Sexualidad, erotismo y amor

ilustración david escobar para Comfama
No hay amor sin erotismo como no hay erotismo sin sexualidad. Pero la cadena se rompe en sentido inverso: amor sin erotismo no es amor y erotismo sin sexo es impensable e imposible. Octavio Paz - La Llama Doble

En la casa de mis papás nunca se habló de sexo. Alguna vez Juan Gabriel se inclinó sobre nosotros en una noche de luna, en medio de una lectura de poemas y nos susurró, sin explicar gran cosa, los misterios del placer carnal. No quería que mi mamá lo pillara transgrediendo. El cuerpo, que, en este catolicismo de las montañas se decía sagrado, no se podía usar sino para lo más funcional y prosaico.

Varios años después, mi papá dijo delante de los presentes en una reunión familiar: “David sabe todo sobre sexo, porque ha leído lo que estaba prohibido para nosotros cuando teníamos su edad”. Todos rieron. Yo quedé confundido y desautorizado para preguntar. ¿Qué podía saber un niño de once años de la insondable sexualidad humana, con tan solo leer unas novelas y algunos poemas? El Amante de Lady Chatterley, Las Memorias de Giacomo Casanova, Poemas de Sor Juana Inés de la Cruz, El Hombre al Desnudo de Desmond Morris y hasta El Tao del Sexo y el Amor. También tuve acceso a la colección de revistas pornográficas que mi primo mayor
guardaba bajo su cama. El mundo de mi juventud estuvo lleno de información, pero como escribió Octavio Paz: “el gran ausente de la revuelta erótica de este fin de siglo ha sido el amor.” En esas revistas no había amor ni erotismo y pronto me aburrieron. Desde luego, el amor sí estaba en la buena literatura, sobre todo en la poesía, pero a esa edad aún no estaba preparado para encontrarlo.

Cuando me enfrenté, lleno de ignorancia y hormonas, a los recovecos del sexo, me sentí perdido. No tenía a quién preguntar. Las clases del colegio hablaban de lo funcional: procreación, anticoncepción y protección. Pero nada oí sobre placer, magia, juego, espiritualidad o amor. Hablar con los amigos no era muy útil. Internet llegó después y hubiera empeorado la cosa. De esa manera, el camino de exploración y aprendizaje en mi vida adulta ha sido
largo y accidentado. Solo diré, para cerrar esta historia, que hoy soy feliz, y siento que vivo en paz, dicha, comunión y exploración permanente de los misterios de la piel, que para mí son también los del espíritu y del amor.

Los antioqueños hemos sido, corro el riesgo de generalizar, una sociedad pacata, solapada, materialista y comerciante. Por eso mismo, la reflexión sobre sexualidad, erotismo y amor, del poeta mexicano en su ensayo La Llama Doble es tan necesaria hoy. No podemos quedarnos atrapados en los tapujos del pasado, pero tampoco queremos pensar que el erotismo sin consciencia engendra verdadera libertad.

Recorramos juntos ese texto, hilando algunas de sus ideas e imágenes más importantes invitando a una reflexión contemporánea sobre nuestra sexualidad.

No es lo mismo sexo, que erotismo, o amor.

Sexo, erotismo y amor son aspectos del mismo fenómeno, manifestaciones de lo que llamamos vida. Ambos, el amor y el erotismo – llama doble – se alimentan del fuego original: la sexualidad.

Hasta donde sabemos, nos diferencian de otras especies el amor y el erotismo:

La sexualidad es animal; el erotismo es humano.

Porque, entre otras cosas, el erotismo está íntimamente ligado a la creatividad:

El erotismo es invención, variación incesante; el sexo es siempre el mismo.

Luego, para introducir la infinita belleza creadora dentro de la sexualidad humana dice:

La relación entre erotismo y poesía es tal que puede decirse, sin afectación, que el primero es una poética corporal y que la segunda es una erótica verbal.

Además, viene el vínculo entre erotismo, libertad y el papel de la mujer en la construcción de la idea occidental del amor:

La historia del amor es inseparable de la historia de la libertad de la mujer.

Porque cuando las mujeres pudieron decidir sobre su vida y su cuerpo:

El ´objeto erótico´ comenzó a transformarse en sujeto.

Sin libertad, queda solo violencia. Las decisiones eróticas se toman ejerciendo la libertad. Sexualidad sin libertad es explotación y crimen:

“El amor es una apuesta, insensata, por la libertad. No la mía, la ajena.”

Así, el erotismo se convierte en una puerta hacia las posibilidades humanas:

El más allá erótico está aquí y es ahora mismo. Todas las mujeres y todos los hombres han vivido esos momentos: es nuestra ración de paraíso.

Por otro lado, advierte de los riesgos del culto al cuerpo por el cuerpo, sin ninguna otra intención:

La revolución del cuerpo ha sido y es un hecho decisivo en la doble historia del amor y el erotismo: nos ha liberado pero puede también degradarnos y envilecernos.

Finalmente, diré que esta edición de el informador la hacemos porque en Comfama queremos hablar de sexo. Aún más, queremos conversar sobre erotismo, para comprenderlo y disfrutarlo. Somos incluso más ambiciosos: proponemos un nuevo diálogo sobre el amor de parejas, de cualquier tipo de pareja. Soñamos con que cada vez más personas ejerzan su libertad para decidir amarse. Luego jueguen con su imaginación para hacerlo con delicia y, finalmente, abran su ser para explorar los confines del alma humana, como cometas que logran elevarse solo porque alguien las atrae desde la tierra.

Por eso, para celebrar esta invitación que hacemos desde Comfama, quisiera terminar este editorial con esta última cita, para completar este homenaje a un gran latinoamericano que nos habló sobre un tema que jamás había sido tratado en nuestra lengua con tanta erudición, belleza y humanismo.

El amor humano, es decir, el verdadero amor, no niega al cuerpo ni al mundo. Tampoco aspira a otro ni se ve como tránsito hacia una eternidad más allá del cambio y del tiempo. El amor no es amor a este mundo sino de este mundo; está atado a la tierra por la fuerza de gravedad del cuerpo, que es placer y muerte.

 

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No hay amor sin erotismo como no hay erotismo sin sexualidad. Pero la cadena se rompe en sentido inverso: amor sin erotismo no es amor y erotismo sin sexo es impensable e imposible. Octavio Paz - La Llama Doble
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