¿Sentir angustia me hace menos hombre?

Cortinas, obra de Óscar Muñoz
Fotografía: ‘Cortinas’ © Óscar Muñoz / clavoardiendo-magazine.com

«Los hombres no sienten», ese fue uno de los comentarios con los que creció David. Luego, ante una crisis de nervios, él tuvo que hacerse una pregunta difícil: ¿sentir angustia me hace menos hombre? Una historia de valentía para recobrar el control de sus emociones.

 

La Red de amor, cuidado y salud mental de Comfama reveló que, en el último mes, de 5.384 personas atendidas, solo el 25% fueron hombres: si bien la cifra no es alta, son cerca de 1.300 individuos que aceptan mostrarse vulnerables y no por eso dejan de ser hombres.

David es especialista en gerencia de salud ocupacional, por lo que debía estar al tanto de estrategias y de toda la información posible acerca de la COVID-19 para cuidar a sus colaboradores. Eso tuvo consecuencias para él: el exceso de información negativa empezó a generarle angustia, comenzó a imaginar diversos escenarios, todos «tenebrosos» para él, su familia y sus amigos.

Sintió miedo cuando salía, un temor indescriptible de contagiarse y, por ende, de trasmitir el virus a sus familiares. Las malas noticias lo acechaban en el celular, en el televisor, en la radio y en la calle. Perdía esa estabilidad, esa fuerza, esa disciplina que siempre lo habían caracterizado.

Su novia, quien empezó a notarlo decaído, sabía de la Red de amor, cuidado y salud mental, le explicó que allí orientaban a las personas que, a causa de la pandemia, requerían acompañamiento y asesoría psicológica. Ella le sugirió que llamara.

¿Qué van a decir de mí?, ¿será que si llamo soy menos hombre?, ¿los hombres tenemos derecho a sentir angustia? Fueron preguntas difíciles que empezaron a rondar su mente, estaba influenciado por la cultura, predominantemente machista, en la que la mayoría crecimos.

Mientras más se cuestionaba, más sentía la necesidad de hablar con alguien. Recordaba esas enseñanzas de la niñez acerca de la valentía del hombre y de su capacidad de resolverlo todo. Fue así como decidió capitalizarlas, usar esa misma «valentía» para levantar el teléfono y pedir ayuda.

Esa llamada valiente le dio un giro positivo a su situación. A partir de ahí, recobró su seguridad y hasta descubrió habilidades y pasiones que antes no conocía, por ejemplo, ahora la pintura le permite controlar la ansiedad.

Hoy se siente más tranquilo, en control de sus miedos y como dice su psicólogo «consciente de la realidad».

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Incomodarse para crecer… Recibir ayuda y recobrar el control de nuestras emociones

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