Menstruación y sexo: dos conversaciones emergentes

Cortesía de la artista bogotana Luz Ángela Lizarazo

Escuchar nuestros cuerpos nos permite vivir la sexualidad de manera amorosa, plena y segura. Indira y Mariana comparten sus experiencias alrededor de dos temas que necesitan ponerse “sobre la mesa”.

Mariana Arias: Fundadora e instructora de ‘Tu ciclo menstrual’

“Sí, es cierto que tanto la sexualidad como el deseo a través del ciclo cambian. Dicen que tener relaciones sexuales mientras haya sangrado ayuda a los síntomas, y en parte tienen razón porque se liberan endorfinas. Pero mi experiencia y mi decisión son muy diferentes. Sé que cuando estoy menstruando mi cuello uterino está en su punto más vulnerable y eso me hace más propensa a tener infecciones.

Por otro lado, la inflamación puede causar que la penetración no sea tan placentera. Entonces, decidí no hacerlo y si me preguntan, recomiendo hacerlo con condón, aunque sea la pareja de toda la vida, porque para mí el cérvix es lo más delicado que tenemos y por eso debemos cuidarlo.

Pero, ante todo, recomiendo escuchar al cuerpo.

Creo que las fases de mi ciclo son como las estaciones del año y que en tiempo de sangrado se vive un invierno interior en el que estamos más conectadas con nosotras. Por eso, es que me parece bonito que las relaciones se den una espera y nosotras aprovechemos esa fase para que todo lo que tiene que fluir desde nuestro interior hacia afuera lo haga”.

Indira Rodríguez: magister en sexología y terapeuta sexual

“¡Es un mix poderoso, dos temas tabús! Para mí la menstruación hace parte de la sexualidad. La menstruación es cuerpo, ciclo, salud, fertilidad. Por muchas generaciones hemos tenido miedo y vergüenza de hablar de nuestros cuerpos, en especial cuando los conectamos con el placer erótico.

Me tomó tiempo y trabajo reconocer que mi menstruación no es vergonzosa, que no es sucia; todo lo contrario. Llevo ocho años con mi esposo y al principio la ocultaba. Ahora, si quiero y mi pareja también, tenemos relaciones sexuales con penetración los días de sangrado. Si quiero tenerlas conmigo misma, también me lo permito.

Mi relación con la sangre ahora es sana: me gusta verla, tocarla, olerla. Finalmente, ella me comunica cómo está mi salud y cómo estoy yo.

Por eso, creo que la educación sexual y menstrual debe abarcar tres dimensiones: la biológica, la social y la psicológica. Una educación biologista promueve una sexualidad limitada y limitante; porque si mi sexualidad es solo para reproducirme o no, me estoy perdiendo de un abanico de posibilidades, aparte de no conocer mi cuerpo y mi propio deseo. Nos hemos quedado con evitar embarazos e infecciones, pero también debemos hablar de vínculos, de erotismo y de comunicación.

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Escuchar nuestros cuerpos nos permite vivir la sexualidad de manera amorosa, plena y segura. Indira y Mariana comparten sus experiencias alrededor de dos temas...
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