Siempre hay tiempo para elegir a qué le prestamos atención

Dolly Longas tiene 95 años y terminó su carrera universitaria apenas a los 66. Una historia acerca de cómo, sin importar la edad, es posible ponerle atención a los propósitos de vida.

 

Cuando Dolly tenía 22 años se casó, pero le quedó una «tusa» por no haber terminado sus estudios, razón por la que años después decidió retomarlos a través de los programas de la Radio Nacional, así terminó el bachillerato.

Por años aguantó las ganas de regresar a la academia, otras obligaciones de la vida requerían su atención, hasta que, en 1986, cuando ya tenía 60, decidió cambiar el enfoque: se atrevió a estudiar gerontología en la Universidad Católica de Oriente. Deseaba «aprender a envejecer».

Al principio su esposo no la apoyó y le dijo que «loro viejo no aprendía a hablar». Sin embargo, cuando se dio cuenta de que ella se tomaba en serio su nuevo proyecto de vida, decidió acompañarla en este camino, bien dicen que cuando uno cambia, el otro también lo hace.
Dolly cuenta que solo perdió dos materias en toda la carrera: costos y presupuesto, e inglés técnico. «Esas dos materias fueron las más difíciles para mí, pero las volví a cursar al semestre siguiente; estudié y me esforcé mucho para poder pasarlas y logré ganar los exámenes». También recuerda que sus compañeros la trataban con mucho respeto y le colaboraban con los trabajos en grupo.

«Me amañé en la universidad desde el primer día hasta el último. Mi anhelo siempre fue hacer mi carrera y por fin estaba cumpliendo ese sueño. El día que recibí mi título sentí como si me hubiera ganado la lotería y le dije a mi marido: si ve que loro viejo aprende a hablar», cuenta Dolly entre risas.

Luego de graduarse, a los 66 años, empezó a trabajar algunos días a la semana en un hogar geriátrico en Envigado, en donde estuvo hasta hace 10 años. Allí, acompañaba a los plenarios en sus caminatas con juegos y lecturas. Además, durante 20 años hizo parte de Tardes de jueves, el taller de literatura para adultos mayores de la Biblioteca Pública Piloto, en donde publicó cuentos como Mi primera Navidad y Debajo del tapete.

Hoy Dolly alienta a su familia y a sus conocidos para que se enfoquen en sus ideales, les presten atención a sus sueños y nunca se escuden en la edad como un impedimento para iniciar un nuevo proyecto.

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