Wilmer Arley Ramírez, de 37 años, creció en una familia campesina convencido de que su destino ya estaba escrito. Una beca de Comfama y la Fundación Fraternidad Medellín le mostró que el estudio también podía ser parte de su camino.
Wilmer nació en Urrao, creció entre fincas y animales y terminó el bachillerato en Bolombolo. Empezó a trabajar en el campo y ser mayordomo de una finca le parecía el camino natural, el mismo que habían recorrido sus padres.
Por las condiciones económicas de su familia, estudiar una carrera nunca había parecido posible. Durante años, Wilmer no pensó que estuviera renunciando a estudiar. Simplemente creía que esa posibilidad no era para él.
En 2018, mientras caminaba con su hijo por Rionegro, vio un aviso sobre un programa de formación en logística. Como no tenía dónde anotar, le pidió al niño que memorizara el número. Horas después, al terminar su jornada como auxiliar en el aeropuerto José María Córdova, llamó. Le hablaron de una beca apoyada por Comfama y la Fundación Fraternidad Medellín para estudiar una técnica.
La ayuda podía resolver el obstáculo económico que durante años había dejado el estudio fuera de sus posibilidades. Wilmer se postuló sin muchas expectativas y, pocos días después, le anunciaron que había sido seleccionado.
La beca abrió una posibilidad que no había imaginado para sí mismo. Después de terminar la técnica, decidió continuar con una tecnología en Uniminuto mediante otra beca. Estudiaba los sábados de seis de la mañana a seis de la tarde, después de semanas completas de trabajo. A veces terminaba un turno de madrugada, se bañaba y viajaba hasta Bello para asistir a clase.
El camino no fue lineal. Durante la pandemia contrajo COVID-19, estuvo hospitalizado y necesitó oxígeno. La universidad le entregó un computador para que pudiera continuar estudiando. Más adelante sufrió un accidente de moto y tuvo que usar un cuello ortopédico. Durante la recuperación, continuar fue posible gracias a su esposa, quien lo acompañaba a clase y tomaba apuntes por él.
La formación amplió sus posibilidades laborales. Primero fue auxiliar logístico, después jefe de planta en una empresa de aceites y hoy trabaja como coordinador logístico. También piensa en hacer una especialización o estudiar Ingeniería Industrial.
Cuando mira el camino recorrido, entiende que el mayor cambio no fue solamente conseguir nuevos empleos. Fue dejar de pensar que su origen definía hasta dónde podía llegar. «Yo siento que vengo cortando un ciclo. No porque trabajar en el campo sea malo, sino porque descubrí que también podía hacer otras cosas», dice.
¿Qué cambia cuando estudiar puede ser posible?
21.705 personas recibieron beneficios para acceder a estudios posteriores al bachillerato a través de Comfama en el 2025
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