A Sócrates, el filósofo griego, le gustaba ir al mercado a observar todo lo que no necesitaba. ¿Qué diría hoy de los algoritmos que compiten por nuestra atención?
En esta entrevista, Jesús Goenaga, psicólogo y experto en ciencias cognitivas aplicadas a la inteligencia artificial, explica por qué el problema no es la falta de autocontrol, sino los entornos digitales en los que tomamos decisiones, y cómo habitarlos con más conciencia y menos culpa.
El autocontrol no es infinito
1. Solemos hablar de autocontrol como una virtud personal, ¿qué tan justo es poner toda la responsabilidad en la persona?
El autocontrol no es un rasgo estable; es un recurso limitado que se agota con el uso, como un músculo que se fatiga. Después de ejercerlo intensamente, rendimos peor en la siguiente tarea.
Poner toda la responsabilidad en la persona no solo es injusto, sino que ignora décadas de investigación sobre cómo los contextos determinan las decisiones. ¿Qué tan justo es que una persona cansada tenga que enfrentar sistemas diseñados y optimizados para vencer su resistencia?
Decidir cansados
2. ¿Qué pasa en el cerebro cuando escroleamos cansados, especialmente de noche?
La corteza prefrontal, responsable del control ejecutivo, se fatiga durante el día. En la noche opera con recursos mínimos, mientras el sistema dopaminérgico, encargado de usar la dopamina, sigue funcionando perfectamente.
Eso nos vuelve más reactivos, más emocionales y más susceptibles a recompensas inmediatas. Cada notificación, cada like, cada scroll libera dopamina. El resultado es mayor impulsividad en el momento en que menos energía tenemos para decidir con criterio.
Diseñar fricciones para cuidar
3. ¿Cómo podemos proteger lo que ahorramos frente al antojo de gastar?
Existen dispositivos de compromiso como: configurar la cuenta de ahorro de tal forma que sea difícil ingresar, bloqueos de compras en ciertos horarios, límites autoimpuestos en tarjetas, desinstalar aplicaciones de compras y evitar automatizar el proceso.
Otra estrategia es el precompromiso: automatizar el ahorro antes de ver el dinero que ingresa. Así no hay que resistir la tentación. También está la contabilidad mental: etiquetar el dinero con objetivos específicos, por ejemplo, pensar: «no tengo un millón, sino 500 mil para emergencias y 500 mil para vacaciones», lo que hace más difícil gastarlo en otra cosa.
No es rediseñar personas, es rediseñar entornos
4. ¿Qué habría que rediseñar primero: las personas o los entornos?
Definitivamente los entornos. Rediseñar personas es lento, costoso e incluso éticamente cuestionable. Rediseñar contextos es escalable, medible y respeta la agencia.
No se trata de manipular, sino de crear entornos donde las decisiones más saludables sean las más fáciles, no las que requieren heroísmo.
Acuerdos para protegernos
6. ¿Qué acuerdos podemos hacer con la tecnología para protegernos de estos sistemas?
Necesitamos acuerdos a dos niveles. Los individuales son necesarios, pero insuficientes sin cambios estructurales. A nivel personal podemos introducir fricciones. También necesitamos acuerdos colectivos: exigir transparencia algorítmica, regulación del diseño manipulatorio y un diseño ético obligatorio, centrado en las personas y no solo en métricas de conversión.
No estamos en una relación simétrica con la tecnología. Entender eso cambia la conversación: no se trata de ser más fuertes, sino de diseñar mejor y exigir mejores diseños.
Ahorrar en tiempos de algoritmos
¿Cuáles acuerdos podrías hacer hoy con la tecnología para proteger tu dinero, tu atención, tu tiempo y tu capacidad de elegir mañana?
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Ciencias cognitivasAutocontrol Gastos impulsivosDopamina y compras,Entornos digitalesJesús GoenagaSuscríbete a nuestro boletín y mantente actualizado.
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