Los Betancur Bustamante construyeron su presente y diseñaron su futuro

Una casa de cuatro pisos, dos arrendados y dos para vivir, es el patrimonio de la familia. La educación de sus cuatro hijos universitarios es su logro más grande. Hace casi 31 años empezaron a adueñarse de su futuro. Lo lograron.

Dijo alguna vez Thomas Jefferson: “Nada puede parar al hombre con la actitud mental correcta de conseguir su meta; nada en la tierra puede ayudar al hombre con la actitud mental equivocada”.

Así fue como iniciaron, hace más o menos 31 años, Hilda y su esposo Fabio el camino hacia un objetivo claro: tener casa propia.

Ella, mamá de tiempo completo, y él, servidor público, tuvieron cuatro hijos, todos afiliados a Comfama, un detalle que parece menor pero que con el tiempo, la disciplina y el ahorro les permitió, literalmente, poner la primera piedra de su vivienda, pues la construyeron ellos mismos, en un lote y con unos planos que les otorgó la Alcaldía de Medellín en aquel entonces.

Ahorro, una palabra clave para los Betancur Bustamante. Disponer de la cuota monetaria para un ahorro familiar contribuye a la consolidación de las metas comunes.

Por cada uno de sus hijos recibían un subsidio de Comfama. Hilda lo tenía muy presente, y comprometía ese dinero para la compra de materiales, un poquito de cemento, unas baldosas, adobes, algo de arena, y así sucesivamente, todo lo necesario para lograr el sueño.

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Todo comienzo requiere una dosis extra de voluntad y los Betancur Bustamante la tuvieron. Los primeros cuatro años, lo que les tomó construir el primer piso, fueron particularmente difíciles, pagaban arriendo mientras construían. Todo era muy medido. Fabio trabajaba, mientras Hilda cuidaba los niños. Ella lo mantiene en su memoria.

Con el paso de los años su voluntad dio frutos, de uno pasaron a cuatro pisos, dos en arriendo y dos para vivir. Con el objetivo alcanzado, la meta cambió. Tener hijos universitarios fue el reto. También lo lograron y nuevamente la disciplina fue protagonista, pues desde pequeños, en familia y en las bibliotecas de Comfama leían, y en casa comentaban los libros.

La sede Comfama de Aranjuez es el segundo hogar de Hilda, allí se divierte, aprende y disfruta de la lectura, una de sus grandes pasiones.

Según Hilda, el hábito lo adquirió de su mamá. Ella, juiciosamente y con paciencia, se lo transmitió a sus pequeños. Así, más de una vez fueron promovidos de un año a otro en el colegio.

Hoy, Hilda sigue siendo mamá de tiempo completo. Aunque ya no vive con su esposo, no fue el fin del mundo. Cuando eso ocurrió y con sus hijos estudiando, se puso una nueva meta: disfrutar la vida. Hoy lo hace pues va al gimnasio, lee lo que le gusta, tiene la satisfacción del deber cumplido y como ella dice: ¡está en la edad de la plenitud!

 

Que si ya te beneficiaste con el subsidio de vivienda de Comfama y aún no has comprado casa, acudas al Claustro San Ignacio para que consultes los proyectos disponibles en la Tienda de Vivienda o te informes acerca del crédito hipotecario que ofrecemos con cuotas bajas.

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Una casa de cuatro pisos, dos arrendados y dos para vivir, es el patrimonio de la familia. La educación de sus cuatro hijos universitarios es su logro más grande. Hace casi 31 años empezaron a adueñarse de su futuro. Lo lograron.
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