Juan
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Para Juan Guillermo, el camino hacia su vivienda no empezó con la entrega de las llaves, sino mucho antes: en las cuentas, las decisiones pequeñas, los plazos que cambiaron y la paciencia que fue aprendiendo sobre la marcha.

Cuando a Juan Guillermo Serna Agudelo, de 28 años, le dijeron que el apartamento no estaría listo en dos años sino en tres, sintió que la vida se le desordenaba. No era solo esperar más. Era aceptar que algo planeado con disciplina —los ahorros, los tiempos, las renuncias— ya no dependía solo de él.

Mucho antes de pensar en una vivienda, Juan había ensayado una forma particular de relacionarse con el tiempo. Cuando era adoles - cente, negociaba con su mamá, Liliana María, las horas frente al PlayStation. Le daban dos al día, pero a veces prefería guardarlas, como si el tiempo pudiera acumularse, para jugar más después.

Años más tarde, ya no se trataba de guardar horas para jugar, sino de ahorrar dinero, ánimo y paciencia para llegar a una casa.

Juan Guillermo creció viendo a sus papás construir la suya. En su familia, las conversaciones no siempre fueron sobre planos o acabados, sino sobre presupuesto, ahorro y cosas que había que aplazar para que el proyecto siguiera en pie.

Con el tiempo, tener vivienda dejó de ser un deseo lejano y se convirtió en decisiones concretas. Durante años, mientras se quedaba en casa ahorrando, veía en redes sociales cómo otros paseaban y conocían el mundo. Cada mes hacía un presupuesto que cumplía a costa de negarse algunos gustos. Vivía con un archivo de Excel en la mente: calculaba cada compra y cualquier imprevisto que pudiera alejarlo de su objetivo.

Luego entendió que trabajar y ahorrar no bastaban. Empezó a consultar en internet cómo era el proceso, qué necesitaba para acceder a un crédito y cuánto debía reunir para la cuota inicial. Como había cosas que no comprendía, buscó asesoría financiera y legal para orientarse entre subsidios, créditos y escrituras.

Juan ya conocía Comfama por los cursos de baile y las Olimpiadas Empresariales de Oriente. Un día se acercó a la oficina de Tutucán con un camino de ahorros, presupuestos y búsquedas propias. Allí comenzó su postulación a Camino a Casa y entendió mejor los pasos que seguían. No empezó de cero ni encontró una solución inmediata: pudo ordenar, con más información, un proceso que ya estaba en marcha.

Después de tres años de ahorro, en diciembre de 2025 recibió una llamada: había sido seleccionado para recibir el subsidio. La noticia no borró la incertidumbre, pero confirmó que el plan podía avanzar.

El apartamento, ubicado en Rionegro, seguía sin estar listo en el tiempo previsto. Durante ese año adicional hubo frustración, sobre todo cuando comparaba su proceso con el de otros o cuando los tiempos reales no coincidían con los imaginados.

Siguió levantándose temprano para trabajar. Algunos días, revisar el estado del proyecto o volver a hacer cuentas no era un hábito, sino una forma de confirmar si todo seguía siendo posible.

Juan ya recibió las llaves de su casa y hoy tiene la certeza de que construir un hogar no consiste solo en llegar a tenerlo, sino en aprender a sostener un proyecto de vida mientras ese sueño se hace realidad.

Una casa empieza mucho antes

¿Qué te ayuda a seguir cuando un proyecto importante no avanza al ritmo que esperabas?

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