Reimaginar: un regalo para el futuro que se construye en el presente

ilustración david escobar Revista Comfama

Este mes la revista Comfama es diferente. No llegará hasta sus casas impresa; pero, seguirá siendo compañera. No podrá tocarse; pero, sí compartirse. Desde la virtualidad nos conectará con conversaciones y con preguntas. Con reflexiones que comenzarán en nuestra página web, correos electrónicos y redes sociales, y que queremos que lleguen hasta sus casas, hasta sus mesas, hasta sus familias.

Conversemos sobre el cuidado, la compasión, la solidaridad y las escalas de valores que nos unen como humanos. Dialoguemos en familia, con amigos y compañeros de trabajo sobre la esperanza y el regalo que hoy nos da la vida: la posibilidad, única, de reimaginar nuestro futuro. De reinventarlo desde el presente.

Además de invitarlos a ver nuestra entrevista editorial, como hemos decidido llamarla, también compartimos con ustedes algunas reflexiones de esta conversación entre David Escobar Arango, director de Comfama, Claudia Restrepo Montoya, responsable de capacidades y Perla Toro, responsable de comunicaciones.

Primero, el cuidado

Perla:

«Durante estos días, tal vez, nos ha quedado una reflexión enorme y es la importancia del autocuidado, también la de cuidar a las personas que están cerca de nosotros desde diferentes escenarios, desde la solidaridad y desde los “círculos” que nos rodean.

¿Cuál es el papel del cuidado en esa escala de valores que estamos proponiendo para esta editorial de la revista?».

David:

«Cuando comenzó la crisis generada por la COVID-19, una de las primeras preguntas que nos hicimos en Comfama fue cómo nuestro propósito superior –el de consolidar, expandir y cualificar la clase media– podía acompañar y se iba a expresar en un momento tan especial de la historia del planeta, de nuestro país y de la región.

Una de las primeras intuiciones que tuvimos fue que la palabra cuidado era esencial para poder seguir alineados y continuar caminando esa ruta infinita del propósito. Teníamos que cuidar a esa clase media y a las organizaciones empleadoras socialmente conscientes. Lo primero que se nos ocurrió, entonces, fue comenzar a ejercer el cuidado en nuestro primer círculo de influencia: nuestra gente, quienes trabajan para y con Comfama. Entre ellos hay un grupo muy especial de quienes hoy en día se habla como héroes, yo diría que, además de héroes, son un símbolo de la resiliencia de la humanidad en un tiempo como este. Me refiero a las personas que trabajan en el sector salud.

Así empezamos un ejercicio al que me refería y refiero como unos círculos concéntricos, donde en el centro están las personas que trabajan con nosotros y, a renglón seguido, están las personas afiliadas, las organizaciones que nos sirven como proveedoras o aliadas, las empresas y empleadores afiliados y, por supuesto, la responsabilidad que Comfama tiene con la comunidad y con la sociedad en general.

Esos fueron entonces nuestros círculos de cuidado, a los que pusimos al lado de lo que yo llamo de una manera muy simple una escala de valores. Ante un problema tan delicado como este, un desafío como el que tenemos al frente, lo primero que debemos tener claro es ¿qué es lo más importante? Para nosotros: la vida, la vida humana, la salud y después, por supuesto, lo socioeconómico y lo empresarial. Todo es importante, todo forma parte de un sistema, pero fue clave acordar que, al encontrarnos con algún dilema, siempre elegiríamos la vida y la salud.

Así fue como nos movimos estos días, en nuestras gestiones, en nuestras tareas, en nuestros mensajes».

Claudia:

«Una de las conversaciones que hemos tenido como equipo, alrededor de estos círculos de cuidado, es que están atravesados por una cadena de valor, un ecosistema cercano, “lo próximo”. Y es que, si nosotros somos capaces de cuidar lo que tenemos cerca, nuestros grupos familiares, las personas que nos rodean, vamos generando un halo creciente de solidaridad y de compasión.

