¿Estoy haciendo lo que me gusta?

Nuevas floras, obra de María Elvira Escallón
Fotografía: archivo de la artista.

Hasta los 65 Sonia le dedicó la vida a su familia. Con los hijos fuera de casa y tras la insistencia de sus amigos, decidió hacerle caso a la voz interior que siempre le habló de ser cantautora. Una historia de cómo siempre se está a tiempo para hacer lo que le apasiona.

 

Una niña pecosa y pelirroja. Una niña cantarina, que lleva su guitarra adónde va, que se disfraza de colores y se convierte en el alma de la fiesta con sus coplas y piezas repentistas. Una niña que encontró al amor de su vida, se entregó de lleno a él, y convirtió su pasión, la música, en una constante compañía. Así vivió Sonia Martínez de Aguirre sus primeros 65 años.

Cuando se preguntaba si estaba haciendo lo que le gustaba, su respuesta siempre era: sí. Gozaba de amor y encanto. A los 7 años se presentaba en el Teatro Bolívar con su guitarra; a los 18 era bilingüe; a los 25, esposa enamorada; a los 30, mamá; a los 40, profesora de música; y a los 60, abuela.

El tiempo que Sonia le dedicaba a su pasión, la música, transcurría en las clases de guitarra que dictaba, los villancicos que cantaba con sus cinco hijos, y las escenas de humor que inventaba para las celebraciones familiares. En su interior había una idea dormida. Una intención que, por «pudor», no se atrevía a compartir.

¿Qué van a decir de mí?, se preguntaba. Le ganaba la vergüenza. Ella había decidido, como tantas mujeres colombianas del siglo xx, dedicar su vida a la familia. «El romance, el novio, el mar y la luna me cogieron…», narra.

Sonia tenía más de 60 años cuando Piedad, su niña consentida, fundó su propio hogar. Sus otros hijos habían crecido, se habían ido de la casa materna. Tal vez, era la oportunidad, postergada, para darle un papel protagónico a las canciones.

De 63, se atrevió a dar el primer paso: les propuso a dos de sus alumnas fundar un grupo musical. Se llamó Cántaro, y con él interpretó boleros y son cubano en varias ciudades del país. Entonces, esa idea secreta durante décadas le daba mariposas en el estómago. Sin embargo, el pudor regresaba y se preguntaba ¿sí valdrá la pena lo que yo tenga por decir?

Bastó un comentario al aire, a finales del 95, para que esas mariposas empezaran a salir, a volar. «Qué triste que ningún miembro de Cántaro componga canciones», dijo un ingeniero de sonido, en el estudio en que grababan su primer disco. Entonces Sonia, la de la constante duda, se sentó bajo algún árbol de La Pintada, y pasó las vacaciones de diciembre escribiendo melodías en un bloc.

Coclí coclí, como llamaban a los escondidijos en la Medellín de 1940, fue el primer bambuco que compuso. «Sepan que estoy componiendo», le advirtió a Cántaro, y les cantó su ópera prima. «¡Mándelo al Festival Mono Núñez!», fue la reacción inmediata. Ella dudó. Una mujer mayor, desconocida, no tenía por qué viajar al Valle del Cauca a competir por el máximo premio de la música andina colombiana.

Finalmente, el grupo la convenció de postular su canción, con la condición de que la interpretara una cantante conocida. Pero sucedió algo inesperado: cuando los jurados la escucharon, pidieron que se presentara Sonia misma a mostrarles su bambuco. Cinco meses después de haber nacido bajo el sol del Suroeste, Coclí coclí, su primera canción, se ganó el Gran Mono Núñez. La vida de Sonia cambió: pudo asegurar, con toda firmeza, que tenía mucho qué decirle al mundo con su voz.

Vino otro Mono Núñez en 1998. Dos premios Hatoviejo Cotrafa. Conciertos, homenajes. «Entraste por la puerta grande», le dijo un viejo amigo. «Cómo te admiro», le decía su esposo, Alfonso. Pareciera que la vida hubiera esperado, pacientemente, a que Sonia llegara a los 66.

Ya pasaron 24 años de Coclí coclí. Hoy Sonia mantiene, siempre cerca, un bloc de papel y un lápiz, para anotar cada palabra bonita o una frase que oye en la radio. Cualquier casualidad puede darle vuelo a sus mariposas de colores.

***

Incomodarse para crecer… Arriesgarse a hacer eso que te apasiona, sin que importe la edad.

***

¿Será que en cada uno existe la valentía para cumplir con ese «sueño» postergado y realizarse como persona?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Hasta los 65 Sonia le dedicó la vida a su familia. Con los hijos fuera de casa y tras la insistencia de sus amigos,...
" />