Voces de mujeres. Sí, voces únicas


Se nos ha dicho que no somos voz autorizada,
se nos ha dicho qué decir y cuándo hacerlo, se nos ha dicho cómo actuar y cómo no.
Y es que, muchas veces, quien nos lo ha dicho es nuestra voz interior. Esa voz que está presa del miedo, deseosa de aceptación y poco dispuesta a disonar.

 

Por: Claudia Restrepo, Responsable de personas y familias de Comfama

El texto que encabeza este editorial lo escribo en el lenguaje que mejor conozco, el lenguaje del alma: el lenguaje femenino por
excelencia. Y ojalá pudiera expresarlo todo así, en una poesía y ser justa con las voces de mujeres líderes, valientes y arrolladoras.

Así que trataré, de la mejor manera, de representarlas en su diversidad, sus preocupaciones y preguntas; y narrar en este espacio las razones por las que es necesario elevar nuestras voces y contar historias sobre el liderazgo de las mujeres.

Empiezo por confesar que al recorrer mi camino como mujer líder descubrí que necesitaba convertirme en feminista, sobre todo, para emprender la lucha contra mis propios sesgos y limitaciones, los referentes aprendidos y los miedos heredados. Esto me permitió comprender que lo que más compartimos las mujeres es el miedo a desentonar, a ser diferentes y únicas y que, de allí, nuestra principal búsqueda es la de la libertad y la de elevar nuestra voz, sin necesidad de parecernos a otros que, además, muchas veces termina siendo un otro masculino, porque así lo aprendimos.

Es por eso por lo que ser mujeres y líderes es comprender nuestros miedos, hacernos cargo de ellos y reivindicar nuestro género como
partícipe de los lugares donde se toman las decisiones y se transforma el mundo. Se hace necesario que aprendamos de las historias de otras mujeres y de sus búsquedas en diferentes ámbitos; así como fortalecer la libertad de decidir, de influir, de actuar, de aprender entre pares, de tumbar estereotipos y, sobre todo, de romper paradigmas.

Recientemente, algunas mujeres de Comfama nos encontramos para conversar acerca del libro de Iris Bohnet, Lo que sí funciona, que hace una exploración desde las ciencias del comportamiento sobre qué puede funcionar para acabar con los sesgos cognitivos y culturales alrededor del género. Esta conversación fue sincera y emocionante, transcurrió entre lágrimas, temores y mucha exposición de cada una de nosotras; nos permitimos la fragilidad, la rabia de sentirnos identificadas con muchas historias, e  incluso, un poco ingenuas y fuera de lugar, creyendo que ser líderes nunca nos había exigido tener luchas internas y externas para ganarnos un lugar.

Entendimos que se requiere la fuerza de cada mujer para hacer escuchar nuestras voces y, a la vez, el conocimiento y la disposición de las organizaciones, empresas y academia para diseñar contextos y entornos que no condicionen la actuación de las mujeres y que tomen acciones para promover mayor igualdad de género y ofrecer la libertad requerida para que las mujeres acaben con los estereotipos en los roles que desempeñan y las impulse a romper sus «techos de cristal».

Ser mujer significa un inmenso reto, por eso hacernos conscientes del camino que hemos recorrido hacia los roles que hoy desempeñamos nos enseñó lo importante que es compartir nuestras narraciones y acompañarnos mutuamente, y fue así como en Comfama nos unimos con Proantioquia para desarrollar Mujeres líderes, un programa para promover el liderazgo de las mujeres y contribuir con la urgente transformación de comportamientos frente a la equidad de género en la sociedad.

La Encuesta Mundial de Valores (emv) nos ha mostrado, por ejemplo, cómo las actitudes machistas han disminuido en casi todos los indicadores a lo largo de las últimas décadas y en particular, los colombianos son cada vez más abiertos a la equidad de género política y laboralmente. Sin embargo, persisten creencias (45 % de los encuestados) según las cuales, si una mujer recibe mayor remuneración que el hombre, habrá problemas en el hogar; son barreras culturales que debemos derrumbar.

Esta edición de la Revista Comfama busca motivar este tipo de conversaciones y preguntas sobre las creencias y limitaciones que tenemos como sociedad, para entender el rol de las mujeres, ofrecer caminos con el fin de romper esos estereotipos y hacernos conscientes de la importancia de visibilizar las historias inspiradoras que nos invitan a creer en el poder femenino transformador. Voces renovadoras, creadoras y emancipadas.


