Sanar para evolucionar

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La ciencia lo ha dicho: el perdón ayuda a reducir el estrés y el dolor. Los beneficios físicos y mentales de esta acción pueden permitirnos avanzar, sanar e incluso terminar la vida más livianos.

Liberación. Aceptar lo que se siente. Saldar deudas. Hay muchas formas de abordar el perdón, un tema que ha sido estudiado por múltiples corrientes: la filosofía, la religión y la ciencia; esta última se ha dedicado a investigar cómo incide en el equilibrio emocional, físico y mental de las personas.

De acuerdo con sus hallazgos, el cúmulo de emociones negativas afectan el sistema nervioso, el cardiovascular y el inmune. Por ello, el proceso de perdonar permite reducir el estrés, la presión sanguínea, el enojo, la depresión y el dolor y, además, puede elevar el optimismo, la compasión y la vitalidad física.

Ese perdón también se traduce en resolver esos pendientes que no permiten avanzar. Frederic Luskin, director del proyecto Forgiveness, de la Universidad de Stanford —uno de los trabajos que mayores evidencias han ofrecido acerca de este tema—, dice que “el perdón, como otras emociones positivas como la esperanza, la compasión y la apreciación, es una expresión natural de nuestra humanidad”.

Según él, toma tiempo y uno debe tener plena conciencia de ello para evitar ejercer presión sobre sí mismo y “dejar que las heridas sanen y que la mente se recupere del trauma”. Agrega, además, que “estar herido en el alma es un dolor que se siente en el cuerpo y como tal es tomado como una amenaza por el organismo, que se activa y libera sustancias ante su presencia”.

“Perdonar activa las partes más evolucionadas de nuestro cerebro, como la corteza prefrontal y la corteza cingulada posterior, que se ocupan de la resolución de problemas, la moral, la comprensión de los estados mentales y emocionales de los demás, y el control cognitivo de nuestras propias emociones”.

Proyecto Forgiveness Universidad de Stanford

Sanar al final del camino

Diana Ospina Cano, médica especialista en Dolor y cuidados paliativos, se encuentra a diario con pacientes que no han tenido la oportunidad de sanar lo que ha ocurrido en sus relaciones. “Muchas veces estamos con gente en la fase terminal de su vida y en este periodo el perdón toma mucha relevancia, dado que después de manejar sus síntomas físicos, ellos necesitan pedir perdón porque quieren irse dejando resueltas sus cosas y, también, porque necesitan perdonar”.

De acuerdo con su experiencia, “cuando existe la culpa, vemos que no se desprenden, ni pueden cerrar sus procesos vitales”. Además, se vuelve esencial que se perdonen a sí mismos. “Ese perdón los lleva a trascender porque no se trata de perdonar para seguir, sino para sanar y terminar bien su ciclo vital”.

Una de las historias que más recuerda y conmueve a Diana es la de Andrés*, uno de sus pacientes, quien vivió un proceso de sanación al resolver un pendiente.

El sueño de la mamá de este joven era que su hijo fuera profesional. Como trabajadora de oficios varios, se esforzó durante años para que él pudiera abrirse camino a través de la educación. Andrés comenzó a estudiar derecho, sin embargo, al final de la carrera le diagnosticaron un cáncer avanzado con muy poca probabilidad de tratamiento. Su mamá se quedó con la tristeza por haberle exigido de más; y él con la culpa de no haberle cumplido ese sueño.

Gracias al equipo de cuidados paliativos y del que hace parte Diana, ambos tuvieron la oportunidad de cerrar este pendiente. “Nos comunicamos con la universidad y la entidad accedió a graduarlo, y Andrés y su mamá sanaron eso que estaban sintiendo y no se atrevían a hablar”, relata Diana.

Recuerda también que ese día: “lo llevaron en ambulancia para el grado y volvió al hospital después. Toda la familia estaba ahí y fue un momento de celebración. La mamá estaba muy orgullosa porque era la primera persona en la familia que se hacía profesional”.

Y como la gratitud y el perdón siempre van de la mano, Andrés finalmente le entregó el diploma a su mamá y le dejó ese legado a su hija, de 5 años. Después de eso y a sus 29 años, se pudo ir tranquilo.

Diana está convencida de que el perdón sana: “cuando no se da, hay más sentimientos de culpa que generan más sufrimiento en la vida y al final de ella. Y ese sufrimiento también queda en las personas que hay alrededor. Entonces yo creo, sin duda, que uno perdona para sanar”.

¿Perdono para sanar o sano cuando perdono?

Juan Camilo Arias Castrillón, psicólogo, magíster en Psicología, dice que una de las cosas más importantes es deshacerse de ese rencor con un manejo consciente. “cada quien va construyendo, sin fórmulas mágicas, su propia manera de perdonar y de elaborar las acciones que tenga que hacer con esas emociones negativas”.

Igualmente, dice que se presenta una dualidad constante entre “sanar para perdonar y perdonar para sanar […] hay una dimensión en la que para sanar hay que perdonar y por eso es necesario deshacernos de las rabias, las angustias y el dolor y hacer una elaboración para sentirnos sanos. No obstante, también hay una dimensión en la que solamente quien tiene cierto nivel de responsabilidad sobre sí mismo, es capaz de perdonar”.

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La ciencia lo ha dicho: el perdón ayuda a reducir el estrés y el dolor. Los beneficios físicos y mentales de esta acción pueden permitirnos avanzar, sanar e incluso terminar la vida más livianos.
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