Cuando la empresa se convierte en aliada del ahorro
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Durante años, Nini Johana Escobar Campo se acostó y se levantó pensando en lo que debía. El sonido del teléfono le producía miedo y la ansiedad se volvió parte de su rutina. El dinero no era solo un problema económico: era una forma de vivir siempre en alerta. Eso empezó a cambiar cuando dejó de enfrentarlo sola.

Nini tiene 41 años, es mamá de Sofía y Brian, y trabaja como operaria agrícola en Flores El Capiro, en el municipio de La Ceja. Pero antes de encontrar algo de calma, su relación con el dinero estuvo marcada por el desorden y el impulso. Compras por catálogo, salidas a comer para «calmar la ansiedad» y préstamos rápidos para resolver lo inmediato parecían soluciones, aunque el alivio durara poco.

A ese desgaste se sumó una carga más difícil de reconocer. En relaciones pasadas, algunas de sus parejas compraban cosas a su nombre. Nini no evaluaba las consecuencias. Firmaba, confiaba y seguía adelante. Cuando esas relaciones terminaron, las deudas se quedaron. «Yo terminé pagando cosas que no eran para mí», recuerda.

En 2014 empezó a trabajar en Flores El Capiro. El ingreso era estable, pero el desorden financiero continuaba. El dinero entraba, pero se iba rápido en pagos diarios, ropa y salidas a comer. Poco a poco, esa situación empezó a afectar su salud física y mental, y también la tranquilidad de sus hijos.

Con el tiempo, el cuerpo habló. Bajó mucho de peso, dormía mal y la ansiedad se intensificó. Las llamadas de cobro eran constantes y el miedo la acompañaba incluso en la noche. «Yo me acostaba pensando en lo que debía y me levantaba igual», dice. Ya no se trataba solo de números: era una vida sostenida en la preocupación.

Nini creció en un hogar donde el dinero nunca fue una conversación. Se resolvía el día a día, no el futuro. Ese patrón se repitió en su vida adulta hasta que, en 2023, llegó a un punto límite. Vivía con la sensación constante de que esa no era la vida que quería para ella ni para sus hijos, pero no sabía por dónde empezar.

Aunque contaba con todas las prestaciones legales, en Flores El Capiro entendieron —como muchas otras empresas— que eso no siempre es suficiente para garantizar bienestar. Por eso, en 2024 se unieron a Ruta Progreso, un programa de Comfama para acompañar el bienestar financiero, físico y mental de empleados y empleadas. Al principio, Nini dudó en inscribirse: temía sentirse juzgada. Sin embargo, la necesidad de ayuda fue más fuerte. Allí encontró algo nuevo: un comienzo concreto y acompañado para dejar de improvisar.

En el programa aprendió a mirar su dinero de frente. Hizo un inventario real de deudas, entendió cuánto ganaba y en qué se le iba la plata. Descubrió que muchos gastos no eran necesidades, sino respuestas al cansancio, la presión o el deseo de cumplirle a otros. Renunciar a las compras impulsivas no fue inmediato: tomó casi un año y requirió constancia.

Desde hace casi dos años Nini duerme mejor, vive con más calma y ya no teme al sonido del teléfono. «Ahora me llega el sueldo y sé qué hacer con él», afirma. Ahorrar, cuando se aprende en compañía, deja de ser una carga y se convierte en una posibilidad real de futuro.

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Bienestar laboralRuta ProgresoDeudas y ansiedadEducación financiera empresarialFlores El Capiro

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