Si entendemos la compasión no como la piedad de ayudar y de donar, que es muy importante y valioso en estos días, pero más bien se trata de evitar el sufrimiento de quienes nos rodean y ser empático, con ese estado de vulnerabilidad en el que podemos, en algún momento, estar todos. Tú me decías en estos días algo que me pareció precioso: “La brújula moral, aquello que está en el corazón de nosotros y rige nuestras actuaciones”. Eso es vital porque cuando hay dilemas como estos frente a una crisis, frente a momentos donde hay que tomar decisiones, finalmente lo que sale de nosotros es lo que nos rige, y en ese sistema de valores hemos encontrado que el próximo no solo se trata de nuestro hijo, hermano o mamá, sino que es una cadena que se extiende de tal manera que toda la sociedad termina “aproximándose” en una situación como estas. Aproximándonos con amor, cuidado y compasión. Eso es lo que uno espera, que estos retos saquen lo mejor de cada uno de nosotros, que saquen a la luz a nuestros ángeles.

En uno de nuestros diálogos yo te escribía que Sartre había dicho que “lo peor de las epidemias no era la muerte de los cuerpos, sino la desnudez de las almas”. Por eso creo que esta es una gran oportunidad para que al desnudarse, nuestras almas nos convoquen a ser próximos, a ser compasivos con quienes nos rodean para poder generar una red solidaria de acompañamiento y cuidado entre todos».

David:

«A mí me gusta mucho la etimología de la palabra compasión, en estos días la recordábamos y es “ser capaz de sentir la pena, el dolor y digamos, incluso, con ternura, lo que el otro está sintiendo”. Solo cuando somos capaces de ponernos en los zapatos del otro podemos actuar en consecuencia. Yo creo que eso también es lo que hemos dicho: la compasión como guía de las acciones de los líderes políticos y empresariales. Pero todos podemos ser líderes. Los indígenas del Amazonas dicen “desde nuestro banquito”, esto también aplica para los líderes del hogar o los líderes de la propia vida.

Y la expresión que tú señalas de la brújula moral va a ser muy importante porque estamos en una época donde es normal tener miedo, no es pecado, no es problema, no es inhumano, es lo más humano que hay. Y como conversábamos esta semana, que se nos juntaron todos los miedos o muchos de los miedos más grandes que puede tener un ser humano, el miedo a perder a las personas que amamos, por ejemplo, el miedo a morirnos o el miedo a no tener suficiente dinero para responder por nuestras responsabilidades y por el sostenimiento nuestro y de nuestros familiares.

En este momento de miedo sí que necesitamos brújula, porque es muy fácil perderse con las cosas que nos dicen, con los gritos que profieren algunos o con las preocupaciones de otros. Yo creo, que ese sería el primer tema en esta revista, esa ética de la compasión, esa ética del cuidado, esa ventana que se nos abre y que nos permite reflexionar sobre lo humano. David Brooks decía, en el periódico norteamericano The New York Times, que en las pandemias la gente tiende a volverse dura, más cruel, más xenófoba o discriminatoria, porque el mundo empieza a dividirse entre los que se han enfermado y los que no se han enfermado, los inmunes y los no inmunes. Por ejemplo, hemos visto cómo en algunos países, incluso en Medellín, hubo un caso en el que personas que parecían ser del continente asiático comenzaron a ser discriminadas. También han sido discriminadas personas que trabajan en el sector salud porque han estado más expuestas.

Si uno no tiene clara esa brújula moral y esa escala de valores, va a ser muy difícil entender que esa no es la manera como debemos responder, sino lo peor que podemos hacer. En la pandemia tenemos la oportunidad de sacar lo mejor que tenemos adentro».