Una serie de historias para decir juntas #SíConMujeres

Soy Claudia Restrepo Montoya, Responsable de personas y familias de Comfama. Represento a un grupo de mujeres líderes de Comfama y
a sus conversaciones valiosas, entre ellas:

  • Gloria María Arango Restrepo, Secretaria general.
  •  Paola Andrea Mejía Guerra, Responsable empelo y emprendimiento.
  • Paula Restrepo Duque, Responsable contenidos.
  • Katherine Muñoz Monsalve, Responsable financiera.
  • Patricia Helena Vahos Zuluaga, Responsable talento humano.
  • Silvia Elena Ochoa Carvajal, Responsable empresas.
  • María Luisa Zapata Trujillo, Responsable gerencia social y relaciones internacionales.
  • Laura Victoria Suescún Ramírez, Profesional gerencia social y relaciones internacionales.
  • Salomé Montoya Jaramillo, Profesional cultura organizacional.
  • Perla Toro Castaño, Responsable comunicaciones.

 

Los hombres como aliados en el poder femenino transformador…

 

Una propuesta de juramento para hombres feministas

No quisiera con esta propuesta menospreciar décadas de luchas políticas y sociales de mujeres que han elevado la consciencia de Occidente alrededor de la urgente necesidad social, económica y moral que teníamos (y aún tenemos) de ofrecer un reconocimiento pleno a los derechos de las mujeres para ser, hacer y liderar cuanto quieran y cómo quieran.

 

Por: David Escobar Arango, Director de Comfama

La lucha ha sido de ellas, será siempre suya, pero nadie dice que los hombres no podamos hacer algo, con mucho respeto, desde nuestra presencia en el mundo. Debo decir también que reconozco, sin más intención que ser honesto y motivar a otros a que hagan lo mismo, que luego de muchos años comprendí que soy un machista, hijo y nieto de hombres machistas en una sociedad machista. Sé que a duras penas puedo aspirar a ser exmachista, a apoyar la recuperación de algunos de mis congéneres y a comprometerme con educar a niñas y niños para que sean mujeres y hombres que dejen atrás ese lado oscuro de nuestra cultura.

De estos sesgos y este lado deficiente de mi educación no quiero culpar a mi madre o mi abuela, ambas mujeres libres, adelantadas a su
época. Es, tal vez, gracias a ellas y a otras mujeres magníficas que he encontrado en mi vida personal y laboral, que hoy soy capaz de escribir
esto.

A manera de un juramento hipocrático, como en medicina, e inspirado en los promotores del capitalismo consciente, quisiera proponer este juramento feminista para los hombres del siglo XXI:

Primero, cuestionarnos permanentemente. Tenemos sesgos, vivimos en ellos. No podemos evitarlos, pero sí podemos estar alertas y desconfiar de nuestros micromachismos, de nuestro lenguaje discriminatorio y de nuestra manera de relacionarnos con las mujeres. Las formas y el lenguaje de nuestros abuelos ya no son aceptables, no los podemos tolerar en nosotros ni en los demás hombres.

Segundo, no estorbar.
Los hombres nos oponemos, obstaculizamos e impedimos, sin querer o queriendo, la libertad de las mujeres sobre su cuerpo, su vida, su carrera, en general sobre todas sus decisiones. Si solo hacemos esto, habremos hecho mucho.

Tercero, tengamos relaciones horizontales con las mujeres.
Seamos amigos, mentores, colegas, jefes, parejas comprometidos con los principios del feminismo. La sociedad ha perdido demasiado al privarse del talento y la fuerza de millones de mujeres en los últimos siglos. No podemos regresar el tiempo, pero sí podemos garantizar que eso no siga pasando y, aún mejor, que no suceda nunca por culpa nuestra.

Los manifiestos se hacen, dice Jacqueline Novogratz, para sintetizar nuestras intenciones y valores, como declaraciones que señalan un
camino, que enmarcan un mundo posible que aún no existe. La invitación es, por eso, a que los hombres, sin importar edad, origen, cultura, posición u oficio, seamos parte del nuevo mundo, el balanceado e igualitario, un mundo que, al cabo de tantos siglos, esté completo.

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Se nos ha dicho que no somos voz autorizada, se nos ha dicho qué decir y cuándo hacerlo, se nos ha dicho cómo actuar...
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