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Resolver
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Resolver

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«Es fascinante que, como especie y como cultura, seamos brillantes imaginando nuestra extinción, nuestro fin. Hacemos películas sobre cómo seremos destruidos por zombis, bombas nucleares, enfermedades, robots, extraterrestres o pequeños gremlins (…) pero ¿dónde están las historias sobre cómo cambiar las cosas, resolver el problema?»  

Rob Hopkins, en el documental Demain (Mañana) de Cyril Dion 

Llega el esperado final de un largo día. La mujer suspira y se deja caer sobre su sillón. El gato, a dos pasos, la mira fijamente. Ella prende la televisión, la pantalla parpadea imperceptiblemente y aparece un presentador de noticias. Al lado del rostro del periodista se ve la imagen del edificio del Congreso. El hombre afirma con mirada seria: «La historia del día: nadie hizo nada acerca de aquello sobre lo que usted quería que otros hicieran algo». El rostro de la mujer que mira el noticiero lo dice todo: ojos abiertos de par en par, brazos rígidos y boca crispada con algo de amargura.  

Describo una caricatura de David Sipress en New Yorker hace pocos días. El mensaje es claro: esperamos mucho de los líderes, pero hacemos poco nosotros mismos. Se nos olvida que es posible movilizar cambios no solo desde el poder formal sino desde muchos otros espacios como la familia, la empresa o la escuela. La mujer podría ser cualquiera de nosotros, la imagen aplica para cualquier país, el Congreso podría ser el colombiano y las noticias, tener nuestro particular acento. A muchos nos preocupan los problemas del mundo, del país, de la ciudad y del barrio; se trata de nuestro entorno, nos debe importar.  

La pregunta, sin embargo, no es cuánto nos preocupamos sino cómo nos ocupamos. Nos pasamos los días mirando hacia el poder económico y político esperando y exigiendo resultados, cambio, progreso y soluciones a los problemas que nos aquejan. Aclaro que está bien, es necesario exigir al poder, ni más faltaba. El que más puede que aporte más y el que quiere poder político que asuma sus responsabilidades. Pero ¿será que estamos olvidando la fuerza arrolladora de lo pequeño, sobre todo cuando es bello y con propósito?  

Miremos el valor del emprendedor que en un garaje crea algo que solucionará más problemas sociales que la más comprometida y seria fundación o el más poderoso líder político; valoremos a la comunidad que decide adueñarse de su destino; celebremos la potencia de esa organización de la sociedad civil que construye confianza en un mundo que desconfía sistemáticamente. Valoremos a los que se atreven, miremos hacia ellos, emulémoslos, apoyémoslos, escalemos sus soluciones a un nivel superior.  

Hacemos esta Revista Comfama porque creemos en las soluciones, en el poder de lo local, de lo emergente, del emprendimiento, de la comunidad. Lo más grande y lo más valioso comienza, normalmente, invisible y diminuto. Ante desafíos sociales y económicos inmensos como el cambio climático, la degradación ambiental, el hambre y la exclusión, se requieren grandes transformaciones sociales y soluciones de gran escala. Es posible que estas transformaciones estén emergiendo a partir de pequeños milagros que gente con coraje construye lentamente con la paciencia de los días, quizá esas historias de solución estén en nuestro entorno, esperando a que las veamos, luchando incesantemente contra la adversidad.  

En el documental Mañana, una de nuestras inspiraciones para hacer esta revista, alguien dice: «Es muy posible que las grandes soluciones ya estén acá, entre nosotros, funcionando bien en algún rincón del planeta, debemos buscarlas». Por esto, queremos invitar a empresas y a familias a hacerse cargo, a asumir los grandes retos del país y de la especie humana desde su propio entorno. Nos ilusiona provocar en los líderes un ejercicio de afinar la mirada y ajustar el encuadre, de prestar atención a las pequeñas soluciones, a los éxitos locales; quizá su tarea no sea crear un mundo nuevo desde cero, sino permitir que el que está apenas naciendo rompa exitosamente su cascarón. 

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  1. El optimismo y la actitud positiva deben primar en nuestra conducta diaria, solo así podremos transformar para bien nuestra realidad diaria. Fomentemos lo bueno y no hagamos eco de las noticias fatalistas y dañinas

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