La voz y la fuerza de la juventud

ilustración david escobar para Comfama
El 26 de junio de 1992 cumplí 17 años y recibí una tarjeta de mi mamá que decía: “Bienvenido a tu mayoría de edad. ¡Feliz cumpleaños!”.

Tres meses antes habíamos perdido a mi papá. Por eso, entendí el mensaje como un llamado a la adultez. La nueva situación familiar no permitiría que yo viviera todas las locuras y aventuras de la juventud. Como hijo mayor, debía tomarme la vida en serio y asumir responsabilidades. Supongo que cuando lea este texto mi mamá dirá: “¡Qué tal que no hubiera sido así!”, y soltará una carcajada.

El caso es que asumí ese papel de hombre responsable. Tal vez por eso algunos de mis amigos dicen que “me tragué un viejito”. Ahora puedo reconocer que he mezclado ese temprano arribo a la vida adulta con unas dosis homeopáticas de locura, exploración y equivocaciones de todos los tamaños. Celebro haber sido serio, responsable y “juicioso”, así como, más adelante, disfruté vivir una existencia poco convencional frente a los estándares profesionales y familiares de la tradición antioqueña. Somos lo que somos gracias al impulso de nuestra juventud, a nuestros miedos y a la manera como los superamos, a la calidad de nuestros errores y a la profundidad de nuestras búsquedas. Quizá mi respuesta a ese fuerte y poderoso mensaje de mi mamá es que tuve que ahorrar la juventud, que luego he podido liberar de a poquitos, con la aspiración de que me dure para siempre.

¿Han pensado que tal vez todos seamos como los jóvenes millennials y centennials, en el sentido en que perseguimos un propósito más que un trabajo?, ¿en que cada vez privilegiamos más las experiencias sobre las cosas materiales y que vivimos en una búsqueda existencial permanente? A lo mejor el gran regalo de nuestra juventud actual para el mundo, el mismo de las juventudes de todas las épocas, es que llegan como maestros, que no son personas inmaduras, sin voz ni voto, sino mensajeros que vinieron a contarnos cómo será el futuro, a crearlo con nosotros.

Por eso, hacemos esta revista no para jóvenes ni sobre jóvenes, sino con jóvenes. Gracias al programa Jóvenes 2020, que desarrollamos con la Alcaldía de Medellín, Proantioquia y Eafit conocimos a los autores de esta edición, con la que buscamos, primero, que desde las empresas escuchemos y observemos con atención a la juventud. ¿Cuándo fue la última vez que conversaron largo y tendido con alguien menor de 25? Segundo, repetirles a ellos, a los jóvenes, que como dice Juan Felipe Gaviria: “Ser joven no es una cualidad”. La voz la tienen, la fuerza también, pero estas, como todos los dones, vienen con la posibilidad de usarlos o desperdiciarlos, he ahí su gran desafío, nuestro desafío común.

¿Qué tal si despertamos esas voces de esperanza que no pertenecen exclusivamente a una edad? ¿Qué tal si unimos los ideales, siempre jóvenes, de todas las generaciones, su fuerza con la nuestra, para dar el siguiente paso juntos?

Lee: La revolución de las pequeñas cosas, editorial del codirector de esta edición, Sebastián Arenas.

 

Regresa: Desafío joven 

2 Comments

  • No siempre los adultos tenemos la razón, también hay que oír las propuestas de los jóvenes, que ellos también tienen mucho que enseñarnos y aportar.

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El 26 de junio de 1992 cumplí 17 años y recibí una tarjeta de mi mamá que decía: “Bienvenido a tu mayoría de edad. ¡Feliz cumpleaños!”.
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