La legítima y verdadera red social

David escobar en dibujo Revista Comfama
“Sin tribu no existimos plenamente; sin red de apoyo, la caída es infinita”.

Emilio, Eduardo y yo, los exviajeros en Sudamérica, creamos un chat como celebración de los 20 años del viaje iniciático que sellaría nuestra amistad para siempre. Lo llamamos 1996 – 2016 y lo usamos para acompañarnos. Cada uno desde su mundo escribe, de vez en cuando, una reflexión, una noticia. Emilio puede decir: “Me hacen falta mis libros”, desde su nueva casa en Buenos Aires, y nosotros comprendemos todo lo que esa frase implica de desarraigo, de posibilidad, de tristeza y, al mismo tiempo, de conexión entre nosotros.

Uno no tiene que decir mucho para que lo comprendan, y siempre lo comprenden. Por chat también se puede abrazar, cuando no hay más. Cada año nos vemos en un asado, nos tomamos unos vinos, nos regalamos algún libro si nos acordamos de comprarlo. Hablamos de lecturas, de películas, del país, le metemos una buena dosis de nostalgia a la cosa y nos abrazamos, casi seguros de volver a encontrarnos en un año.

Nos vemos poco, apenas en este ritual que celebra el viaje, la lectura y la conversación. En los últimos 25 años nunca los he sentido lejos, aunque en buenos periodos hemos vivido a miles de kilómetros de distancia. Son mis amigos, lejanos y cercanos, paradoja de las amistades, cada uno en su vida, compartiendo la vida. Si nos llamamos mañana con una urgencia, un sueño o una noticia, contamos con esta pequeña tribu como cuando teníamos 20 años.

Mi mamá tiene una tribu con la que juega cartas dos veces por semana: la Nena y Juan, su amiga del alma y el marido, y otras amigas. Se la pasan largas tardes jugando, sonriendo, contando historias de sus hijos, reviviendo nuestros éxitos y derrotas. Cuando no logra ir, se le nota la ausencia de la tribu en los ojos porque le brillan menos. “No pude ir a donde la Nena Uribe…”. Cuando alguien se enferma, las energías y los buenos deseos para que ‘se alivie’ abarcan hasta dos generaciones. Cuando sea grande quiero tener con quien jugar cartas, hablar de libros y compartir el lento e implacable paso de los años, con sus privilegios y dolores.

He sido poco gregario, hasta el punto de confesar que no me he puesto más de un día la escarapela de las empresas donde he trabajado, en una especie de acto de rebeldía. Pienso que las personas no le pertenecemos a una marca, que no nos pueden reducir a un apellido, que no seremos jamás parte de un “ismo” político ni artístico. Sé que soy un poco ermitaño, solitario y regular conversador telefónico. Tanto que mi madre, por años, se despedía de mí con una especie de apodo, que era la frase que digo apenas termino lo esencial de una llamada: “¡Bueno-chao!”.

Sin embargo, siendo consciente de ello, quiero aprovechar a mi familia, apreciar hasta las cantaletas de mi hermano que son su forma simple de querer, cuidar a mis amigos mentores que me escuchan para luego dejarme hacer, conectar con mi tribu de Sudamérica, celebrar a los otros compañeros de vida a los que uno puede llamar, luego de meses y, por ejemplo, pasar por su casa a jugar con sus hijas, a comer algo, como si hubiéramos desayunado juntos el día anterior.

Cuido esta red, estas tribus, lo mejor que puedo y, al escribir esto, veo todo lo que me falta, cuánto cariño me queda pendiente por dar: llamadas que no hago, tardes en las que no he llegado, los fines de semana que me desaparezco, y me recuerdo a mí mismo que la vida vale mucho más en compañía, para las dichas y las penas, para los días negros, los grises y los de colores, que son la mayoría. Somos sociales, emocionales y ante todo relacionales.

Por eso, en Comfama nos gustan las empresas que reconocen que todos dependemos de todos y de todo. A mí me gusta la filosofía de mi enamorada, que propone una “autonomía con interdependencia”, en la que cada uno vive su vida, sabiendo que hay otras vidas cerca, necesarias y gustosamente nuestras.

Proponemos esta Revista para recordarnos que sin tribu no existimos plenamente; sin red de apoyo, la caída es infinita; sin amigos algunos días se vuelven demasiado largos y fríos; sin familia estamos solos en el ancho mundo. Pensamos que nada de eso cae del cielo, como las buenas huertas, se cultivan, se abonan, se conversa, se crea cada minuto de la vida.

En esta edición invitamos a las empresas a fomentar los encuentros, a celebrar la amistad, a dar ejemplo para que nadie llegue tarde y menos que deje de llegar a un momento familiar. Proponemos a las familias recordar que en el barrio hay vecinos, a permitirse el encuentro con desconocidos como nuevas aventuras de la vida, a preguntarse de cuando en cuando con sinceridad: ¿cuál es mi tribu?, ¿cómo la cuido?

4 Comments

  • Una red que siendo lineal atrapa, esa debe ser la realidad de la convivencia. A veces me siento atrapado en mis noches y días a solas conmigo mismo y he descubierto que ese yo con yo hace en muchas oportunidades girar mi existencia en un slo circulo que es el principio y el fin, que el diálogo continuo de sí mismo no logra otra cosa diferente que un diálogo innecesario cuya pregunta tendrá respuesta, aunque esta sea insuficiente. La red lineal que se bifurca en varias ramas hace posible comprender para que se vive. Las empresas son esa línea donde el compartir, vivir, sentir y explorar hace posible ver y vibrar con la sensación que la gente vale y que valgo cuando aporto, cuando siento que soy útil a mi mismo, siéndolo para otros. La red de la buena vibra esta en funcionamiento cuando compartimos, así vivimos nuestra empresa.

  • Excelente, muchas gracias por traer a nuestro corazón aquello que es tan escencial en la vida, pero que vamos perdiendo por una y mil excusas. Sí, la TRIBU nos llama, nos reune, nos hace sentir que lo verdaderamente importante es el otro, allá donde esté, así sea a miles de kilómetros y que pertenecemos a esta maravillosa y rara especie casi en vía de extinción y que nos necesitamos los unos a los otros como el mismo aire que necesitamos para respirar.

  • Muy buen punto de vista sobre las verdaderas tribus (que se soportan por medio de las redes sociales). Es una gran reflexión que deberíamos adoptar como fundamento cultural para construir ciudad

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“Sin tribu no existimos plenamente; sin red de apoyo, la caída es infinita”.
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