Me río de mí

Me río de mí

Por: Rafael García
Twitter | @Gallinaastuta

 

Al momento de escribir esto, llevo casi dos días sin ahogarme con mis propias babas. “¿Quién lleva la cuenta de algo así?”, se preguntarán. Alguien a quien le pasa cotidianamente. Cuando uno es así de torpe, aprende a celebrar esas pequeñas victorias; también sabe que esos triunfos son pasajeros y que pronto volverá a caer en la torpeza, así que aprende a reírse de sí mismo.

No siempre tuve esa capacidad… Antes me tomaba muy en serio, y me molestaba o me frustraba fácilmente cuando las cosas no salían como yo pretendía o cuando alguna torpeza cometida me
convertía en objeto de risas de quienes estaban cerca, eso me irritaba y avergonzaba por partes iguales.

Entonces ¿por qué empecé a reírme de mí? Primero, porque creo que el humor y la risa son fuerzas poderosas. Recuerdo que “La risa, remedio infalible” era el nombre de una de las secciones en las Selecciones del Reader’s Digest que compraba religiosamente mi mamá, y que yo leía después en mis momentos de ocio. La expresión caló y terminé por creerla; por pensar que aunque la risa no lo soluciona todo, sí puede hacerlo mucho más llevadero.

Segundo, porque empodera. Cuando eres un niño introvertido al que molestan, “se la montan”, o le hacen bullying, empiezas a buscar mecanismos para manejar la situación. Aprender a reírme de mí mismo les quitó el poder a los otros y me puso en control de las situaciones incómodas: si yo me río primero y lo hago en mis propios términos, los demás no tienen nada más qué hacer, solo les queda sumarse a mi risa.

Tercero, porque es una forma de autoconocimiento. Uno no puede hacer chistes de lo que no conoce, y en la medida en que se ríe de sí mismo comienza a conocerse, a entender el porqué de muchas cosas. Empieza también a explorar los propios límites: a entender qué temas se pueden tomar a la ligera y cuáles con seriedad.

Finalmente, porque creo que el humor es un recurso capaz de transformar la realidad. La capacidad de reírme de mí mismo ha sido determinante para aligerar muchas situaciones en momentos de tensión, esos momentos en los que todo comienza a salir mal y uno se siente a punto de explotar; en un momento así, solo se puede reír.

No siempre es fácil hacerlo, pero intentarlo siempre vale la pena. Reírme no va a impedir que me atore con mi propia saliva o que por estar distraído me baje del ascensor en un piso que no es el mío e intente abrir un apartamento equivocado, pero por lo menos voy a pasar bueno cuando eso suceda.

¿Alguna vez, al reírte de ti mismo, les quitaste a los otros el poder de burlarse de ti?

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