La insatisfacción saludable

ilustración david escobar Revista Comfama

[…] una actitud sana frente a la vida debe
partir de un justo balance entre el mejor
conocimiento de nuestras capacidades (la
potencia, que llamaba Aristóteles) y el mejor
conocimiento de nuestras imposibilidades.
Mauricio García Villegas, en su columna para El Espectador.

 

¿Ha pensado en renunciar a su trabajo y explorar el sector público?». Lo miré con extrañeza porque ese no es el tipo de preguntas que uno espera de un médico. Claro que el doctor Mauricio no era precisamente el representante tradicional de su profesión. Con toda la formación y pergaminos de la medicina occidental, era, además, acupunturista y practicaba la medicina alternativa. Sufrí de migrañas desde los 15 años, que se agravaron cuando comencé a trabajar, particularmente cuando más «éxito profesional» tenía. A los 25, los dolores eran insoportables. Sin importar los ascensos, el trabajo emocionante en una gran empresa, un buen salario y compañeros talentosos y apasionados, me sentía enfermo, no me hallaba.

Luego de muchos exámenes y múltiples medicamentos sin resultados, acudí a él por recomendación de alguien cercano. Fui con algo de escepticismo por alejarme de la ciencia occidental, sintiendo que estaba traicionando a Descartes, a Newton y a todos mis profesores de ingeniería. Me escuchó con atención, me preguntó por mi trabajo, mi familia, mis hábitos, mis sueños. «Es que a usted le gustan mucho los temas públicos, cultura, educación y ciudad, pero ¿en qué me dijo que trabaja?». «Data y analítica para mercadeo y ventas», respondí. Anotó, mientras me miraba dulcemente. Al final, sentenció: «Usted es una persona con la mente partida en dos y eso duele». Continuó: «Su relación con el trabajo aún no es del todo sana. También veo a alguien al que le falta juego, carnaval. ¿Por qué no hace una noche de baile con tambores?, ¿ha fumado marihuana alguna vez?» Lo miré aterrado, di las gracias y pagué mi cita.

Aún le debo un agradecimiento a ese médico. Tuve dos o tres citas y luego no volví, la reflexión estaba en marcha. Sus preguntas fueron el comienzo de un viaje de sanación que aún no termina, la vida está siempre en borrador. Ese médico me enseñó que no estaba enfermo ni del cuerpo ni de la mente. Lo que estaba era insatisfecho, porque esperaba algo diferente de mí mismo y de mi relación, laboral y personal, con el mundo. Sus palabras me señalaron dos caminos.

El primero, el de la búsqueda profesional, el camino del propósito. El segundo, más empinado y pedregoso, el de la liberación del súper yo, aquel tirano, producto de la cultura y la educación, que a veces nos contiene, nos exige y no nos deja relajar. Me enseñó que todos necesitamos juego, onirismo y carnaval. En ninguno de estos frentes estoy aún satisfecho del todo, pero ser consciente de esa insatisfacción, de sus orígenes y sus posibilidades, me energiza y alienta hasta en los días más oscuros. Bien manejado, ese sentimiento de incomodidad me ha convertido en un aprendiz que, en medio de su humanidad imperfecta e incompleta, busca mejorar cada día.

En la Revista Comfama de este mes elegimos conversar sobre la insatisfacción productiva, esa sensación que moviliza desde siempre los destinos de la humanidad. Esa emoción incómoda que se vuelve acción e hizo que los humanos hayamos poblado la tierra y explorado los mares. Vemos la insatisfacción como una de las fuerzas que da a luz las artes, las ciencias, la técnica y el progreso humano. Invitamos a las empresas, familias y personas curiosas a explorar con nosotros esa idea de ir más allá de lo obvio y lo presente, de superar fronteras; a perseguir ese deseo que impulsa el cuidado y el progreso.

Esfuerzos personales y familiares como comprar comida sana, invertir en una nueva casa, viajar, estudiar, buscar un mejor empleo o emprender nacen de algún tipo de insatisfacción, de la ilusión o del objetivo de forjar para nosotros y nuestros seres queridos una mejor vida en esta tierra.

Los buenos empresarios, igualmente, son seres insatisfechos que quieren mejorar su entorno. Las empresas sanadoras, las que crecen y dejan huella positiva en la sociedad están administradas por hombres y mujeres insatisfechos proactivos; gerentes que saben que, si algo no existe, se puede crear; que entienden que cuando desconocemos, podemos descubrir; gente convencida de que siempre podemos aprender y hacer cosas nuevas.

Queremos también aproximarnos al asunto con escepticismo, vemos riesgos en la insatisfacción desenfrenada y permanente. Quisiéramos impedir que, mal entendida o manejada, se vuelva una enfermedad mental y un flagelo social. La insatisfacción y el deseo, llevados al extremo, se vuelven obsesiones que pueden llegar a motivar actos criminales o precipitarnos en profundas depresiones.

No se trata de lograr una meta a toda costa ni de querer poseerlo todo, material, intelectual o emocionalmente. Tampoco pensamos que las carencias, de cualquier naturaleza, se resuelven solamente con pensamiento positivo. Pensar que podemos lograr todo lo que nos propongamos puede ser un buen eslogan, pero es un mal consejo. Fracasar, y a todos nos pasa, podría volverse fuente de peligrosas frustraciones. No controlamos el mundo, somos humanos, simples y frágiles. Navegamos lo mejor que podemos en un mar impredecible.

Con estas historias no pretendemos tampoco prometer el paraíso detrás de cualquier forma de insatisfacción. Por el contrario, aspiramos a motivar conversaciones sobre cómo transmutar la energía de la insatisfacción en esfuerzo y posibilidad; soñamos con desatar tertulias sobre las maneras en las que podemos controlar esa emoción incómoda, de tal forma que no se desborde o nos desborde; queremos hablar de cómo mantenerla en dosis saludables, celebrarla y aprovecharla a nuestro favor, dejando atrás el miedo.

Nos imaginamos familias, amigos y colegas con preguntas como estas: ¿cómo canalizar el dolor, la vergüenza, el cansancio o el miedo?, ¿cómo soñar sin frustraciones?, ¿cómo trabajar por algo sin dejar de disfrutar?, ¿cómo amar sin aferrarnos?, ¿cómo desear sin obsesiones?, ¿cómo hacemos para que esa fuerza interior, esa incomodidad que a veces nos inunda y nos dice «que tal si…» se convierta en una potencia creadora, nos aliente a dar y a ser, cada mañana, un poco más?

2 Comments

  • Que buena y oportuna reflexión en estos tiempos de tanta incertidumbre y donde como que estamos languideciendo frente a tantas dificultades que estamos viviendo y tanta gente sufriendo.

  • Excelente pensamiento.
    Los seres humanos requerimos despertar en nosotros toda esa potencialidad, dormida por la rutina en que nos metimos, por razones que a veces no entendemos…
    Gracias.

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