La lectura se hace también con los oídos

ilustración de un niño leyendo Revista Comfama
Para leer en voz alta se necesitan todos los sentidos. Así lo cree Jaime Abello Banfi, director general de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Sobre esta lectura

“Gabo prefiere ser recordado más por el periodismo que por Cien años de soledad”, asegura Jaime Abello Banfi, quien defiende al periodismo como un género literario. De allí que, cuando decide leer en voz alta, generalmente a solas, elige algunos fragmentos de Relato de un náufrago.

La obra de Gabriel García Márquez, publicada por entregas en El Espectador de Bogotá, en 1955, representa para Abello el valor de una verdadera investigación periodística: el sabor de una crónica, sumado al impacto de una historia humana y, además, la denuncia de un caso de corrupción de orden político.

“La misma historia se puede contar de mil formas, la mayoría son aburridas. Hacerlo bien requiere un gran esfuerzo de estilo y de creación”. La lectura se hace también con los oídos, para leer en voz alta se necesitan de todos los sentidos. La escucha, el tacto, la vista, la concentración, la voz y la actitud de aprehender –con h intermedia– para impregnarse de cada palabra, de cada silencio, de cada texto que se está leyendo.

Jaime Abello Banfi no lee en voz alta constantemente, cuando lo hace, lo hace por placer, se disfruta, de manera pausada, con ritmo, siguiendo la sobriedad de cada signo de puntuación. Esto, afirma, alimenta el conocimiento y abre la puerta a nuevos mundos. Para leer en voz alta se necesitan todos los sentidos. Así lo cree.

(Lee en Revista ComfamaBeneficios de leer: otros mundos se recorren por medio de las letras).

 

Relato de un náufrago
Gabriel García Márquez
Fragmento
Capítulo 1

 

El 22 de febrero se nos anunció que regresaríamos a Colombia. Teníamos ocho meses de estar en Mobile, Alabama, Estados Unidos, donde el A.R.C. Caldas fue sometido a reparaciones electrónicas y de sus armamentos. Mientras reparaban el buque, los miembros de la tripulación recibíamos una instrucción especial. En los días de franquicia hacíamos lo que hacen todos los marineros en tierra: íbamos al cine con la novia y nos reuníamos después en Joe Palooka, una taberna del puerto, donde tomábamos whisky y armábamos una bronca de vez en cuando.

Mi novia se llamaba Mary Address, la conocí dos meses después de estar en Mobile, por intermedio de la novia de otro marino. Aunque tenía una gran facilidad para aprender el castellano, creo que Mary Address no supo nunca por qué mis amigos le decían «María Dirección». Cada vez que tenía franquicia la invitaba al cine, aunque ella prefería que la invitara a comer helados. Nos entendíamos en mi medio inglés y en su medio español, pero nos entendíamos siempre, en el cine o comiendo helados.

Solo una vez no fui al cine con Mary: la noche que vimos El motín del Caine. A un grupo de mis compañeros le habían dicho que era una buena película sobre la vida en un barreminas. Por eso fuimos a verla. Pero lo mejor de la película no era el barreminas sino la tempestad. Todos estuvimos de acuerdo en que lo indicado en un caso como el de esa tempestad era modificar el rumbo del buque, como lo hicieron los amotinados. Pero ni yo ni ninguno de mis compañeros había estado nunca en una tempestad como aquélla, de manera que nada en la película nos impresionó tanto como la tempestad. Cuando regresamos a dormir, el marino Diego Velázquez, que estaba muy impresionado con la película, pensando que dentro de pocos días estaríamos en el mar, nos dijo: «¿Qué tal si nos sucediese una cosa como ésa?»

Relato de un náufrago es la historia de un hombre que pasó diez días en una balsa a la deriva. 

¡Préstalo en Comfama!

 

Regresa: ¡A leer en voz alta!

1 Comment

  • ¡Leer, siempre será un placer!. Y para ello, sólo debes disponer de tus sentidos para entrar en un mundo mágico del cual nunca querrás salir. A leer entonces y a privilegiar cada una de las sensaciones que nos llegan por tener la posibilidad de aprender, disfrutar y sobre todo ser feliz.

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Para leer en voz alta se necesitan todos los sentidos. Así lo cree Jaime Abello Banfi, director general de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.
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