Vivo del estereotipo

Vivo del estereotipo

Por: Mauricio Arias @chichoelmalo
Humorista

 

Soy gordo, no siempre lo fui y puedo hablar desde las dos orillas. Siempre he sido feliz y ahora la gordura me inspiró para trabajar en comedia. Sin embargo, estoy enfrascado en la misma dualidad de todos los gordos, solo quiero dos cosas: comer y adelgazar.

El primer paso para superar algo que lo hace sufrir a uno es reírse. No hay duda, yo me río de la pobreza y de los traumas que me dejó crecer y creo que ahora más que nunca estoy fuerte y entiendo todo. Con la gordura pasa lo mismo, me río de los esfuerzos y de la inocencia con la que he caído en dietas, programas de ejercicios y alimentos milagrosos. Me río de lo que dice un médico de confianza: “Haces de todo para adelgazar excepto dejar de comer” y tiene razón porque renunciar a tantas cosas a la vez no es sencillo.

Mi peso máximo lo alcancé en el 2014, llegué a pesar 147 kilos. Lo más difícil de llegar a ese peso es que todo lo que me pasaba se lo achacaban al peso. Si tenía dolor de cabeza era por gordo, si se me enterraban las uñas era por gordo y si me deprimía era por gordo. Siempre he sido un convencido de que ser gordo es una decisión (irresponsable) que me cogió ventaja y que bajarme de este bus va a costar muchas risas. Sin embargo no lo vivo como un padecimiento, nunca he estado como los protagonistas de los programas de Discovery, ni he llorado al frente del espejo. Lo único
que me preocupa a mis 39 años, es la salud y por eso decidí empezar a bajar, empecé en 147 y ya voy en 120.

Cuando arranqué a hacer comedia estaba en mi pico máximo de peso, me subía a un escenario y era evidente que mi primer tema tenía que ser la obesidad, la vida de gordo, los traumas y las mil maneras de morir que tendría. Es un concepto básico de comedia, hablar y hacer reír de cuenta de mi característica más relevante. Al principio fue un ejercicio doloroso y no lo niego, pero
con el paso del tiempo me di cuenta de que me ayudaba a centralizar el esfuerzo por bajar, a burlarme de mi fracaso y a motivarme más.

De los kilos que perdí he recuperado algunos pero no todos, está en mí si vuelvo a ellos o sigo el camino. En este momento soy un gordo flaco porque todavía me quedan grandes las tallas xxl pero soy consciente de que corro los mismos riesgos que cuando pesaba 147.

Durante muchos años conocimos el humor colombiano reforzando prejuicios y burlándose de estereotipos, no sé si ha cambiado el contenido o la percepción. A mí me gusta creer que quienes hacemos comedia nos burlamos de nuestras propias carencias o condiciones y hay gente que se identifica y allí reside el humor. Quizás antes no existía esa identificación porque era una burla directa. La comedia basada en estereotipos sigue existiendo pero las fórmulas cambiaron y los chistes de antes dejaron de ser efectivos.

Mi sobrepeso me ha dado material de comedia y un contenido para YouTube (busquen Cosas de Gordos). No quiero morirme gordo y no creo que si adelgazo muere mi personaje, sigo en la tarea de quitarme otros 30 kilos de encima. Ya la cuestión no es de ser un gordo chévere o aburrido, el reto es ser un “man” aliviado. Tengo que estar vivo para reírme de todo.

Lo fácil es reírse del estereotipo
Crecí con el humor que pretendía hacer quedar al otro en ridículo, en el que el bullying era visto como válido en cualquier nivel. Hoy es distinto, quienes nos dedicamos a la comedia tenemos
que entender que la dinámica es otra, ya no vale burlarse del cojo, del gordo, del negro, del pastuso, del ciego. Lo que sí se vale es dejar algo más allá de la risa. Esa es la gracia del humor negro. Un
claro ejemplo moderno es que los chistes fáciles sobre venezolanos empezaron a ser rechazados, ya la palabra “Venecos” es cada vez más odiada. La audiencia no es boba, ya sabe trazar la raya y sabe pararse bien sobre ella. Pasar el límite es castigado con el olvido

¿Somos capaces de autocriticarnos, de reírnos de nosotros mismos sin involucrar a los demás?

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Por: Mauricio Arias @chichoelmalo Humorista   Soy gordo, no siempre lo fui y puedo hablar desde las dos orillas. Siempre he sido feliz y...
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