Peregrinos del propósito

ilustración david escobar Revista Comfama

¿Amas tu trabajo? Lo amo. ¿Es lo que te soñabas cuando eras niño? Obvio no, cuando estaba en primaria quise ser escritor, luego pensé en construir puentes y, al final del bachillerato, no sabía si quería ser médico, ingeniero, agricultor o profesor de literatura. ¿Entonces lo que haces hoy es lo que añorabas como estudiante universitario? No, realmente no. En esa época no tenía idea de nada. ¿Qué tan lejos está lo que haces hoy de tu primer trabajo? Son dos mundos opuestos. Ah, bueno, ¿pero ahora estás 100% dedicado a esto tan bonito que haces? Por nada del mundo, trabajo duro, pero también viajo, leo, escribo, amo, duermo… tengo varios voluntariados y algunos hobbies. ¿Y te vas a pensionar acá? Mira, te respondo como dijo el ciclista Rigoberto Urán alguna vez, ante una de esas preguntas imposibles de un periodista deportivo, «yo qué voy a saber…».

Esa fue una de esas conversaciones que le hacen sentir a uno algo de vergüenza. Un joven universitario me vio por ahí en alguna charla en línea y me escribió por Twitter. Le di mi correo, me sorprendió la energía de sus palabras y nos conectamos para hablar por Teams. Antes habría sido en un café. Quería saber de mi vida, intuía, tal vez, algún reflejo de sí mismo, un futuro posible al verme por ahí contando historias. Tenía las preguntas de siempre, las de todos, aquellas que duelen particularmente a los 20 años: ¿quién soy?, ¿qué haré con mi vida?, ¿cómo encuentro eso que llaman el propósito?

Supongo que esperaba una historia de vida tradicional, lineal. «Toda la vida quiso ser presidente», como dicen de algunos políticos. «Desde chiquito escribía historias para entretener a las tías», se comenta del gran escritor. «Vendía un hueco cuando estaba en el colegio», aplica para algunos empresarios. En mi caso le conté de mis accidentados caminos, de mis preguntas, prevalentes a lo largo de décadas, de mis caídas y mis golpes de suerte, de mi gratitud con la vida, de mi alegría (aprendida) por haberme equivocado mucho. Confesé también cierto escepticismo y una curiosidad vigente sobre la tarea que me corresponde en el universo. Al final, hablamos hasta de salud y espiritualidad. Sorprendido y medio desanimado, me dijo: «tantas dudas a una edad en la que se supone que uno debe tenerlo todo claro».

Pensando en innumerables jóvenes como él, hombres y mujeres con sueños e ilusiones que buscan su propósito y un buen trabajo, que piden a gritos ayuda, norte, luz, oportunidades, en Comfama decidimos hacer esta Revista. En ella contamos historias de estudiantes, emprendedores, empleados, jóvenes y personas maduras, que han dudado y luego encontrado, que han construido y elegido sus tareas o, como dicen algunos, sus vocaciones.

Hay gente a la que le cae el propósito como un rayo, «se dan cuenta qué son», como sugirió García Márquez, o como le sucedió a San Pablo, según los textos antiguos. A mí me gusta pensar que ellos son excepciones, que la regla general es que nadie sabe del todo para dónde va. Improvisamos la vida con algo de racionalidad y cierta preparación, bajo supuestos heredados y con información incompleta. Hacemos lo mejor posible con lo que tenemos y lo que encontramos.

En Comfama nos ilusiona ver a la juventud en la búsqueda de su propósito. Presentimos que, detrás de esto, hay compromiso social, ilusión de ser útiles, ambición de ser buenos. Sabemos, sin embargo, que pululan las falsas promesas y los mensajes pobres de superación sin fondo suficiente. Se ignora, primero, el difícil contexto de la mayoría de los jóvenes en Colombia, algo que esta institución trabaja cada día para cambiar.

Segundo, y a esto dedicamos esta publicación, falta explicar algo fundamental: los propósitos no vienen empacados en cajas en el supermercado ni los despachan a domicilio, no están allí esperándonos. Es necesario crearlos, surgen de la vida misma, de la acción, los encuentros y los desencuentros, de la fricción del ser humano con la existencia. Esta palabra propósito, un tanto manoseada, tiene el riesgo de volverse el objetivo oscuro de una nueva y peligrosa religión.

Existe el peligro de que muchos se depriman porque no encuentran un trabajo «para su propósito» o que se sienten a esperar a que este brote espontáneamente de la tierra.

En Comfama pensamos que las personas, como artistas de nuestra vida, recibimos una materia prima y hacemos con ella lo mejor que podemos. Viajamos por la vida degustando, aprendiendo qué nos gusta, qué no, para qué somos buenos, practicando diferentes oficios con mente y corazón abiertos, porque allí pueden estar los amigos, la fuerza o la habilidad que más adelante vamos a necesitar y celebrar.

En esta publicación hablaremos de autodescubrimiento, de resiliencia, de adaptación, de incertidumbre, de exploración. Nos gusta la imagen del peregrino, los peregrinos son seres especiales porque observan el camino, lo viven, no lo objetan, lo reciben, aprenden, se adaptan y comprenden íntimamente que, al final, se trate de la vida o del trabajo, el viaje de la vida es, ante todo (siempre lo será) un viaje por nuestro mundo interior, el territorio más amplio y rico que tenemos la oportunidad de conocer.

Con esta Revista nos gustaría inspirar conversaciones, sembrar preguntas en los jóvenes y en sus familias, en sus mentores y sus maestros. La hacemos, no porque creamos que el avance o progreso, la realización humana, dependan únicamente del esfuerzo individual; en Comfama conocemos la importancia de la solidaridad, de las oportunidades que la sociedad debe dar cada vez con mayor contundencia a través del Estado, las empresas y las demás instituciones. Desde luego, tampoco estamos proponiendo que «quien quiere, logra», así de simplón, y de falso. Sí creemos, sin embargo, que cada uno tiene la libertad y, si se quiere, la responsabilidad consigo mismo, de navegar la vida, aprovechar las oportunidades, moldearse, leer el contexto, superar los malos ratos y, desde luego, no dejarse abatir, seguir buscando. El esfuerzo individual, la persistencia del peregrino que da un paso a la vez, afronta un día tras otro, sonríe a la lluvia y saluda al sol, es fundamental para aprovechar y disfrutar de este, nuestro propio y único camino.

***

¿Qué tal si pensamos que no tenemos un propósito, sino que lo vamos construyendo lentamente, a pulso, mediante el antiguo método del ensayo y el error?

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¿Amas tu trabajo? Lo amo. ¿Es lo que te soñabas cuando eras niño? Obvio no, cuando estaba en primaria quise ser escritor, luego pensé...
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