Después de una emergencia, reenviar una advertencia puede sentirse como una forma de cuidar. Pero una información falsa o desactualizada también puede poner en movimiento miedo, personas y recursos que hacen falta en otra parte.
El 10 de agosto, después del terremoto, empezó a circular por WhatsApp una advertencia inquietante: habría una nueva réplica entre las 9:05 y las 9:15 a. m.
El mensaje pasó de teléfono en teléfono, muchas veces casi sin pensarlo. ¿Qué hubieras hecho tú? Tal vez compartirlo parecía lo más prudente: avisarle a alguien, prevenirlo, protegerlo.
Pero la información no era cierta.
ColombiaCheck documentó la circulación de cadenas y audios que aseguraban conocer la hora de nuevas réplicas, algo que no puede predecirse de esa manera. Los mensajes falsos provocaron miedo, evacuaciones innecesarias y congestión en las líneas de emergencia.
Quienes los reenviaron probablemente no querían engañar a nadie. Al contrario: muchos querían advertir, proteger, ayudar. Pensaron algo que cualquiera podría pensar: «mejor aviso por si acaso».
La desinformación también puede viajar gracias a nuestras mejores intenciones.
Por eso vale la pena entender qué nos hace más vulnerables justo cuando más queremos ayudar.
La emoción nos apura
Una información que produce miedo, sorpresa o indignación captura nuestra atención y puede empujarnos a compartir antes de preguntarnos de dónde salió.
En una emergencia, esa reacción puede ser todavía más intensa porque queremos hacer algo, aunque sea reenviar un mensaje.
Quizá cuando una información más nos sacude es cuando más conviene preguntarnos: ¿quién está diciendo esto?
La urgencia nos convence
«Urgente». «Comparta antes de que lo borren». «Avísele a toda su familia».
En medio de una crisis buscamos certezas y formas de proteger a quienes queremos. Por eso esos mensajes funcionan.
Pero que algo parezca urgente no significa que sea cierto. Y actuar sobre una información falsa puede movilizar personas, saturar canales o distraer recursos que sí hacen falta.
Los vacíos se llenan de rumores
Después de una emergencia hay momentos en los que todavía no sabemos exactamente qué ocurrió, qué viene o qué se necesita.
Ese vacío incomoda. Queremos una respuesta y, cuando aparece una, podemos abrazarla demasiado rápido.
Aceptar durante un rato un «todavía no sabemos» puede ser más responsable que compartir una certeza falsa.
La información también envejece
No todo lo que desinforma es mentira.
Un centro de acopio que ya cerró. Una vía que volvió a abrir. Una necesidad que ya fue atendida. Una cuenta que dejó de recibir aportes.
Un mensaje puede haber sido cierto ayer y desordenar la ayuda hoy.
En una emergencia, verificar también significa preguntar: ¿esto sigue vigente?
Antes de reenviar
¿Quién lo dice? Busca el origen. ¿Cuándo ocurrió? Revisa la fecha y la hora. ¿Dónde pasó? Una imagen real puede pertenecer a otro lugar. ¿Sigue vigente? Confirma que la necesidad continúe. ¿Alguien más lo confirma? Busca otra fuente. ¿Qué podría pasar si no es cierto? Piensa en lo que ese mensaje puede poner en movimiento.
A veces, cuidar también significa no reenviar.
Etiquetas:
replica terremotodesinformacion 520Suscríbete a nuestro boletín y mantente actualizado.
La Revista Comfama es un medio de comunicación educativo, de circulación gratuita, que tiene como objetivo generar conversaciones sanas y constructivas que transmitan valores positivos a través del poder del ejemplo y las historias.



