Migrar, hacia una oportunidad

milagritos de sabor en colombia
Milagros y Alejandro se reinventaron en Colombia.
En 2015, dos venezolanos llegaron a Medellín con un sueño: ser felices.

Transcurría el año 2015, atrás habían quedado aquellos días donde Venezuela era la tierra prometida de muchos colombianos que migraron en busca de oportunidades. La situación económica comenzó a hacerse compleja, aún más con la muerte del presidente Hugo Chávez. Este percance afectó a Milagros y Alejandro, lo que los llevó a tomar una difícil decisión: salir juntos de su país para ser felices, con un matrimonio recién consumado y la obligación de empezar de cero.

Escogieron Colombia como destino por la cercanía a su patria, ya que como ella dice “uno siempre tiene la esperanza
de regresar a su país para ver a su familia”. Llegaron a Medellín y se instalaron en el barrio Manila, les pareció curioso ver las diferencias culturales entre ambos países a pesar de estar geográficamente ubicados tan cerca y aseguran que su primer diciembre fue muy difícil, ya que no estaban acostumbrados a estar lejos de sus seres queridos.

Él ingeniero, ella comunicadora, ambos profesionales, se encontraron con un panorama complejo para ejercer. Charles Darwin decía que “no es el más fuerte ni el más inteligente el que sobrevive, si no el más capaz de adaptarse a los cambios”. Milagros y Alejandro decidieron tomar ese camino, abrieron un restaurante, en él adaptaron para Medellín una idea que habían explorado antes en Venezuela.

Diseñaron un plan, durante unos meses recorrieron la ciudad, atentos a lo que comían sus habitantes, a sus gustos. Luego cuando se sintieron preparados dieron el salto. Milagros de sabor, así bautizaron a su nuevo proyecto de vida, allí las arepas, en las que aplican la gastronomía venezolana, son las protagonistas.

Una arepa venezolana se diferencia de una colombiana porque es más versátil, más gordita y suave por dentro, y va rellena con cualquier cosa que desees. Que la masa esté en su punto, su contextura sea la ideal, saber cómo darle el calor por el tiempo necesario y rellenarla con ingredientes en proporciones exactas tiene su ciencia, su trabajo; guarda la combinación perfecta entre un toque propio de creatividad y una mezcla de sabiduría arraigada desde su familia y sus costumbres, consiguiendo como resultado un producto apetecido por aquellos que, de curiosos, pasaron a ser clientes recurrentes de su restaurante.

A pesar del éxito que han tenido, Milagros y Alejandro aún saben que falta mucho camino por recorrer. Se sienten agradecidos con la tierra que los acogió como si fueran sus propios hijos, en ella quieren ver crecer su negocio, y por qué no, su familia. Son felices, el destino les puso un obstáculo en el camino y ellos lo convirtieron en una oportunidad para crecer juntos.

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En 2015, dos venezolanos llegaron a Medellín con un sueño: ser felices.
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