Lo personal es político

Ilustración: María Isabel Giraldo

La historia de cómo las conversaciones y la juntanza conquistaron cuerpos y escenarios que parecían inimaginados. Así surgió el primer subsidio menstrual en Colombia.

 

Parece inexplicable pero las cosas se presienten y salen por intuición. Trabajar con seres menstruantes y para seres menstruantes fue y es así. Se siente desde el fondo. Recurrimos a nuestros recuerdos. A algunas se les dificultó. Había pasado mucho tiempo desde su primera menstruación. Pero volvimos al inicio.

Cuando nos sentamos, esa fue nuestra guía y esa conversación fue nuestra conexión. Sería inútil ocultar que todo empezó por la alianza con veracup, pero una duda interna de Juana Botero nos llevó a pensar el más allá. “Todo tiene una historia personal bonita, y para mí ha sido muy importante estar en círculos de mujeres porque me transformaron la forma de ver el mundo, de entender mi liderazgo, mi cuerpo, mi sanación y cuando quise crear mi propio emprendimiento social me pregunté ¿cómo hago para que esto les pase a otras?”, dijo Juana.

Si bien ese primer círculo fue el nacimiento del proyecto de menstruación consciente, me atrevería a generalizar con una cosa: desde ahí hasta hoy ha sido una experiencia llena de riqueza y de transformaciones. Muchas de nosotras ni sabíamos sobre productos de gestión menstrual sostenibles. Otras no reconocíamos nuestra ciclicidad, estábamos envueltas en un mundo en el que hay que producir y simplemente nos llenábamos de pastillas para continuar.

“Yo veo toda esa sangre en la copa menstrual y, ¿hacer ejercicio? ¡ay, no, chao! compasiva con mi cuerpo menstruante y eso implica que tengo fases, como la luna, como las estaciones del año, como cuando un árbol se muere, pero cae una semilla y vuelve y nace y saber eso me quita un peso de encima”, dijo Paulina Tejada.

Teníamos que empezar por allí porque para vivir una menstruación consciente primero debe ser digna. “Este sí es el mundo de lo posible, tiene obstáculos por grande, claro que tiene, como todo en la vida pero normalmente el problema más grande es la escasez, de recursos, de gente, etc, pero acá hay abundancia, y por eso hay que crear, no teníamos que contratar a nadie, nosotras lo hacemos porque sabemos y podemos”, dijo Juana Botero.

Fue entonces cuando expandimos los círculos, hicimos uno en el Valle de Aburrá y otro en Valparaíso, los hicimos para experimentar y diagnosticar, conocer realmente qué se necesitaba y la respuesta fue clara: se requiere urgentemente conocimiento sobre nuestro ciclo menstrual. Cuando hablamos nos damos cuenta que tenemos cosas para sanar, para reconciliarnos, ese intercambio de relatos fue el que llevó al subsidio.

Hacer los talleres fue sorprendente, la acogida fue increíble. Llegaron demasiadas niñas y adolescentes con ansias de hablar. Sentimos empatía e incluso a veces impotencia porque los relatos eran muy fuertes.

Escuchamos a las que por su cultura y tradición se les prohibía la vida en sociedad cuando sangraban, la que en la ruralidad su abuelo no le supo explicar nada, le dijo que ya se había convertido en mujer y que por eso no podía trabajar en el campo. La que le vino a los 10 años y le dieron una ‘pela’ tremenda porque eso significaba deseo sexual y estaba muy chiquita para eso. Nos preguntaron si el tampón les quitaba la virginidad, que si la copa se les salía por la boca. Amamos escuchar las preguntas de los hombres docentes que querían saberlo todo para poder replicar el conocimiento.

Pudimos ratificar que la conversación es necesaria, que hoy empezamos por menstruación pero luego hablaremos sobre nuestra sexualidad, sobre las pérdidas amorosas, sobre todas aquellas situaciones que nos atraviesan como seres humanos; porque no existen organizaciones ni empresas sin gente.

La apuesta por acceder a productos más sostenibles

El subsidio menstrual que ofrece Comfama, incluye la posibilidad de acceder a productos de higiene más duraderos, de fácil acceso y sostenibles, que no generen mayores desperdicios. Entre estos está la copa menstrual que puede durar entre siete y 10 años, los calzones absorbentes y las toallas de tela que duran mínimo tres meses.

Los aliados iniciales y habilitadores de este beneficio, que busca la dignidad menstrual, son: VeraCup, Somos Martina, WAM, Nosotras y Bloom.

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La historia de cómo las conversaciones y la juntanza conquistaron cuerpos y escenarios que parecían inimaginados. Así surgió el primer subsidio menstrual en Colombia....
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