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Una universidad en la que todos caben
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Una universidad en la que todos caben

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Solanlle Cuchillo Jacanamijoy entró a la Universidad de Antioquia gracias a que esta promueve el acceso diferencial de las comunidades indígenas y afrocolombianas. Actualmente, acompaña a otros que, como ella, ingresan a una educación superior que antes les era esquiva. 

Problema
Solo el 6,7 % de la población indígena y el 14,3 % de la población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera acceden a un nivel educativo superior, según el DANE. Las comunidades étnicas han estado al margen de la educación universitaria y padecido la ausencia de líderes preparados profesionalmente para dirigir sus comunidades. 

*Cifras a 2018. Porcentajes calculados usando como denominador las personas que informaron cuál era su nivel educativo, excluyendo los registros sin información.

Solanlle Cuchillo Jacanamijoy nació en Putumayo hace 31 años y se identifica como parte del pueblo Kamënstá por su línea materna. Vivió su niñez en una ruralidad distinta a la de su pueblo, porque su madre y luego el resto de su familia, migró en búsqueda de nuevas oportunidades. 

Gracias al impulso de su madre, inició sus estudios en una escuela rural de Villagarzón, Putumayo y, años más tarde, sin entender plenamente lo que significaba una universidad, Sol se enteró de que existían admisiones especiales para comunidades indígenas en instituciones públicas del país, lo cual aprovechó en la Universidad de Antioquia (UdeA). 

En 2011, Solanlle empacó sus maletas y viajó hacia Medellín. Llegó a vivir a la residencia estudiantil del cabildo urbano Chibcariwak, donde se encontró con otros miembros de pueblos indígenas que también tuvieron que migrar para estudiar una carrera universitaria. 

Este mismo cabildo había iniciado conversaciones con la Universidad de Antioquia hace más de 40 años, para evaluar cómo se podía facilitar el acceso a la educación formal.  

Así fue como en 1983 surgió el primer acuerdo que reglamentó la admisión de aspirantes indígenas y asignó, de los cupos existentes, uno en cada programa y estableció para ellos un puntaje menor en las pruebas de admisión. 

En el 1998 lograron la asignación de un cupo más no adicional y, finalmente, en 2002, se establecieron dos cupos adicionales por programa para aspirantes de comunidades indígenas y otros dos para miembros de comunidades negras, afrocolombianas y raizales. 

Solanlle se presentó en dos ocasiones a la UdeA y logró pasar en su segundo intento, gracias al proceso de admisión especial. Se presentó a trabajo social, pero pasó a su segunda opción: sociología, así que decidió estudiarla sin saber con certeza de qué se trataba.

Fueron ocho años de altos y bajos, gustos y disgustos por cuenta de las extensas lecturas y escrituras a las que no estaba acostumbrada. En medio de su carrera, llegó Elías, su hijo que hoy tiene cinco años, quien la enfrentó a una maternidad anticipada y al desafío de mantener un equilibrio entre el estudio, la vida personal y la economía del hogar. 

El apoyo que recibió por parte de la universidad y las redes tejidas en su proceso organizativo en el Cabildo Indígena Universitario (cium) fueron vitales para no renunciar a su carrera. Además de acceder al subsidio de matrícula y al servicio de alimentación, hizo parte de proyectos de investigación y de formación donde podía trabajar en compañía de Elías. Sol sabe que el suyo todavía es un caso aislado y que su condición dista mucho de la que viven otros indígenas, para quienes estas barreras incluyen barreras culturales, lingüísticas, socioeconómicas y geográficas, pues muchos habitan zonas aisladas o de difícil orden público, lo que hace complejo su acceso a la educación universitaria. 

Hoy, desde la oficina de Permanencia Universitaria, Sol acompaña a otros indígenas que dejaron sus comunidades para ir a la Universidad, promoviendo el proceso de admisión especial y otros de acompañamiento a grupos étnicos. Para ella, esto ayuda en la tarea que tiene la universidad de disminuir las brechas, no solo para entrar, sino también de permanecer y tener una educación pertinente. 

Solución
En el primer semestre de 2022, ingresaron a la Universidad de Antioquia 395 estudiantes provenientes de comunidades étnicas, gracias al proceso de admisión especial y regular. La UdeA brinda acompañamiento no solo para el ingreso, sino también para el sostenimiento, a través de beneficios como la matrícula cero, apoyos económicos, conectividad, movilidad, el servicio de alimentación, becas y créditos condonables. 

ABC de esta solución

A. Respetar y reconocer la diversidad.

B. Difundir las convocatorias entre las comunidades étnicas.

C. Hacer presencia y acercar la universidad a todas las regiones.

D. Tener en cuenta las necesidades de las comunidades frente a la educación. 

E. Reconocer e incluir los saberes ancestrales dentro de los currículos.

¿Cómo habitas y construyes espacios cada vez más diversos?

#HagamosQueSuceda para que todos seamos parte. 

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