Una ermita para alivianar el alma

Una ermita para alivianar el alma - Revista Comfama

Rubén abraza la soledad como su mejor compañía

 

Anacrónico o raro, eso es lo primero que se puede pensar cuando leemos las palabras ermita o ermitaño, de hecho, la raíz etimológica griega de estas palabras da origen a lo que en latín se denominó raro o escaso, pero esta historia no tiene mucho de eso, es más bien un relato de la profundidad del ser, de las búsquedas personales que terminan marcando el rumbo de una vida.

Rubén* es un ermitaño religioso de 70 años, quien hace 25 vive en su ermita ubicada en las montañas marcadas y bellas de algún municipio del oriente antioqueño. Primero fue monje y posteriormente dedicó su vida a la contemplación y la espiritualidad, esto en medio del más profundo aislamiento físico.

La vida lo preparó para ese momento, pues desde muy niño sintió la necesidad de buscar en la soledad, el silencio y la espiritualidad eso que quería hacer con su vida. Fue un proceso que estuvo lleno de dificultades y descubrimientos, «llegar a este estado de conciencia es un camino largo, lleno de crisis, dudas y miedos. También de fe y esperanza, de creer que se va a atravesar la nube del no saber, hasta lograr que la soledad bien entendida, amada y haciéndola hermana, sea una compañía a la que le sumamos oración, meditación, concentración e introspección”, puntualiza.

Los monjes, en sus rutinas diarias son solitarios, pero Rubén, vistiendo hábito y llevando una vida monástica tradicional, de estudio, tareas y oración; sentía que quería estar más solo aún, y así fue como desde muy joven empezó su búsqueda que lo llevó a varios lugares del país para conocer experiencias religiosas y ermitañas, dice «decidí encontrar un lugar para construir mi ermita y así vivir en soledad, que es muy diferente a estar solo».

Es un hombre habilidoso para las labores manuales: carpintería, construcción, y electrónica. Él mismo construyó el lugar donde quería estar. Tiene presente que «saberse manejar uno mismo, la mente y el cuerpo, es más importante y valioso que manejar materiales y saberes».

La soledad ha sido la maestra de vida de este ermitaño, quien la abraza como su mejor compañía y de la que ha aprendido lo mejor de sus años de vida, teniendo control de sí mismo y de su mente, en un estado de paz, que le aliviana el alma.

 

*Nombre cambiado por solicitud de la fuente.

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En soledad… desarrollamos coraje y abrazamos la esperanza.

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¿Ves los momentos de soledad como oportunidades para explorar tu espiritualidad?

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Revisado por Ojo de lupa editores.

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