Imagen Dos horas para Martha
Te tomará unos 4 minutos leer este artículo

Para Martha, cuidar a sus hijos significó dejar su trabajo en el sector salud y dedicar sus días a acompañarlos. Con el tiempo entendió que cuidar también es un trabajo y que quien lo hace necesita descanso, reconocimiento y tiempo propio

A las 4:30 de la mañana empieza la jornada de Martha. Prepara las loncheras de sus hijos y de su esposo. Mientras cocina, él ayuda a organizar a los niños para que puedan salir a las 6:00. Luego comienza otra parte del día: organizar la casa, preparar el almuerzo, lavar la ropa, revisar las tareas del colegio, llevar a sus hijos a terapias y estar pendiente de sus medicamentos, emociones y necesidades. 

Su hija Juanita tiene 15 años, nació con hidrocefalia, tiene epilepsia y movilidad reducida. Samuel, de 13, tiene un trastorno del lenguaje y autismo grado uno. Cada uno necesita cuidados distintos y, detrás de cada cita, terapia, medicamento o pequeño logro, hay horas de atención, aprendizaje, paciencia y acompañamiento. 

Cuidar cansa. El desgaste físico y mental es uno de sus mayores retos. A eso se suman la soledad, la preocupación por el futuro y la necesidad de distribuir el tiempo entre citas, trámites, medicamentos, tareas y las demás responsabilidades del hogar. “Uno siempre está en la función de hacer, hacer, hacer”, dice. 

Martha tuvo que salir a trabajar por su cuenta desde los 15 años. Por eso, en 2019, dejar su trabajo como secretaria administrativa en una unidad oncológica fue una decisión difícil: amaba ayudar a pacientes y a sus compañeras. También sabía que perdería un ingreso, que la economía del hogar se vería afectada y que interrumpiría, tal vez para siempre, su vida laboral. Aun así, decidió cuidar a sus hijos, convencida de que también podrían aparecer otras posibilidades para ella. 

Una de ellas llegó a través de la Unidad de Discapacidad de la Alcaldía de Medellín, donde la conectaron con cursos de manualidades y maquillaje y obtuvo una certificación como cuidadora. Más adelante conoció el centro de lavado de Manrique, un lugar que se convirtió para ella en algo más que un sitio donde lavar la ropa. Dos veces por semana puede dejar allí esa tarea y recuperar dos horas de su tiempo. También encontró espacios para hacer ejercicio y compartir con otras cuidadoras. 

Martha ya nombra de otra manera lo que hace. Si durante una semana desapareciera su trabajo como cuidadora, dice, “sería un caos total”: no habría comida, ropa limpia, niños cuidados, citas ni terapias cumplidas. Para Martha, el cuidado es “el motor invisible de las familias y de la sociedad”. Y para que deje de ser invisible, insiste, cuidar no puede ser responsabilidad exclusiva de las mujeres: es una tarea de los hombres, las familias y también del Estado. 

En esas cuatro horas recuperadas cada semana, Martha no deja de ser mamá ni cuidadora, pero puede decidir qué hacer con parte de su tiempo. Reconocer el cuidado como trabajo también ha significado entender que sostener la vida de otros no debería exigir desaparecer de la propia. 

Dos horas para Martha

¿Quién cuida a quienes cuidan en tu familia?

Etiquetas:

Martha cuidadora de discapacidadel cuidado es trabajo no remuneradocentro de lavadoManriquetiempo para cuidadoras de personas con discapacidadreconocimiento del trabajo de cuidado

Suscríbete a nuestro boletín y mantente actualizado.

He leído y acepto los términos y condiciones

La Revista Comfama es un medio de comunicación educativo, de circulación gratuita, que tiene como objetivo generar conversaciones sanas y constructivas que transmitan valores positivos a través del poder del ejemplo y las historias.