Votar en compañía
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Salir a votar no siempre es un acto solitario. En algunas familias, la jornada electoral empieza antes de llegar a la urna: en una conversación en la casa, en un desayuno compartido, en una caminata hacia el puesto de votación o en la explicación paciente que una madre les da a sus hijas mientras esperan en la fila. Allí, entre acuerdos y diferencias, el voto se convierte en algo más que una decisión individual: una forma de aprender a vivir con otros.

Leidy Daniela Cevillano Hincapié, 24 años

En Vigía del Fuerte, en el Urabá antioqueño, Leidy Daniela aprendió que participar también se enseña en casa. Desde joven acompañó a su familia al puesto de votación y entendió que votar no era solo marcar una tarjeta, sino hacer parte de una conversación sobre el futuro. Para ella, votar en familia ha sido una escuela de criterio, compromiso y voz propia. Hoy cree que cuando una familia se acerca junta a las urnas no solo toma decisiones: también forma personas capaces de pensar, preguntar y trabajar por el cambio.

José Luis González, 44 años

José Luis podría cambiar su puesto de votación para uno más cercano, pero no quiere hacerlo. Para él, el trayecto, en el que cruza media ciudad, ya hace parte del ritual. El día de elecciones comienza con un desayuno junto a sus padres y su hermano, sigue con una caminata hacia el puesto de votación y termina, casi siempre, en una conversación sobre lo que cada uno decidió. No siempre coinciden, pero eso no rompe el encuentro. Al contrario: el respeto por la diferencia se ha vuelto una manera de cuidar el vínculo familiar.

Claudia Patricia Fonnegra Zapata, 45 años

Claudia Patricia no espera a que sus hijas tengan edad para votar para hablarles de democracia. Cada vez que va a las urnas las lleva con ella, les muestra la fila, el tarjetón, el silencio del cubículo y la importancia de participar. Cree que hay aprendizajes que solo se entienden cuando se viven de cerca. Por eso, más que darles una lección, les ofrece una experiencia: la de ver a su madre ejercer un derecho y asumir una responsabilidad. Así espera sembrar en ellas compromiso, conciencia y amor por lo público.

Luis Fernando Torres Giraldo, 73 años

Para Luis Fernando, votar en familia es una forma de recordar que la unidad no depende de pensar igual. En su casa, como en tantas otras, las preferencias políticas no siempre coinciden, pero la jornada electoral sigue siendo un espacio de cercanía. Lo importante, dice, es ejercer el derecho, conversar con respeto y pensar en quienes vienen después. Cada voto suyo está atravesado por esa idea: participar hoy también es cuidar el futuro de las próximas generaciones.

Gladys Elena Zapata Pérez, 61 años

Gladys Elena ve el voto como una responsabilidad que se conversa y se comparte. En su familia, las elecciones no terminan cuando se cierran las urnas: siguen en la casa, en el análisis de los resultados, en la alegría cuando sienten que acertaron y en el aprendizaje cuando las cosas no salen como esperaban. Para ella, votar juntos fortalece los lazos porque obliga a mirar más allá de uno mismo. Elegir, en medio de las dificultades, también puede ser un acto de esperanza.

El hábito de votar en compañía

¿Cómo se aprende a participar cuando la democracia se vive en familia?

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