Un terremoto puso a prueba en pocos minutos lo que en una clínica se construye durante años: protocolos, entrenamiento, confianza y la capacidad de cuidar a otros incluso en medio de la incertidumbre.
A las 7:34 de la mañana del lunes 10 de agosto, la actividad habitual de la Clínica Panamericana de Urabá se interrumpió de golpe. Un terremoto de magnitud 7,4, según el Servicio Geológico Colombiano, activó el protocolo de evacuación y el equipo de pediatría tuvo una prioridad: sacar a los pacientes y a sus familias. Después vino una de las tareas más delicadas: evacuar a diez recién nacidos de la unidad neonatal.
Seis personas, entre enfermeras y médicos, se encargaron de hacerlo. No había mucho tiempo para decidir: cada integrante del equipo tenía que saber qué hacer y confiar en que los demás también lo sabían.
Entre quienes salieron con un bebé en brazos estaba el pediatra Germán Somoyar. Una imagen suya durante la evacuación circuló después en distintos medios de comunicación. La fotografía muestra algo que suele quedar oculto detrás de una bata, un cargo o un protocolo: quien cuida también puede sentir miedo, estar en riesgo y necesitar confiar en otros para hacer su trabajo.
Aunque la imagen se convirtió en uno de los símbolos de aquella mañana, Germán no actuó solo. Otros médicos y enfermeras también evacuaron recién nacidos. La fotografía hizo visible a una persona, pero la respuesta fue colectiva y se había preparado mucho antes, mediante entrenamientos, protocolos y acuerdos que permiten actuar cuando casi no hay tiempo para improvisar.
Para Ferney Zuluaga Yepes, director de la Clínica Panamericana de Urabá, esa preparación es inseparable de otra dimensión del trabajo en salud: recordar que detrás de cada procedimiento hay una persona atravesando un momento de vulnerabilidad.
«Detrás de cada atención hay una persona que está atravesando un momento de vulnerabilidad y que necesita mucho más que una res - puesta técnica», dice.
Esa mañana también hizo falta confiar. Mientras cada persona cumplía su parte, los recién nacidos fueron saliendo de la unidad neonatal en brazos de quienes estaban allí para cuidarlos.
La imagen dejó a Germán y a uno de los bebés en primer plano. Fuera del encuadre quedaron los otros médicos y enfermeras que hicieron lo mismo. Diez recién nacidos salieron de la unidad neonatal en brazos de seis personas que, mientras todo se movía, tuvieron que confiar unas en otras.
El trabajo de cuidar cuando la propia vida está en riesgo
¿En quién confías para hacer bien tu trabajo cuando no hay tiempo para improvisar?
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