«Quiero que mi hijo tenga lo que yo no tuve»

«Quiero que mi hijo tenga lo que yo no tuve»
En la insatisfacción habita nuestra posibilidad de elegir cómo queremos las cosas.

Los padres de Marti se sienten insatisfechos con la educación que recibieron en su infancia, porque solo los midió por sus calificaciones y limitó su libre expresión. Una historia acerca de querer que los hijos experimenten un tipo de educación distinta, esa que sus papás no pudieron tener.

 

Yo crecí en un hogar donde mi padre me exigía sacar la mejor nota y ser la mejor estudiante. Fuimos criados con la idea de ser mejor que los otros, y aunque cuesta un poco, es fabuloso cambiar ese chip académico y de las calificaciones a uno más progresista, donde se acompañe de forma consciente la búsqueda y el desarrollo de cada estudiante», dice Bela, la mamá de Marti Ospina López de seis años de edad. Cuando inició la pandemia y toda la educación se hizo virtual, Marti se resistió a las clases digitales, no por falta de capacidad, sí por la ausencia del contacto con el otro, la posibilidad de aprender desde la experimentación o la interacción con algo más que una pantalla.

La consecuencia fue que sus padres decidieron comprar libros y otros materiales pedagógicos para educarla ellos mismos. A pesar de habituarse y de disfrutar las lecciones de matemáticas en el centro de producción de alimentos vegetarianos de sus padres, en diciembre de 2020, Marti les pidió que la matricularan de nuevo en algún colegio. Quería jugar con otros niños y niñas, socializar con profesores o simplemente, caminar por las zonas verdes y trepar árboles.

Bela y Jorge siempre se sintieron insatisfechos con la educación tradicional que recibieron en su infancia y adolescencia, ya que no les permitió romper paradigmas, los medía por las calificaciones que obtuvieran, limitaba su libre expresión y les impedía elegir lo que les gustaba aprender; esa misma insatisfacción proactiva la heredó Marti, quien ya pasó por experiencias escolares fallidas en tres lugares distintos.

Esa sensación familiar hizo que para el 2021 los Ospina López emprendieran juntos la búsqueda de un espacio que rompiera paradigmas, que no midiera el talento de un estudiante con calificaciones ni limitara la libre expresión. «Marti es una niña muy activa, es deportista, artista y le gusta hablar duro; nos dimos cuenta que la pedagogía tradicional no es para ella», expresa Bela.

Esa búsqueda los llevó al Colegio Comfama. Un lugar donde Marti pudo enfocarse en crear, explorar y construir, «la hace feliz que tengan huerta, practiquen yoga y poder ver zonas verdes»; además, Jorge y Bela sienten que pueden vincularse realmente como familia en su proceso educativo, también confían en que su hija, ahora en el colegio, tiene todas las experiencias educativas que ellos no pudieron gozar en la infancia.

Un cambio de colegio fue el punto de partida para que Marti viaje hacia la libertad, esa que sus padres entienden como la posibilidad de aprender sintiendo, dejar las cohibiciones de lado y olvidarse de los juicios. Marti es, y probablemente seguirá siendo, una insatisfecha proactiva.

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En defensa de la insatisfacción proactiva… Porque nos da la libertad de elegir.

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¿Qué aspectos te hacen sentir insatisfecho con tu educación o la de tus hijos?, ¿cómo los mejorarías?

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Los padres de Marti se sienten insatisfechos con la educación que recibieron en su infancia, porque solo los midió por sus calificaciones y limitó...
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