Migración: una oportunidad, un regalo, un deber

Palermo capital de la isla italiana de Sicilia.
Palermo es la capital de la isla italiana de Sicilia.
La movilidad del hombre es un derecho humano.

“Ningún ser humano ha elegido, o elige, el lugar donde nacer; sin embargo, a todos se les debe reconocer el derecho de escoger el lugar donde vivir, vivir mejor y no morirse”.

Así lo reconoce la Carta de Movilidad Humana de Palermo, ciudad italiana que difiere de la migración como sufrimiento y elige la movilidad como un derecho.

¿El artífice? Leoluca Orlando, político italiano, cinco veces alcalde de Palermo, en diferentes periodos, y símbolo de la lucha antimafia. Para él hoy la misión es titánica, convencer a la Unión Europea de la circulación libre y legal de migrantes por el territorio. Para demostrarlo convierte a Palermo en ciudad modelo.

“Bienvenidos” les dice, “lo peor ya ha pasado, ahora son ciudadanos de Palermo”. Son las palabras del alcalde cada vez que llega un barco de refugiados rescatados al puerto de la ciudad más poblada de Sicilia. Es él quien da la bienvenida.

El caso más reciente, junio de 2018, el gobierno italiano emitía la orden de cerrar los puertos al barco Aquarius que transportaba a más de 600 migrantes rescatados en el Mediterráneo. Leoluca, tras estas declaraciones, ofreció abrir el puerto de Palermo y acoger a los posibles ciudadanos. Finalmente, ante la negativa del resto de Italia, el buque desembarcó en España.

Desde el 2015, la ciudad al mando de Leoluca aprobó la Carta de Palermo que suprime el permiso de residencia, pues están convencidos que la falta de oportunidades está totalmente ligada al estatus de ilegalidad. Prescindir del documento significa no identificar a los migrantes como pesos sociales, por el contrario, es legitimarlos como ciudadanos activos capaces de ayudar a la comunidad y al lugar donde viven.

Para Leoluca, las migraciones son cotidianas, resultado de la globalización y de las crisis políticas y económicas de la humanidad. Para cambiar del estado de emergencia hacia el de la oportunidad, es necesario cambiar el enfoque por uno en el que se reconozca al migrante como persona y a la movilidad como un derecho inalienable.

Necesitamos tiempo para abolir la esclavitud, necesitamos tiempo para abolir la pena de muerte. Pero en un mundo globalizado, donde los bienes, el dinero y la información circulan libremente, la libertad de circulación de las personas es, al fin y al cabo, inevitable.

Leoluca Orlando.

 

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La movilidad del hombre es un derecho humano.
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