Wade Davis: las arterias de la vida

Wade Davis en Revista Comfama
Wade Davis.
Wade Davis es explorador de National Geographic, considerado una rara combinación de científico, académico, poeta y defensor apasionado de la diversidad de la vida. Conversó con Comfama acerca de los ríos, el cambio climático y la sabiduría ancestral.

 

El Amazonas fue una especie de autopista en medio de la selva, ¿qué papel jugaron y juegan hoy los ríos para los seres humanos?

Los ríos no son solo cuerpos de agua, son las venas de la tierra, las arterias de la vida. ¿Sabes?, es irónico que nosotros gastemos billones de dólares para mandar sondas al espacio para descubrir si en algún momento del tiempo han existido gotas de agua en Marte o en las lunas de Júpiter, mientras acá en la Tierra seguimos afectando a los sistemas de agua de los cuales dependen nuestras vidas. Vivimos en un planeta azul y el agua es el bien más preciado que tenemos.

¿Cuál es la importancia del río Magdalena?

El río Magdalena es la historia de Colombia y Colombia es la historia del Magdalena. La nación que no podría existir sin esa arteria de vida que nunca le ha dado la espalda al país, su lealtad siempre ha estado. Lo extraordinario de los ríos es lo abundantes y regenerativos que son.

Por ejemplo, el río Támesis en Londres fue declarado biológicamente muerto en la década de 1960, y ahora, simplemente, porque la gente de Londres dejó de tirar basura y verter residuos al río han renacido 235 especies.

El Magdalena puede ser revitalizado solo si los colombianos lo ven como el río de vida que es, no como una campaña del medio ambiente, sino como un símbolo de redención y esperanza, como un esfuerzo patriótico. Sorprendentemente no sería tan difícil, simplemente se trata de dejar de poner los residuos propios y los químicos en el río. Sería bueno para todos.

¿Qué aprendizajes de la sabiduría ancestral se deben retomar para contrarrestar el cambio climático que afronta el plantea?

Cuando escribí un libro llamado The wayfinders (Los buscadores de caminos) y el editor le puso un subtítulo Why ancient wisdom matters in the modern world, (Por qué la sabiduría antigua importa en el mundo moderno), a lo largo del libro intenté responder esa pregunta, por lo menos implícitamente pero eventualmente la terminé respondiendo directamente con dos palabras: climate change (cambio climático).

No para sugerir que alguno de nosotros, en este llamado “mundo moderno”, sea alejado de los beneficios de la modernidad, ya sea ciencia o medicina, sino que la misma existencia de estas visiones únicas de la vida, esas formas diferentes de ser y de pensar que existen a lo largo de la etnósfera son como una forma de recordarnos que nuestra manera no es la única y que debemos cambiar la manera fundamental en la cual habitamos el planeta.


En su libro El Río se habla del concepto de amistad y reconciliación con la naturaleza ¿cómo aplicarlo en la cotidianidad?

Una de las cosas que hicimos en la tradición occidental fue tratar de liberarnos de los instintos del mito, la magia, la mística y la metáfora. Si un fenómeno no puede ser medido no puede existir, y la idea de que el vuelo de un pájaro puede tener significado o que una montaña puede ser un guía se toma como algo ridículo.

Las sociedades humanas alrededor del mundo usan metáforas para establecer relaciones con el mundo natural, relaciones que son generalmente basadas en reciprocidades, por ejemplo si la montaña es un bulto de piedra lista para ser minada, o si es un guía para el destino. Si a mí me crían para creer que una montaña es un bulto de piedras lista para ser minada mi relación con esa montaña, mi deseo de deteriorarla estaría aumentado, en oposición a un niño que es criado para creer que es un tesoro, o una guía.

No se trata de quién tiene la razón o quién no, es más de poner atención a la metáfora que media la relación entre la sociedad humana y la naturaleza.

 

¿Pero en la cotidianidad de un colombiano, cómo se puede ser más amigable con la naturaleza?

Lo más importante es que todos recordemos esa visión de la Tierra desde el espacio que nos trajo Apolo en una noche de Navidad en 1968. No vivimos en un mundo ilimitado, nosotros vivimos en un mundo finito, en un planeta azul flotando en el manto de terciopelo del espacio.

¿Sabes? Este es nuestro único hogar, es decir, las nociones de establecer colonias en el espacio son pura fantasía. ¿Entonces qué es lo que podemos hacer en la cotidianidad? Reconocer que no estamos aparte de la naturaleza, que somos de la naturaleza, que vivimos en una serie de constantes relaciones recíprocas con el mundo natural, y tenemos que empezar a replantear hasta la manera en que estructuramos la economía; si lo piensas, nosotros definimos el bienestar económico como crecimiento perpetuo en un planeta finito, esa es la economía del engaño, nuestras proyecciones económicas son flechas y deben ser círculos. Hay límites a la capacidad de sobrevivir mediante la explotación de los recursos naturales de la Tierra, son finitos, y el futuro no se ve muy positivo.

La extinción de especies animales y de plantas, más allá de generar un deterioro ambiental, también ocasionan que culturas, tradiciones e idiomas desaparezcan. ¿Qué consecuencias tiene esto para la humanidad?

La gran lección de la antropología es que cada cultura tiene algo para contar y merece ser escuchado. Un lenguaje, por supuesto, no es simplemente un cuerpo de vocabulario o un conjunto de estructuras gramaticales, es un viaje al espíritu humano, es un vehículo al alma de cada cultura en particular. El lenguaje es una fuerza que crece para la mente, es esa cuenca de pensamiento del ecosistema y de las posibilidades sociales y espirituales. El lenguaje codifica un cuerpo de conocimiento que por definición regresa al inicio de los tiempos, entonces si perdemos un lenguaje, nosotros como un colectivo humano perdemos una parte fundamental de nosotros mismos.

Fui contactado para trabajar en un proyecto llamado Savia Botánica, un esfuerzo de Grupo Argos para producir un libro ilustrado de botánica de cada una de las cinco regiones del país. Los libros se les darán a las bibliotecas y escuelas del país para enviar un mensaje a las nuevas generaciones de Colombia, para que comprendan que este no es un país de violencia y drogas sino uno de los países más ricos en biodiversidad del planeta

 

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Wade Davis es explorador de National Geographic, considerado una rara combinación de científico, académico, poeta y defensor apasionado de la diversidad de la vida. Conversó con Comfama acerca de los ríos, el cambio climático y la sabiduría ancestral.
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