Claudia:

«Además, hay una cosa muy bonita sobre la suma de los miedos de la que hablabas. Una de las cosas que uno aprende, si trabaja sus emociones, es que el miedo cuando se transmuta en algo bueno se convierte en cuidado y en protección. Es decir, si nosotros somos capaces de transmutar el miedo, no en lo negativo, que es lo que nos hace huir o atacar y nos damos la oportunidad de transmutarlo en cuidado y en ser más cautos, eso hace que empecemos a actuar. No se trata de evitar la emoción, porque la emoción es natural en todos nosotros, sino de aprovechar lo mejor que esa emoción nos puede ofrecer, en este caso, cuidado y atención para los que nos rodean y para nosotros mismos».

Segundo, el futuro reimaginado

David:

«Creo que también podemos empezar a hablar un poquito de preguntas, porque más que respuestas tenemos preguntas sobre cómo va a quedar el mundo o sobre cómo lo vamos a reinventar. Yo siempre me acuerdo de esa frase que aprendimos con Aldo Cívico y qué nos recordaba que “las emociones son información”, y que los seres humanos tenemos emociones porque fueron importantes y son importantes en nuestro proceso evolutivo y de vida. Entonces, lo que debemos hacer, en vez de reaccionar, es escuchar ese mensaje, y el mensaje del miedo es “cuídese”. Me parece un buen círculo: si siente miedo, cuídese y cuide a los demás.

Perla:

«Cuando llevamos este tema desde lo que hemos hecho en Comfama hasta una reflexión más filosófica, dentro del tema del cuidado y la compasión, hay una palabra que se repite y que sigue estando en el centro y es la vida.

En este momento cada que leemos las redes sociales encontramos muchas preguntas y unas reflexiones muy bellas alrededor del día en el que nos dimos cuenta de lo que en realidad era importante. Entonces empezamos a preguntarnos por las personas, por lo colectivo y a poner la vida en el centro, nos preguntamos también por la naturaleza y empiezan a existir reflexiones que se vuelven importantes  cuando hablamos de construir el futuro, de reimaginarnos gracias a la gran oportunidad que nos está dando este momento.

¿Qué tal si nos preguntamos acerca de qué es lo importante ahora? y, adicional a eso, ¿cómo van a cambiar las cosas?, ¿cómo evaluamos nosotros lo que estamos aprendiendo hoy?, ¿cómo imaginamos que podemos tomar ese capital para construir un mundo diferente?».

Claudia:

«Siempre he pensado algo, filosóficamente hablando, y es que el futuro se construye en el presente. Y siento que, en la medida en la que hoy seamos capaces de responder transmutando nuestras emociones de miedo en cuidado, que seamos capaces de empezar a reinventarnos en nuestro día a día, porque nuestros comportamientos empiezan a variar, muchos de nosotros estaremos resignificando un montón de tareas que usualmente no hacemos. Entonces creo que para poder imaginarnos un futuro distinto y empezar a construirlo, una de las primeras tareas es ver cómo lo construimos desde nuestra presencia, nuestro presente, de cómo vivimos esta realidad hoy, porque en últimas, lo que viene no es algo que se construye solo, es algo que se construye desde el actuar, desde una consciencia del presente muy marcada, en la medida en que no huyamos a esta realidad que nos permite resignificarnos hoy… ¿cuántos de nosotros estamos llamando más a nuestros papás en estos tiempos?, ¿cuántos, ante el extrañar al otro, estamos conversando con amigos con los que no conversábamos antes? Esto nos ha puesto un sentido de urgencia, de que hay un momento en el que uno no puede volver, no es tan fácil volver a encontrarse con otro. Si somos capaces de que eso, en plena consciencia, nos genere unos cimientos profundos, nos va a permitir proyectarnos y reinventarnos mucho más».

