Una llamada puso en movimiento camioneros, tractoristas, comerciantes, vecinos, dos bodegas, camiones y hasta un bote. Lo que comenzó con una pregunta —¿cómo llevamos ayuda hasta Chocó?— terminó necesitando de muchas personas, cada una capaz de resolver una parte del camino.
Una tarde, después de pasar el día entre tractores, cultivos y caminos rurales, Uber Cardona Castro recibió una llamada desde Estados Unidos. Al otro lado estaba un amigo con una pregunta concreta:
—¿Qué se necesita para conseguir un camión y llevar donaciones hasta Chocó?
Uber, operador de maquinaria agrícola de 42 años, no tenía la respuesta. Le dijo que lo dejara pensar.
Conseguir un vehículo parecía ser el primer problema. Pronto entendió que era apenas uno de muchos.
Había que reunir las ayudas, encontrar quién condujera, conseguir dinero para el viaje, organizar lo que empezara a llegar y resolver cómo alcanzar comunidades hasta las que no había carretera.
Uber llamó primero a Julián, un camionero del municipio. Después llevó la idea a los grupos de WhatsApp donde conversan tractoristas y conductores de La Unión.
Y comenzaron a aparecer respuestas.
Alguien ofreció dinero para los viáticos. Otro llevó un mercado. Una familia llegó con cobijas. Un vecino apareció con pañales. Otro, con productos de aseo. Comerciantes preguntaron cómo podían sumarse y algunas personas ofrecieron algo que también hacía falta: tiempo.
La iniciativa empezó a crecer más rápido de lo que habían imaginado. Muchos de quienes comenzaron a trabajar allí no se conocían entre sí. Habían llegado por un mensaje, por un vecino, por un amigo de un amigo. Durante esos días, sin embargo, dejaron de ser extraños para convertirse en personas encargadas de una misma tarea.
Fue necesario conseguir dos bodegas. En una guardaban mercados y artículos de primera necesidad. En la otra recibían y clasificaban la ropa. Cada tarde llegaban nuevas bolsas, cajas y paquetes que alguien tenía que abrir, revisar y organizar.
Ya no se trataba simplemente de llenar un camión.
Había personas recogiendo donaciones, otras clasificándolas, unas más almacenándolas y otras pensando en el recorrido. Cada problema necesitaba una capacidad distinta y ninguna persona tenía todas.
Cuando finalmente las ayudas salieron de La Unión hacia Chocó, todavía quedaba un obstáculo.
La carretera se acabó.
Para llegar hasta las comunidades de Río Puné, parte de la carga tuvo que pasar de los camiones a un bote. Durante cerca de tres horas navegaron llevando por el agua aquello que había pasado por muchas manos antes de llegar hasta allí.
Después de tres horas de navegación, el bote avanzaba por Río Puné cargado de mercados, cobijas, pañales y productos de aseo. Detrás quedaban dos bodegas, varios grupos de WhatsApp, camiones y muchas personas que, pocos días antes, ni siquiera se conocían entre sí.
La carretera se había acabado hacía rato. La red, no.
¿Qué podríamos hacer juntos que ninguno podría resolver solo?
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