Aunque algunos lo dudan, los jóvenes sí ahorran. Las formas han cambiado, bolsillos digitales, metas programadas, ahorro por temporadas, pero la intención permanece: lograr tranquilidad, cumplir sueños, cuidar lo que importa. Ana, Daniel y Juliana organizan su dinero para hacer realidad sus propósitos.
Ahorrar para cumplir sueños, propios y ajenos. Juliana Flórez Alzate, 23 años. Periodista.
Juliana no guarda dinero por miedo al futuro, sino por ilusión. El año pasado lo hizo para cumplirle un sueño a su papá: llevarlo a conocer el mar. Ahora está enfocada en pagar, por su cuenta, su primer viaje internacional.
Su método es digital, pero la lógica es la de siempre: disciplina. Usa un «bolsillo» en su app bancaria, fija una meta y cada quincena separa una parte de su salario. «Primero ahorro, después gasto lo que queda», dice.
Aprendió a ponerse metas realistas después de fallar una vez por querer ahorrar demasiado en poco tiempo. También pelea contra los «gastos hormiga»: el café, el mecato, los antojos diarios. Por eso carga su termo y su lonchera. Para Juliana, ahorrar es elegir cuándo disfrutar, no dejar de hacerlo.
Cada intento cuenta al ahorrar. Daniel Osorno Garcés, 15 años. Estudiante.
Daniel sueña con una bicicleta para ir al colegio y moverse con libertad. Ahorra desde pequeño, aunque el progreso no siempre ha sido lineal.
La primera vez reunió un buen monto para comprarse un celular, después de que le robaran el suyo. Usó todo lo que había guardado. Superado el golpe, volvió a empezar, ahora con otro objetivo.
Hoy guarda cerca del 80 % de su mesada. Calcula que a mitad de año podrá alcanzar su meta. Para él, el ahorro es claridad: tener presente qué es lo más importante en cada momento. Si algo se atraviesa, se ajusta… y vuelve a arrancar.
Cuando ahorrar es parte de emprender. Ana María Patiño Villa, 35 años. Emprendedora.
Ana creó Amapola, su marca, hace cinco años. Al principio tenía otro trabajo y desde allí apartaba dinero para su hogar y su vivienda. Cuando decidió dedicarse por completo a su emprendimiento, su relación con el dinero cambió: pasó de ingresos fijos a variables, con meses buenos y otros muy difíciles.
Eso la obligó a planear con más detalle. Aprendió a proyectar el año financiero de su negocio: guardar en temporadas altas para resistir las bajas. Para ella, ahorrar no siempre es guardar plata en una cuenta. A veces es tomar mejores decisiones, reducir costos o anticiparse a los momentos difíciles.
Desde hace dos años tiene un objetivo claro: renovar su marca y lograr el registro Invima de su producto estrella. Dividió el proyecto en etapas, diseño, trámites, empaques, lanzamiento, y cada mes aparta un poco[OL1] . «Así sea poquito, ahorrar es lo que permite que el negocio no se quede quieto», dice.
Más que una edad fija
La idea de juventud es más flexible de lo que pensamos. La ONU define a las personas jóvenes entre los 15 y los 24 años para fines estadísticos, mientras que la OMS amplía el rango según el desarrollo y el entorno. Incluso desde la ciencia se advierte que no existe un límite biológico exacto: algunos estudios ubican transiciones importantes hacia los 34 años.
¿Es verdad que la juventud no ahorra?
¿Y tú cómo ahorras?
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