David:

«Lo que nosotros, básicamente, estamos diciendo es: hoy en día es normal sentir incertidumbre porque estamos en un momento de cambio tan rápido y tenemos tantas preguntas, algunas tan profundas como ¿cómo será nuestra relación con la naturaleza?, ¿cómo se transformarán nuestras relaciones sociales y familiares?, o ¿cómo se transformará el mundo del trabajo? También es normal, por ejemplo, en un momento de aislamiento, donde todo el mundo lo vive distinto, hay quienes lo viven solos, hay otros que viven en unas condiciones socioeconómicas bastante extremas, mientras otros lo viven con algo más de comodidad. Sin embargo, todos compartimos el silencio, todos compartimos cierta dosis de soledad, de eso surgirá una pregunta de ¿cómo será nuestra vida espiritual en una sociedad occidental como la colombiana después de esto? Y en la vida que nosotros tenemos como organización también nos estamos preguntando cómo será el viaje, cómo será el ocio o será la educación, nos preguntamos cómo será el hábitat, incluso, porque si las casas tienen que estar preparadas para pandemias y para aislamientos, pues tenemos que pensar, incluso, que su diseño es diferente.

Hay muchas preguntas, una muy importante que apenas empieza a surgir es, por ejemplo, ¿cómo van a ser nuestras relaciones o nuestro sistema socioeconómico y político?, ¿cuál es el rol del Estado? Ahora los Estados están viéndose ante un desafío inmenso de controlar un problema de salud pública que no veían desde la gripe española, a principios del siglo xx, y eso solo fue en Europa, pero tuvieron que transformarse.

Leía ayer, por ejemplo, que los sistemas de salud europeos, de los que somos todos un poco herederos en nuestros países, se diseñaron y se construyeron después de esa durísima experiencia en donde murieron, entiendo yo, más de 50 millones de personas. Entonces, nosotros lo que decimos es, no nos asustemos ante la incertidumbre, que es normal sentirla, pero la única actitud que podemos proponer en Comfama la aprendimos el año pasado cuando celebramos nuestros 65 años, la llamamos posibilismo, la aprendimos del profesor Steven Pinker. Donde decíamos que el pesimismo tiene algo de irracional porque no nos ayuda a entender que los seres humanos y la sociedades tenemos agencia, tenemos margen de acción sobre nuestra propia existencia, no la manejamos al ciento por ciento; pero claramente algo podemos hacer.

El pesimismo desconoce que organizaciones y personas enfocadas, coordinadas y cooperando solidariamente, han podido resolver problemas impresionantemente grandes y desafiantes en el pasado, ¿por qué no hoy? Entonces nos ponemos en ese punto medio que es el posibilismo.

Nosotros sí creemos que vale la pena hacerse preguntas alrededor de la imaginación y la reinvención. Obviamente, para uno poder reinventar, primero debe imaginar. Y esa es la invitación que estamos haciendo en esta edición, a partir de preguntas… y es que, a partir de historias humanas, trabajemos y conversemos sobre ese futuro.

A nivel social y político esta es una gran oportunidad para hacernos la pregunta de cómo tienen que ser estas democracias o cómo tiene que ser el sistema de salud, de cómo tiene que ser la movilidad en las ciudades. Cada uno tendrá las suyas, las que le apasionan más o las que le duelen más, pero de esas preguntas queremos que empiecen a surgir conversaciones. No para generar más ansiedad sobre el futuro, sino porque nosotros hemos encontrado que su visualización, con un nivel de estructura y a partir de conversaciones y de lecturas, permite que uno mismo vaya creándolo. Yo soy fan de Abraham Lincoln que siempre dijo: “El futuro lo creamos nosotros”, y creo que ese es el mensaje que queremos dar. Por supuesto, desde el presente.

A nivel organizacional en Comfama, alguien dijo en una reunión “no, después cuando salgamos de la crisis hablamos del futuro”» y la respuesta de muchos de nosotros fue “no, es que del futuro estamos hablando todos los días”. Cada que tomamos una decisión ética, como organización, por ejemplo: no despedir a nadie o ayudarle a nuestros proveedores, o cuidar con elementos de protección y suplementos vitamínicos, con llamadas y con mucho amor a quienes trabajan en salud, ya estamos creando ese futuro. Cuando decidimos, entonces, relacionarnos con la naturaleza de otra manera en estos días de aislamiento, ya estamos creando ese futuro».

