Un largo viaje

David escobar en dibujo Revista Comfama

«Los defectos naturales se combaten con las virtudes adquiridas».
Marquesa de Montpensier

 

Esa noche, en una cabaña de madera, alejada de todo, unos temibles hombres lobo devoraban a la gente en medio de aullidos, gruñidos de placer salvaje y sangre por todos lados. ¡Venían por mí! La escena era insoportable, mucho más para un niño. Grité con todas mis fuerzas… y mis papás vinieron a auxiliarme, a sacarme de esa pesadilla que mezclaba una película de terror, vista sin permiso esa tarde, con el monte cercano a la finca de mi abuela.

Despierto ya, con ayuda de mi papá que me abrazaba, esas imágenes se negaban a apartarse de mis ojos. Recuerdo que tomó una revista de cómics, que entonces apenas comenzaba a hojear, y me la puso en las manos. «Toma, las imágenes y las palabras de estas aventuras ocuparán el espacio de la pesadilla». Así fue como la lectura, en la que me inicié leyendo cómics, me salvó de la peor pesadilla de mi niñez. Pronto pedí más, y llegaron Defoe, Stevenson, y luego muchos otros. Aún hoy, como dijo Borges, siento la lectura como «una de las formas de la felicidad». Ese momento que me introdujo a los libros fue reforzado con una biblioteca en casa y un papá que se sentaba a leer al llegar del trabajo. Los hábitos se construyen con ayuda y desde el ejemplo. A
mi papá, Juan Gabriel, le debo mi afición por la lectura.

Menos lejano, otro recuerdo me hace sonreír mientras escribo. En mi primera visita a la casa extranjera de mi enamorada, una tarde fría, sin mucho que hacer, me dice: «¡Voy a hacer ejercicio!». Observo con atención a esa mujer que, intuyo, adoraré con el alma. Estoy muy enamorado, pero ¿hacer ejercicio?, ¡eso es de otro nivel!

Me cuenta que ella usa unos videos de internet. «Es práctico, me gusta bailar, me divierto y hago ejercicio. ¡Busca algo que te guste!» El nerd que hay en mí busca en internet «Best exercise apps» (mejores aplicaciones para hacer ejercicio). Hago clic, una, dos, tres veces. Encuentro una que me gusta. Propone un plan de 12 semanas, con una encuesta y una prueba como línea de base. Anuncia inteligencia artificial y personalización, así que me suscribo, hago la prueba y termino rendido con esos primeros 15 minutos que me evalúan como: «sedentario». Sigo de una vez con la primera rutina y algo se activa dentro de mí, me gusta esa energía.

Llevo tres años feliz haciendo ejercicio cuatro veces a la semana, progresando poco a poco, sobre una colchoneta o una toalla, en casa, en un hotel, donde esté. Los hábitos se construyen cuando vivimos momentos emocionales de cambio. A mi amada le debo el empujón que me llevó a la disciplina del ejercicio.

Pero no todo es color de rosa. Este mes leí el libro: Why we sleep?, (¿Por qué dormimos?), de Matthew Walker. Supe algo que ya intuía, pero no quería reconocer, y es que duermo menos de lo que debería. Están el trabajo, los compromisos, el tiempo para leer y mil disculpas más, pero en los últimos tres años apenas he logrado pasar de unas cinco horas a un poco más de seis, algo inadmisible desde cualquier estándar médico y psicológico. Por más que trato, no lo logro, siempre tengo algo en el celular, una comida, un libro. Miento, además diciendo que «con seis horas tengo». Este científico, que lleva 30 años estudiando el tema, afirma que debemos dormir entre siete y nueve horas. Mi meta de este año es llegar a ocho, en promedio, con regularidad. ¿Seré capaz o me voy a seguir perdiendo mis sueños?

En Comfama hemos reflexionado, leído y, por supuesto, conversado sobre el desarrollo humano y el bienestar. Estas reflexiones nos llevan siempre a la idea de que no hay avance si no hay acciones, individuales y colectivas, que se conviertan en hábitos; es decir, que se repitan continuamente. Como hemos compartido en este espacio, no existe la felicidad por encargo, empacada para llevar. La construimos cada día con lo que hacemos o dejamos de hacer.

Ni el Estado ni la organización donde trabajamos, ningún tercero, ni siquiera una maravillosa Caja de Compensación como esta pueden ayudarnos si no nos queremos ayudar nosotros mismos. Lo dijo Aristóteles en Ética nicomáquea: «Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, es un hábito». Si alguien nos da libros, ¿los puede leer por nosotros? ¿Si nos dan una beca?, ¿estudiarán en nuestro lugar? ¿Existe cantaleta que nos obligue a hacer ejercicio o dejar el alcohol? Hay cosas que nadie puede hacer en nuestro lugar.

Hicimos esta revista para motivar, primero, la reflexión sobre nuestros hábitos, con actitud de cambio y no de víctimas. ¿Cómo dormimos, comemos, consumimos o nos movemos?, ¿estudiamos o no?, ¿qué sustancias dañinas ponemos en nuestro cuerpo?, ¿cuidamos nuestra alma, nuestra mente, nuestras relaciones y nuestro planeta?, ¿qué hábitos queremos cambiar de nuestra vida?, ¿qué podemos hacer para lograr esta transformación?

También queremos introducir algo de ciencias, neurociencia y sicología, en esta discusión, para comprender que los seres humanos necesitamos ayuda para cambiar y lograr transformaciones, y esta bien puede venir de nuestro contexto social: de la empresa, la familia, los amigos y los aliados que escogemos.

La vida es una larga travesía, en cada jornada creamos la mejor persona que queremos y podemos ser. ¿Y qué es lo más importante para un viaje? La compañía. Así que miremos nuestro barrio, nuestra familia, amigos y empresa y, al observar a la gente tendremos muy buenas pistas de cómo será nuestro futuro. Si escogemos bien, ellos nos ayudan, nos empujan, nos acompañan, nos inspiran, nos enseñan a ser mejores. Por eso, los invitamos a pensar muy bien esas compañías, clave para los nuevos hábitos. ¿Queremos a nuestro alrededor gente que nos enriquezca, nos fortalezca, nos haga mejores o preferimos lo contrario? Dan Buettner, autor de Las Zonas Azules, lo explica muy bien con esta frase, aludiendo a que nuestras relaciones humanas definen mucho de nuestra vida: «Muéstrame a tus amigos y te diré cómo será tu futuro».

3 Comments

  • Hola! Gracias por este artículo; llega en un momento de mi vida donde llevo cuatro meses sin empleo, y estoy luchando por generar hábitos saludables y productivos mientras que busco empleo. Solo hasta que leí este artículo gracias por tus palabras Tan sabias. Gracias

  • Cordial saludo.

    Leí con mucho interés sus revistas números 460 “Discutir para no Pelear” y 463 “Encontrarnos en el Amor”. Como miembro de una familia numerosa y ex-administradora de propiedad horizontal, las encontré interesantes, como material para talleres de convivencia.

    Entendí que uno de los proyectos de COMFAMA era desarrollarlos a través de distintos grupos sociales y por ello, he tratado de contactarlos, misión que ha sido infructuosa.

    Por qué es tan difícil comunicarse?

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«Los defectos naturales se combaten con las virtudes adquiridas». Marquesa de Montpensier   Esa noche, en una cabaña de madera, alejada de todo, unos...
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