Durante meses, buena parte de nuestras conversaciones parecían empeñadas en ubicarnos: ¿usted de qué lado está?, ¿por quién va a votar?, ¿qué piensa? Después del terremoto, en algunos centros de acopio apareció otra pregunta, mucho más concreta: ¿qué puede hacer?
Tres jóvenes que participaron como voluntarios cuando sus universidades se convirtieron en centros de acopio nos cuentan qué encontraron al trabajar junto a personas que, en muchos casos, apenas conocían.
Marilady: confiar
Marilady Robledo Blandón tiene 23 años, estudia en la Universidad de Antioquia y hace parte de AfroUdeA. Cuando ocurrió el terremoto estaba en su cuarto.
Días después terminó encargada del inventario y de parte del registro financiero de las ayudas. Personas que apenas conocía seguían sus indicaciones, cumplían tareas y le reportaban gastos o necesidades.
También veía llegar voluntarios después de estudiar o trabajar. Algunos podían quedarse varias horas; otros acomodaban el día para ayudar apenas una.
«Muchos acomodaban sus horarios para ayudar, aunque fuera durante una sola hora».
En medio de planillas, cuentas y cajas, Marilady tuvo que hacer algo cotidiano pero que a veces se nos dificulta, confiar en que cada persona haría la parte que le correspondía.
Itza: revisar los juicios
Itza Rivadeneira Pérez tiene 18 años y estudia en EAFIT. El día del terremoto se preparaba para ir a la universidad cuando sintió el terremoto junto a su compañero de vivienda. Después llegó al centro de acopio organizado por estudiantes de la universidad. Allí trabajó con personas que no conocía y también con algunas sobre las que ya tenía una primera impresión. Le sorprendió la manera en que se trataban, como si fueran amigas y amigos de toda la vida. Aunque no se conocían, se escucharon, siguieron indicaciones, hicieron cadenas humanas, cargaron camiones, reempacaron donaciones y compartieron el trabajo sin mirar el reloj. Durante horas, lo importante fue resolver lo que había por hacer: escucharse, repartirse las tareas y encontrar la manera de avanzar.
José: encontrarse con los que sí llegaron
José Moreno tiene 20 años y estudia en la Universidad de Antioquia. Cuando tembló todavía estaba durmiendo.
Llegó al voluntariado con una idea que llevaba tiempo acompañándolo: pensaba que las personas difícilmente se movilizaban por una causa.
Lo que encontró contradijo esa impresión.
«Aunque no nos conocíamos, nos movían las mismas ganas de ayudar y una causa que compartíamos».
A su alrededor había personas que habían decidido sacar tiempo, cargar, organizar o recibir ayudas. No sabía mucho sobre ellas. Pero durante esas horas tampoco lo necesitó para trabajar a su lado.
Lo que quedó
Al final, Marilady, Itza y José habían repartido tareas, cuidado recursos, seguido instrucciones y resuelto problemas junto a otras personas. Durante esas horas, importó menos saber qué pensaba cada uno y más saber con qué podía contar el otro.
¿Qué podríamos hacer juntos antes de preguntarnos qué nos separa?
Etiquetas:
diariocausacomun jovenes520Suscríbete a nuestro boletín y mantente actualizado.
La Revista Comfama es un medio de comunicación educativo, de circulación gratuita, que tiene como objetivo generar conversaciones sanas y constructivas que transmitan valores positivos a través del poder del ejemplo y las historias.



