Querer al otro: respetar su voto

twit de julian franco
El respeto por las diferencias políticas es ejemplo en muchas familias del país.
En época electoral las relaciones humanas se ven mediadas por la deliberación política. ¿La solución? Entender y respetar la posición del otro: el amigo, la novia, el papá, el suegro… esa persona que se quiere.

La convivencia en casa tiene un reto constante: aceptar y querer al otro como es, con sus propias opiniones y visión del mundo. Por ejemplo, que en una casa algunos sean hinchas de un equipo de fútbol no quiere decir que todos deban serlo… de hecho, no necesariamente a todos les debe gustar este deporte. Esa diversidad también se evidencia en las elecciones de un país: ¿quién dijo que todo el mundo debe votar por la misma corriente política, por más que sean de la misma familia? Ese reto es el que enfrenta actualmente Carolina Ospina, comunicadora social y docente universitaria, quien tiene muy claro por quién votar, pero quien, además, ha tenido que conciliar las posiciones políticas de su papá y su novio: totalmente contrarias.

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El papá

José Luis Salazar, antioqueño, de sesenta años, creció en un contexto conservador que aún hoy guía sus ideales. Por eso, si bien tiene claro el candidato por el que va a votar, lo hará más por su fórmula vicepresidencial, una mujer que reúne todas esas cualidades que cree necesarias. Su hija acepta esa posición, y más que ello la respeta, pues ese ha sido el ejemplo de su padre toda la vida. Él hace lo mismo con ella, acepta que decida y vote.

 

El novio

Nacido en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, Mario Miranda May lleva en su sangre la lucha raizal de aquel departamento insular de Colombia. Algunos podrían decir que es de izquierda, y quizá sí, dice su novia, pero lejos de los estereotipos. Llegó a Medellín para estudiar en la Universidad Nacional de Colombia. Participó activamente en marchas y colectivos en pro de los derechos humanos.

 

El encuentro

En este contexto, Carolina ha sido mediadora en las conversaciones familiares. Allí aprovecha para educar en una habilidad: la empatía. ¿Que su papá utilizó palabras no adecuadas respecto a la política y con esto pudo incomodar a su yerno? Aprovecha para explicarle por qué debe referirse de una forma más adecuada a las situaciones. Mario, por su parte, se mide en las conversaciones sin dejar de sentar su posición. Sabe el contexto de su suegro, pero deja claro el porqué de sus decisiones. Lo aprendió en la universidad y lo aprende cada día: nunca pasar esa delgada línea entre la defensa de los propios ideales y el respeto por los de los demás. Con el peso de la realidad, papá, hija y novio aprendieron a hablar sin dejarse llevar por la pasión. Nadie quiere convencer a nadie, solo exponer cómo su ejercicio democrático aportará a un mejor país según sus propias convicciones.

 

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En época electoral las relaciones humanas se ven mediadas por la deliberación política. ¿La solución? Entender y respetar la posición del otro: el amigo, la novia, el papá, el suegro… esa persona que se quiere.
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