Perla:

«Hace días  conversábamos en el equipo de comunicaciones y uno de los integrantes que se llama Carlos Julio decía que la mejor forma de empezar a reimaginar ese futuro era haciéndonos la pregunta de ¿qué bueno hemos aprendido hoy? Creo que esa es una reflexión supremamente importante que no podemos olvidar porque es la base de esa consciencia, de esa posibilidad de reimaginar».

Tercero, los ángeles que nos habitan. La esperanza

Perla:

«A mi la palabra ángeles en particular me parece bella. Creo que todos hemos visto algún caso de solidaridad o de ayuda, sea desde la familia o desde las empresas. Yo empezaría por el empresariado, donde muchas compañías en este momento están sosteniendo sus estructuras para que sus trabajadores estén bien. De esas acciones parte un agradecimiento enorme que hace tiempo no veía alrededor del tema del trabajo como ese escenario que nos dignifica. Esa es una conversación frecuente por estos días,  la de levantarse con la tranquilidad de tener algo en qué trabajar.

Hay otros casos fantásticos, por ejemplo, en Comfama, hay una personera del preescolar de Caldas de cinco años de edad que se llama Ana Belén. En estos días nos llegó su historia a través de WhatsApp. Ella estaba un poco angustiada, por la separación física porque no quería que se tradujera en separación emocional, esto en palabras de adulto. El caso es que Ana Belén les propuso a todos sus compañeros que hicieran un arcoíris y lo pusieran en las ventanas o en las puertas de sus casas como una muestra de esperanza. Ya hemos recibido más de 250 arcoíris, 250 fotos, incluso la propuesta de Ana Belén llegó hasta Estados Unidos con la ayuda de su profesora y de sus papás que están ejerciendo, no solo el rol de padres, sino también el de maestros en casa.

Esas pequeñas acciones lo llenan a uno de esperanza y es de lo que uno debería aprender en este momento».

David:

«Están saliendo a la luz esos ángeles que todos llevamos adentro. Todas esas empresas que cuidan a sus trabajadores y a sus proveedores, cuando una persona vive en una urbanización o en un edificio, y una persona le ayuda a un adulto mayor para que pueda tener su fórmula médica o le hacen un almuerzo a la persona que vive sola».

Claudia:

«Sí. A mí, por ejemplo, me ha encantado la transformación en lo cotidiano y los ángeles que han aparecido en ese ejercicio de vecindad. Yo vivo sorprendida con el caso de la vecina que va y les hace las vueltas a las personas en el edificio, los papás que han tenido que hacer de profesores, y no creo que haya un momento en el cual valoremos más el trabajo de un profesor que hoy, cuando todos hemos tenido que, de alguna manera, hacer las veces de estos. Entonces hay una reivindicación de los oficios en nuestro día a día, porque empezamos cada uno a sacar nuestro ángel».

David:

«Por ejemplo, no sé si has visto la celebración del trabajo de los agricultores, cómo estamos celebrando algo tan simple como un tomate, una lechuga, una zanahoria y el delicado proceso natural humano que lo genera, y yo creo que ahí también estamos valorando unas cosas, unas personas y unos procesos que antes no».

Claudia:

«Sí, lo ve uno en los ángeles que son el equipo de salud, los agricultores que permiten que las cosas lleguen a la casa. A mí una de las cosas que me ha parecido más preciosa de este estado, es que antes cada cosa que se nos hacía ordinaria, que no la veíamos, empezamos a identificarla, a ver lo extraordinario que es que llegue el alimento a la casa, lo extraordinario que es el ejercicio de cuidar, lo extraordinario que es la educación de nuestros hijos y el ejercicio que eso significa. Entonces me parece que este ha sido un momento donde de alguna manera, así como han salido miedos han salido unos espíritus, esos ángeles que nos habitan.

