Y si un día la ciencia no es suficiente, ¿en qué voy a creer?

Mandala mano poderosa, obra de Juan Camilo Uribe (1945-2005)
Fotografía: www.museolatertulia.com

La ciencia es el primer lugar de búsqueda de Juliana para encontrar respuestas ante los interrogantes de la vida. Sin embargo, descubrió que las respuestas no son siempre rutas llenas de verdades exactas. Esta es la historia de una científica que un día decidió creer, también, en el poder de la imaginación.

 

«Mami, ¿por qué los pancakes se parecen a las grandes lunas de Júpiter?», le preguntaron a Juliana Restrepo una mañana Elve y Rafael, sus hijos, mientras desayunaban en familia, esperando que su mamá, doctora en Física e investigadora, le diera solución a su duda. Ella, directora de Contenidos del Parque Explora, que carga con una mochila repleta de conocimientos, no encontró la respuesta en la ciencia.

Aquella mañana, al responderles a Elve y Rafael, Juliana recurrió a la imaginación, su colega de historias para entender, por otro lado, la vida a la hora de enfrentar preguntas difíciles. También recordó ese momento en el que debió tomar una decisión: seguir construyendo solo desde la ciencia, a pesar de reconocerla frágil e incompleta o admitir que no todo se puede abarcar mediante respuestas exactas y que hay espacio, en su ser, para otras creencias.

Todo sucedió luego de haber comenzado con sus estudios de posgrado, maestría y doctorado. «Uno entra a la carrera queriendo entenderlo todo, pero la verdad es que, aunque estudiara mucho, no iba a poder abarcar todas las preguntas de la vida ni siquiera todas las de la Física», comenta Juliana.

Para asumir a la ciencia como algo distinto a la ruta de las verdades exactas debió alejarse de la imagen del científico sabio que no comete errores y que entrega certezas, para reconocer que su amada ciencia era más un proceso inacabado que un resultado definitivo. También aceptó que hay unas cosas que podrá entender y otras que simplemente no.

Para llenar esos espacios en blanco, Juliana aprendió a recurrir a otros lugares desde los que su existencia se completa: las creencias, esas que como prácticas la rescatan e iluminan cuando la ciencia no es suficiente. Esas experiencias son para ella la literatura, el sentido del humor, los maestros de su camino y la mirada de los niños, que «nunca ensayan ser personas que no son ni evitan abrazar, reírse duro o andar empelota. Recuerdan lo simple, lo verdadero, lo original».

Hoy, mientras ve a su hija, un tanto desconcentrada, pintando en su cuaderno durante las clases virtuales, reafirma que se puede pensar en los misterios, sin tanto misterio y que hacerlo no tiene lenguajes, fórmulas ni códigos. Justo ahí, en su capacidad mutante, es donde nos encontramos todos.

«Es bacano entender que la confrontación nos acompaña siempre y nos impulsa a cambiar radicalmente de rumbo o, a veces, simplemente, a hacer pequeñas modificaciones en cómo concebimos lo que nos rodea y nos reconocemos a nosotros mismos», dice.

Quizá, tanto buscar respuestas como apostarle al poder de las dudas hagan parte de la misma ecuación y sea justo ahí, en su encuentro, donde ocurre la magia de poder ver las grandes lunas de Júpiter en un pancake al desayuno.

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Incomodarse para crecer… y reconocer que aunque no tenemos la respuesta para todo, lo emocionante es la búsqueda.

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Será que abrirle la puerta a las respuestas, sin importar de dónde provengan, es un buen camino?

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La ciencia es el primer lugar de búsqueda de Juliana para encontrar respuestas ante los interrogantes de la vida. Sin embargo, descubrió que las...
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