La imaginación es el antídoto para la escasez

La imaginación es el antídoto para la escasez

1998 fue un año decisivo en la vida de Juan Manuel Lopera. Tenía doce años, por su mente no pasaba la idea de que encontraría su vocación en una clase extracurricular, sí, esas a las que la gente decide ir por voluntad y no por obligación.

Era el menor de tres hijos, creció en un barrio del municipio de Bello, al norte de Medellín, allí había conflictos sociales, además, en casa los recursos económicos escaseaban.

A veces la realidad agobia, tanto que hace que las personas se sientan frustradas frente a las situaciones que les toca vivir.

En el caso de Juan Manuel, este descontento lo llevaba a entusiasmarse con proyectos fantásticos que parecían hasta irreales. Sí, a Juan la adversidad más que limitarlo lo llevó a estimular su imaginación, esa que más adelante sería su herramienta para atreverse a cambiar mundos.

“Si no sabes a dónde vas, cualquier camino sirve”, decía el escritor Lewis Carroll. En la vida de Juan Manuel sucedió una afortunada coincidencia, notó que un profesor del colegio, para alejarlos de la dinámica del barrio, empezó a enseñarles en las tardes programación, a él y a algunos de sus amigos.

Ese maestro, de a poco, les fue “lavando el cerebro” con su dedicación y a través de la metodología de la educación por proyectos, les estaba dando a sus estudiantes herramientas que podían utilizar para desarrollar iniciativas que de una u otra manera le ayudarán a su comunidad.

Juan terminó el colegio, en ese momento sus dos hermanos continuaban estudiando, por ello mantenerse en una universidad significó sacrificios económicos en su hogar. Tantos que, ante la  dificultad, tomó la decisión que a primera vista parecía la más complicada: montar empresa.

Con 19 años y armado de los conocimientos adquiridos en sus clases extracurriculares hizo algunos desarrollos que le generaron ingresos, como el anuario digital de su colegio, pero la mayor ganancia fue la de creer cada vez más en sus capacidades.

Aprendió dos cosas: lo primero, que la escasez da perspectivas muy distintas de los hechos, que eso sucede porque hay muchas cosas por resolver al tiempo y pocos recursos para lograrlo. Y lo segundo, que se vale reiniciar si es necesario.

Hoy Juan Manuel es fiel a lo que vivió, es un convencido de que es vital cambiarles la vida a los profesores, para que estos hagan lo mismo con los estudiantes. Eso lo inspiró a fundar Aulas Amigas —una empresa que diseña herramientas digitales para facilitar el ejercicio académico de los profesores—. Juan unió sus pasiones: tecnología y educación, las conectó y encontró su propósito.

¿Tienes en mente algo muy difícil que valga la pena intentar?

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