Chul Han. Se trata más bien del Elogio de la dificultad que planteaba Estanislao Zuleta. No te voy a contar de qué trata, quiero invitarte a que lo leas completo. Quisiera que dentro de todo aquello que cambie con cada avance de la IA, no pierdas el criterio, que te dejes interpelar, que siempre, siempre te hagas preguntas y que vivas todas las posibilidades que permite la incomodidad. Especialmente aquella que surge al enfrentarnos al otro.

Por eso, tomo el teléfono y llamo a mi amigo para preguntarle sobre lo que me inquieta, no para buscar su con - descendencia, sino para que me plantee otras preguntas, cuente historias que activen el asombro, y que sus palabras me abracen, porque aunque no lo esté diciendo, sé que el haberse detenido a contestar y conversar es la manera más preciosa de manifestar que me quiere: regalándome tiempo, después de una jornada extenuante entrenando una IA.

Una carta al futuro

¿Quién eres cuando no haces nada?

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