Cada uno de nosotros ha hecho un gesto solidario en este tiempo. Porque de alguna manera volvemos a la primera parte, eso desprende esa brújula, el futuro se teje, o se construye, desde esa construcción que es la manera cómo hemos elegido vivir este presente, y de la manera cómo han salido esos ángeles, se ha permitido que estemos llenos de historias y las vamos a ver en esta revista de alguna manera. Vamos a leer y a disfrutar historias extraordinarias de personas en lo cotidiano, desde empresas, regiones y familias, construyendo, reimaginándose un futuro, haciendo acciones presentes muy valiosas».

David:

«Eso es de alguna manera lo que nos inspira a hacer esta revista, que ya se ha vuelto parte de la vida mensual de los antioqueños. No quisimos dejar de sacarla, aunque físicamente no puede salir, también por protección de la misma salud, pero básicamente es porque el mensaje nuestro es el de la esperanza. Miedo hay, duda hay, preocupaciones hay. Indudablemente hay empresas que desafortunadamente no van a poder atravesar este torrente. Habrá personas y familias que estarán en una situación económica más difícil en dos meses o tres meses y ahí la solidaridad va a ser fundamental, pero al mismo tiempo nosotros vemos emerger a nivel organizacional, a nivel social y a nivel individual, de este aislamiento, de este silencio, de esta quietud, una esperanza posibilista y eso es lo que vinimos a celebrar en Comfama, es lo que debemos un poco incentivar. Para decirlo de otra manera, con la mentalidad correcta y con el corazón generoso y abierto, nosotros pensamos que podemos empezar a construir, desde el nivel familiar y desde el nivel organizacional ese nuevo mundo, ese mundo más generoso, mejor conectado con la naturaleza, más cuidador, más solidario, donde las organizaciones sean como hemos dicho por ahí: sanadoras, y donde a pesar de las dificultades seamos una humanidad más unida en unos meses.

Ese es el tono que le estamos poniendo a esta edición sin desconocer los problemas, sin negar la realidad, pero sí diciendo, mire que en esos problemas emergen un montón de posibilidades y vamos a trabajar con ellas para que florezcan.

Perla:

«En El Carmen de Viboral, por ejemplo, cuando uno sale,  en cada supermercado hay afuera una mesa con mercado y un letrero que dice “si no tienes toma y si tienes deja algo”. Yo creo que ese son el tipo de actitudes con las que debemos transitar al paso que sigue, entregar lo que podemos y tomar lo justo, así también empezamos a hablar acerca de sostenibilidad que es diferente a riqueza.

¿Qué tal si cerramos esta conversación con una reflexión que queramos hacer?».

David:

«Un amigo me decía en estos días que aprovecháramos la quietud para esperar a que el futuro emergiera, y yo le dije, hagamos más bien una cosa: creemos el futuro desde esa quietud para que garanticemos que ese futuro sea generoso, compasivo y humano. No esperemos a que nos llegue un futuro creado por otros, creémoslo a la medida de nuestros sueños y posibilidades».

Claudia:

«Dejaría sobre la mesa la pregunta sobre ¿qué nos va a transformar o qué está transformando todo este proceso? Y que esa pregunta sea parte de la mesa cotidiana de nuestros lectores, que es de alguna manera lo que queremos dejar con la revista, y que, al generarse la pregunta, esto contribuya a esa reinvención a la que nos invita esta circunstancia universal».

David:

«Algo como… ¿cómo podemos ser después de? ¿Qué es lo mejor que podremos ser?».

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Este mes la revista Comfama es diferente. No llegará hasta sus casas impresa; pero, seguirá siendo compañera. No podrá tocarse; pero, sí compartirse. Desde...
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