Sí podemos cultivar la amistad en días de COVID-19

Leyner empezó a experimentar episodios de ansiedad en medio de la pandemia. En un momento se vio ante dos caminos, soportar en silencio y resignarse a una vida con miedo o buscar ayuda. Eligió lo segundo. Una historia de cómo cultivar  la amistad en días de COVID-19.

 

Mi nombre es Leyner Camilo López, tengo 28 años y soy comunicador de la Universidad de Antioquia. Vivo en el barrio El Chagualo, junto con mi novia Karol y nuestras mascotas Sandía, Maracuyá y Curuba, dos gatas y una perrita, respectivamente.

Cuando empezó la pandemia se me hizo muy difícil alejarme de las personas que quiero, mi familia, mis amigos y mis compañeros. Mi novia y yo somos muy sociables, nos gusta pasar tiempo con nuestros amigos los fines de semana, ya sea en una discoteca o de fiesta en casa de alguno de ellos.

Innovamos al principio para mantener el contacto con nuestros amigos. Nos hacíamos videollamadas que duraban toda la noche, pero no fue suficiente para mantener el buen ánimo.

Estar encerrado sin saber por cuánto tiempo, la incertidumbre acerca de hasta cuándo tendría empleo y las malas noticias que abundaban en redes sociales y noticieros, donde solo veía hambre y muerte, empezaron a generarme ansiedad y depresión. No quería comer, ni hablar, sentía que me estaba ahogando en mi apartamento, estaba preso de la paranoia. Tenía dos opciones, aguantar en silencio o aceptar, sin ningún tipo de vergüenza, que necesitaba ayuda. Pensé mucho en la salud mental de Karol, sufría por verme así. Decidí consultar a un psicólogo. Su recomendación fue: hacer ejercicio al aire libre.

Empecé a salir de casa, siempre con mi tapabocas y gel antibacterial en el bolsillo, «mis dos guardianes». Cumplí con los horarios y distancias que permitía la ley en mi municipio.Los primeros días me costaba mucho trotar, había pasado mucho tiempo en casa sin entrenar mi cuerpo, así que me cansaba fácilmente. Poco a poco incrementé mi resistencia, mejoré mi ánimo y disfrutaba más cada salida.

Hay amigos de eventos y amigos de vida. En mi caso, Mateo, Juan Camilo y Diego me demostraron que son del segundo tipo. En algún momento pensé que, tal vez, solo nos unía la fiesta, pero ellos me dieron un regalo, el de la presencia, decidieron voluntariamente empezar a acompañarme en mi proceso para manejar la ansiedad. Comenzamos a salir los domingos a trotar o a practicar un poco de senderismo. Se convirtió en una cita inaplazable.

Sabemos que encontrarnos, ejercitarnos, conversar y vivir nuestra amistad depende de que nos cuidemos, por eso antes de vernos evaluamos si alguno tiene síntomas, al vernos mantenemos una distancia física de dos metros y usamos el tapabocas siempre. También cargamos gel antibacterial para lavar nuestras manos, durante cuarenta segundos, cada que tocamos alguna superficie o cada tres horas.

Mateo, Juan Camilo, Diego y yo entendimos que podemos conservar y alimentar nuestra amistad si nos cuidamos, aún en tiempos de pandemia.

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Elijo vivir… para rencontrarnos con nuestros amigos y cuidarnos responsablemente.

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¿Tus amigos son responsables con su cuidado?, ¿los aconsejas?


Las ilustraciones de esta edición de la revista Comfama hacen parte de S.O.S Creativirus, una convocatoria realizada por Universo Centro para que los artistas pudieran expresarse en época de aislamiento.

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