Para Karen, el dinero siempre alcanzaba solo para lo urgente. Ahorrar parecía un lujo inalcanzable, no una opción real. Hasta que una decisión pequeña, guardar la cuota monetaria mes a mes, le permitió, por primera vez, convertir un ingreso, que siempre se gastaba, en un ahorro posible.
Durante años, para Karen Cristina Sánchez Cabrera, el dinero fue algo que entraba y salía sin dejar rastro. Así transcurrían los meses, sin margen para pensar más allá del día a día. No porque sobrara, sino porque siempre había algo más urgente: el arriendo, la comida, la merienda de su hija, el pago de los servicios. Pensar en ahorrar no hacía parte de su realidad.
Karen tiene 35 años, es madre cabeza de hogar y vive en Marinilla desde 2019, junto a sus dos hijos: Nelson Enrique, de 19 años, e Isabela Sofía, de 8. Trabaja como operaria de aseo desde hace cuatro años y aprendió a administrar lo inmediato, no a planear a largo plazo. «Yo pensaba que con lo poquito que me ganaba no podía aspirar a nada grande», cuenta.
Esa sensación no es individual ni excepcional. En Antioquia, el 37 % de las mujeres no cuenta con un ingreso propio y más de un tercio gana menos de un salario mínimo (2024, DANE). En ese contexto, ahorrar suele parecer imposible. La dependencia económica vuelve frágil cualquier intento de planear a largo plazo.
Para Karen, la cuota monetaria, un subsidio mensual que Comfama entrega a trabajadoras y trabajadores afiliados con personas a cargo, siempre tuvo un destino claro: cubrir lo que el salario no alcanzaba. Se iba en comida, en gastos del hogar, en lo indispensable para el mes. No funcionaba como ahorro, sino como un alivio momentáneo que desaparecía rápido.
Con el paso del tiempo, esa forma de vivir empezó a cansarla. Sentía que trabajaba sin avanzar, que cada mes comenzaba de nuevo. Fue entonces cuando apareció una idea insistente. Una amiga se lo repetía en cada conversación: «Averíguate cómo ahorrar la cuota monetaria. No te la gastes. Piénsala para el futuro». Al principio, Karen dudaba. ¿Cómo ahorrar si todo hacía falta?
La idea quedó rondándole por un tiempo, sin convertirse todavía en acción. Hasta que, en 2023, el cansancio de no avanzar fue más fuerte que el miedo. Decidió intentarlo. No con certeza, sino con la convicción de que no hacer nada era peor. «Pensaba que tal vez no iba a lograrlo, pero al menos quería empezar», dice.
Ahorrar implicó ajustes concretos: dejar de contar con ese dinero para gastos inmediatos, resistir la tentación de usarlo «solo este mes» y cambiar pequeños hábitos. Karen empezó por una decisión clara: dejar de ver la cuota monetaria como plata disponible. «Yo me hago la idea de que ese dinero ya no existe para gastar, sino que tiene un propósito».
Con nervios, pero decidida a no aplazar más la idea, se acercó a Comfama en Marinilla y recibió orientación para iniciar un ahorro. El proceso la asustó, pero también marcó un quiebre. El día que hizo su primera consignación sintió algo distinto. «Fue felicidad. Sentí que estaba poniendo un granito de arena para algo mío y de mis hijos».
Desde entonces, la cuota monetaria pasó de ser un apoyo para los gastos del mes y se convirtió en un ahorro. No se trata de grandes sumas ni de resultados inmediatos, sino de sostener la decisión en el tiempo y de permitirse, por primera vez, pensar en el futuro.
¿Cómo podría tu cuota monetaria convertirse en tu primer ahorro?
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